domingo, 18 de abril de 2021

Lo que va de lógica en el canal de YouTube

 

La verdad y los conceptos

 

En anteriores entradas nos hemos referido a la importancia de las definiciones en la vida de la inteligencia y hemos señalado cómo su abandono está ligado, por un lado, a la pérdida del valor de la inteligencia como facultad de conocimiento, y por otro, a la decadencia socio-cultural que necesariamente viene pareja con el relativismo que se instala cuando la inteligencia es desplazada, ignorada o adulterada.


Quisiéramos hoy insistir en un aspecto de este asunto y es el de las relaciones entre los conceptos, o mejor dicho, entre la capacidad del hombre para abstraer los conceptos universales y necesarios a partir de su experiencia sensible, y la idea de que existe la verdad y puede ser alcanzada por el conocimiento intelectual humano.


Ante todo un poco de terminología. ¿Qué es la verdad? Los medievales decían que la verdad en general puede y debe entenderse como una cierta adecuación entre dos cosas, por un lado el acto de la inteligencia y por otro la realidad de las cosas. Entonces, a partir de esa visión general, distinguían entre la verdad metafísica, la verdad lógica y la verdad moral. La verdad metafísica es la realidad de las cosas, es decir, las cosas mismas (incluido el hombre, por supuesto), tienen una consistencia en el ser, son y son algo, y ese ser algo es fundamento de su ser cognoscibles; o en otras palabras, porque las cosas son y son algo, son cognoscibles, puesto que lo que no existe de ninguna manera es la nada y la nada, nada es, y lo que nada es nada ofrece a la inteligencia más allá de esa misma afirmación de que “no es”. Por otro lado está la verdad lógica que es la verdad que se predica de los conocimientos mismos en cuanto verdaderos, se define como la adecuación entre el conocimiento y la cosa que se conoce, o en términos técnicos, adaequatio intellectus ad rem. Un conocimiento es verdadero cuando lo afirmado en dicho acto de conocimiento se corresponde con la realidad, Si decimos “está lloviendo”, y efectivamente resulta que está lloviendo, entonces dicho conocimiento es verdadero. Se trata de un conocimiento medido por la realidad de las cosas, la verdad lógica depende de la verdad metafísica. Y por último la verdad moral que es la verdad de nuestras palabras, de lo que decimos. Su contrario es la mentira. Aquí interviene un factor moral personal, puesto que quien miente tiene la intención de engañar, es decir, sabe que lo que dice es falso y aun así lo dice por alguna motivación subjetiva.


Ahora bien, los conceptos y las definiciones son la manera que tiene la inteligencia de expresar la verdad, de concebir en sí la realidad y expresarla. Un concepto es la imagen inteligible de la cosa, como cuando empleamos el concepto hombre (animal racional), estamos aprehendiendo y expresando la realidad esencial de todos y cada uno de los miembros de esa especie. De tal manera que “hombre” no es solo una palabra usada para referirnos a un conjunto de individuos que se asemejan, sino que estamos ante la posesión inmaterial e intencional de aquello común a todos los individuos que caen bajo dicho concepto. A partir de los conceptos formamos definiciones y a partir de las definiciones de cada concepto se establecen entre ellos relaciones lógicas que tejemos en predicados, juicios y razonamientos. Es la esencia de la vida de nuestra inteligencia.


Entonces pregunto, ¿qué pasa cuando la sociedad olvida estas verdades sobre la vida íntima y propia de la inteligencia y las reemplaza por concepciones utilitaristas, nominalistas y relativistas? El utilitarismo es defiende la utilidad sobre la verdad, lo bueno y verdadero es lo útil, lo verdadero es solo otro nombre para lo útil, y si un concepto, juicio o “verdad” no es útil, pues concluyen que ha de ser porque no es verdadero. El nominalismo afirma que los conceptos no expresan esencias de las cosas, sino que son solo palabras usadas por economía mental para agrupar cosas que vemos se parecen. Y el relativismo es la afirmación de la inexistencia de la verdad, para defender únicamente la existencia de posturas, perspectivas y opiniones, tan cambiantes como los sujetos mismos y tan válidas unas como otras.


Pregunto de nuevo, ¿qué pasa cuando la visión que expusimos arriba es reemplazada por las corrientes mencionadas en el párrafo anterior?

 

¿Se animan a compartir sus reflexiones en los comentarios?

 

 

Leonardo Rodríguez V. 

  

viernes, 16 de abril de 2021

¡Nuestro blog cumple diez años! ¡Laus Deo!

 

En un día como hoy, 16 de abril de 2011, nació este blog.

 

Han sido diez años de mucho aprendizaje, lectura, escritura y sobre todo de entrar en contacto con gente valiosa de todas partes del mundo que comparten con el autor de este blog la nostalgia por una herencia de pensamiento que yace olvidada por unos, pisoteada por otros e ignorada por casi todos.


Fue gracias al aliento que nos dio un sacerdote amigo por lo que decidimos emprender este viaje, y no nos hemos arrepentido ni un instante. El aprendizaje ha sido permanente y continuo, hemos ido viendo más claro algunas cosas que al principio estaban como envueltas en un velo de complejidad; complejidad que lejos de desanimarnos nos impulsaba a continuar avanzando hacia la comprensión, que nos parecía posible y cercana, de la mano de santo Tomás de Aquino.


