lunes, 11 de octubre de 2021

Nuevos libros en formato impecable, de Garrigou-Lagrange

Con gran alegría les traemos dos nuevos libros que generosamente un amigo ha transcrito completamente a partir de su versión escaneada en PDF. Los tenemos ahora en un formato pulcro e impecable que facilita la lectura, un trabajo realmente de admirar.


La vida eterna y la profundidad del alma




El Salvador y su amor por nosotros




Agradecemos profundamente estos aportes que nuestro muy amable visitante nos comparte, se trata de un trabajo juicioso y bien hecho, que seguramente será recompensado por la Divina Providencia.


Leonardo Rodríguez V


martes, 14 de septiembre de 2021

Acerca de la primera cuestión recién leída

Acabamos de leer la primera cuestión del tratado de la bienaventuranza o fin último del hombre, que ocupa las cinco primeras cuestiones de la "prima secundae". Procuramos ofrecer un breve resumen de cada artículo. 

En dicha primera cuestión ST nos enseña las bases para poder ingresar a este tema, dirigiendo nuestra mirada a sus fundamentos filosóficos. Y es que a primera vista parece extraño que en un tratado dedicado a hablarnos del fin de la vida humana, de la felicidad, se comience con esos artículos acerca del fin, tratando todo de una forma tan abstracta. Pero es que esa es la manera segura de poner los cimientos y asegurar que lo que se dirá después tiene bases suficientemente fuertes y que no se está especulando en el aire.

Haciendo entonces como un listado de lo que nos acaba de decir ST podemos decir lo siguiente:

- Las acciones del hombre, en cuanto hombre, son deliberadas, es decir, hechas con la intención de un fin.

- No solo el hombre actúa por un fin, sino de hecho todo agente, racional o no, actúa por un fin siempre que actúa, ya se trate de un fin conocido (como en el caso de los animales) o de un fin desconocido (como en el caso de vegetales, minerales, etc.)

- El fin es tan relevante en lo que hacemos que de él depende la "especie" de la acción, es decir, que la acción sea la que es, tanto física como moralmente hablando.

- Hay un fin último de la vida humana, es decir, no solo actuamos cada día movidos por la intención de ciertos fines particulares, sino que debe existir un fin completamente último de toda la vida humana.

- Dicho fin completamente último de la vida humana no pueden ser dos, ni tres, ni veinte, sino que necesariamente debe ser uno solo para cada hombre.

- A sabiendas o no, todo lo que hacemos día a día lo hacemos, a fin de cuentas, por la intención radical del último fin, es decir, el deseo del último fin está presente en todo lo que hacemos, incluso cuando lo que hacemos nos aparta objetivamente de dicho fin.

- Todos los hombres tienen el mismo fin último. No es cuestión de gustos.

- Incluso no solo todos los hombres sino todas las criaturas tienen el mismo fin último, pero no todas lo alcanzan de la misma manera.

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Por medio de los anteriores fundamentos, debidamente argumentados, ST establece las bases sólidas para el resto del tratado sobre la bienaventuranza o felicidad última del hombre.

En seguida leeremos con el favor de Dios la segunda cuestión, en la cual ST examina uno por uno todos los posibles objetos en que los hombres suelen poner el fin de sus vidas: riquezas, honores, fama, poder, placeres, etc.


Leonardo Rodríguez V.


domingo, 12 de septiembre de 2021

Cuestión 1, artículo 8: si en el fin último convienen todas las creaturas, además del hombre

 

Ia-IIae q.1 a.8


En este breve artículo, el último de la primera cuestión del tratado que estamos leyendo, ST aborda una nueva pregunta y es si en el fin último del hombre convienen también las demás criaturas, es decir, si todas las creaturas tienen el mismo fin del hombre.

Aquí ST realiza una nueva distinción. Ya había distinguido entre la razón de fin último (la plenitud, perfección o felicidad) y aquello en que dicho fin último realmente se encuentra, para responder a la pregunta de si todos los hombres tienden al mismo fin último. Nos había respondido que en cuanto a la razón de fin último todos tienden a ello, pero no en cuanto a aquello en que el fin último se realiza, pues unos ponen su fin último en el dinero, en los placeres, en la fama, etc.

Ahora para responder si no solo los hombres sino todas las creaturas tienen el mismo fin último, ST distingue entre aquello que es el fin último (conocimiento de la esencia de Dios) y el hecho mismo de alcanzar ese conocimiento o gozar de él.

Así las cosas ST dice que en cuanto a aquello que es fin último, Dios, todas las creaturas tienden a Él como fin último, pero no todas lo alcanzan del mismo modo. He aquí sus palabras:


Si ergo loquamur de ultimo fine hominis quantum ad ipsam rem quae est finis, sic in ultimo fine hominis omnia alia conveniunt, quia Deus est ultimus finis hominis et omnium aliarum rerum. Si autem loquamur de ultimo fine hominis quantum ad consecutionem finis, sic in hoc fine hominis non communicant creaturae irrationales. Nam homo et aliae rationales creaturae consequuntur ultimum finem cognoscendo et amando Deum, quod non competit aliis creaturis, quae adipiscuntur ultimum finem inquantum participant aliquam similitudinem Dei, secundum quod sunt, vel vivunt, vel etiam cognoscunt.

 

Por tanto si hablamos del fin último del hombre refiriéndonos a la cosa misma que es el fin, entonces todos los demás seres tienen el mismo fin último que el hombre, porque Dios es el fin último del hombre y de todas las demás cosas. Pero, si hablamos del fin último del hombre refiriéndonos a la consecución del fin, entonces las criaturas irracionales no tienen el mismo fin que el hombre. Porque el hombre y las demás criaturas racionales alcanzan el último fin conociendo y amando a Dios, y esto no lo consiguen las otras criaturas, que logran el último fin por participación de alguna semejanza de Dios, porque existen, viven o incluso conocen.


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Lo que aquí entonces nos está diciendo ST es que no solo el hombre, sino todas las criaturas tienen el mismo fin último, pero el hombre por ser criatura racional alcanza ese fin de una manera más excelente, conociendo y amando a Dios, cosa que no puede hacer ninguna otra criatura, las cuales lo alcanzan en cierta medida en cuanto participan de su semejanza por estar constituidas en especies que son imagen de la inteligencia divina.


Leonardo Rodríguez Velasco