Diez años después debemos reconocer con humildad que el camino del tomismo recién está comenzando, porque si bien es cierto que algunas cosas las entendemos hoy mejor que ayer, hay otras, las más fundamentales (Ser y esencia, por poner solo un ejemplo), que el tiempo nos ha mostrado que las entendíamos mal o de forma muy superficial, y somos conscientes de que se necesitará mucha reflexión y lecturas meditadas, y oración, para llegar algún día a su comprensión relativamente cabal, Deo volente.


El agradecimiento hacia santo Tomás es inmenso, pienso que si quitara a santo Tomás de mis últimos quince años de vida, esta sufriría un cambio dramático y quedaría irreconocible, supongo que para peor. Porque santo Tomás ha sido, entre otras muchas cosas, un muro protector que me ha permitido como persona permanecer lejos de los dardos venenosos de las corrientes modernas de pensamiento, llenándome de razones y permitiéndome ver las cosas desde una altura que me ha facilitado la realización de una crítica argumentada, y una toma de postura consecuente. Mientras a mi alrededor veo a muchos naufragar en medio de las ideologías más destructivas, el tomismo me ha mantenido a flote, y me aferro a él como el náufrago a la tabla que la Providencia pone en su camino.


Hoy, esa soledad que sentíamos hace diez años al ver que éramos una rara avis en el mundo digital, se ha ido desvaneciendo poco a poco y hay señales esperanzadoras en este sentido: cada día aparecen más y más iniciativas en Internet encaminadas a difundir en pensamiento de santo Tomás de Aquino, cosa que celebro profundamente. Sueño con que un día todas esas iniciativas, que hoy se encuentran dispersas en páginas de YouTube, blogs, cursos online, etc., se unan en una sola familia y se pueda ofrecer una sólida propuesta de difusión y defensa del tomismo, no como curiosidad histórica, sino como herramienta viva y perenne para el hombre y la sociedad de nuestro tiempo. Dios dirá.


Mientras lo anterior ocurre, y aunque la Providencia dictaminara que no ocurra, este blog y el canal de YouTube que de él nació, intentarán seguir la tarea iniciada hace diez años: difundir la vida, obra y pensamiento de santo Tomás de Aquino, plenamente persuadidos de que solo en las fuentes del aquinate se encuentra la doctrina saludable para la dirección de la inteligencia, de la voluntad, y por ende, de las sociedades humanas.

¡Pedimos a Dios que continúe bendiciendo esta minúscula empresa, la cual ponemos bajo el patronazgo de la santísima Virgen María!

 

¡Feliz aniversario!

 

Leonardo Rodríguez  


martes, 13 de abril de 2021

La admiración filosófica (Juan Antonio Widow)

 

La admiración es el principio de todo saber. Entendiendo el saber como el acto interior por el cual se descubre lo que algo es, y que perfecciona al sujeto. Es decir, que excluimos el saber entendido como mera información o como el tener noticia, pues éste no es propiamente saber, sapere, término en cuyo significado se unen analógicamente los actos de la visión y del gusto, indicando éste el interior deleite producido por la posesión de lo conocido.

 

La admiración es parecida al estupor causado por la presencia de lo desconocido. Hay algo que inicialmente es común a ambos estados del alma, y es la situación del sujeto que se halla atónito ante lo inesperadamente desconocido. La diferencia decisiva la pone el acto mínimo de reflexión que se da en quien se admira, y que consiste en saber que no sabe. Es un no saber que se constituye en objeto, que se hace propio por el sujeto y que engendra así la pregunta, que es el acto interior por el cual el sujeto formaliza su ignorancia. La pregunta busca naturalmente la respuesta, pero en ésta se halla a su vez planteada otra pregunta. De esta manera el saber primero y elemental procrea los otros saberes más perfectos. Sin pregunta no puede haber respuesta, es decir, no puede perfeccionarse el saber. Sin entender el problema en cuanto tal, es imposible comprender las respuestas. El que queda estupefacto, en cambio, al carecer de esa mínima reflexión por la que tendría que saberse ignorante, esto es, al ser incapaz de entender los términos en que se plantea una pregunta, queda aprisionado en su estupor -o estupidez- inicial. Suele ocurrir que este defecto de la inteligencia quede recubierto por un andamiaje de eruditas repeticiones.

 

La primera admiración es como la del niño: las siguientes son las que van abriendo al sujeto hacia el ser de las cosas, y le hace pasar de los saberes más elementales a los más perfectos. Para llegar a éstos es necesario que exista posibilidad real de ocio, es decir, de dedicación a la actividad que se justifica por sí misma y no por razón de utilidad. Esta posibilidad real es la que se ha dado en las sociedades verdaderamente civilizadas, en que las ciencias han tenido un lugar reservado para su cultivo en razón de ellas mismas, y no en el de sus aplicaciones técnicas.

 

La referencia de Aristóteles a los mitos y a los amantes de ellos no lleva consigo el sentido negativo con que hoy se entiende este término. El mito no es para Aristóteles la falsificación de una realidad, la cual llevaría a una necesaria "desmitificación", sino la expresión mediante imágenes sensibles de una realidad cuya comprensión escapa a la inteligencia humana. En este sentido el mito es claramente un intento de responder a una pregunta, aunque sea mediante alegorías y figuras sensibles.


(Tomado de "Curso de metafísica")