miércoles, 4 de febrero de 2026

Sobre la teología moral y la cuestión 3 de la Ia IIae

Estamos dando una lectura a las cinco primeras cuestiones de la “prima secundae” de la ‘Summa’, que son la puerta de entrada a la teología moral de santo Tomás de Aquino. En efecto, en la segunda parte de su ‘Summa’, el aquinate nos expone los principios de su sistema moral, en clave teológica (por eso decimos teología moral o moral teológica); ya que la moral puede ser estudiada también en clave filosófica, y entonces tenemos la moral o ética meramente filosófica. La diferencia entre una moral filosófica y una moral teológica (que es la de santo Tomás en esta parte de su obra), está ante todo en el fin de la acción humana: en la moral filosófica el fin es una cierta perfección natural del hombre, alcanzada por medio del ejercicio de las virtudes naturales, como explicó Aristóteles. En la moral teológica el fin es esencialmente sobrenatural, es la visión de la esencia de Dios en el cielo, alcanzado sobre todo por el desarrollo de la vida de la gracia, que se despliega en el ejercicio de las virtudes infusas y los dones del Espíritu Santo.

De esta teología moral es que nos habla santo Tomás, que era ante todo un teólogo, profesor de teología. Lo que pasa es que naturalmente debe el santo abordar temas que son comunes a los dos modos de la moral, como el concepto de fin, el concepto de virtud, la teoría de los actos humanos en su constitución psicológica, la psicología también de las pasiones, de los hábitos, etc. Por eso muchos al hablar de la ética de santo Tomás, sin hacer estas aclaraciones, dicen ‘este es el sistema ético de santo Tomás’, cuando sería menester explicitar desde el principio que santo Tomás no nos dejó una ética filosófica, sino una teología moral. ¿Y el comentario de santo Tomás a la ‘Ética a Nicómaco’ de Aristóteles no es una exposición de la propuesta ética del santo? No, esa obra es precisamente eso, un comentario a lo que dijo allí Aristóteles, no una exposición del pensamiento personal del de Aquino.

En las primeras cinco cuestiones el santo nos hace una exposición magistral de los fundamentos de su teología moral, y más específicamente del concepto de fin último, que es absolutamente central en la esfera de la acción. Santo Tomás frecuentemente usa la analogía entre la esfera del conocimiento y la esfera de la acción humana, pues lo que son los primeros principios evidentes para la demostración, lo es el fin en el terreno de la práctica; ¿cómo así? En la esfera del conocimiento, la ciencia se constituye con base en demostraciones, y estas dependen de las premisas a partir de las cuales se deducen las consecuencias. Pero esas premisas, o son ellas mismas evidentes en sí, o requieren a su vez ser demostradas. Si lo primero, tenemos entonces los llamados primeros principios indemostrables, de los cuales depende toda demostración posible. Si lo segundo, tendremos que proceder a su demostración, por medio de premisas anteriores. Pero no puede ser que todas las premisas sean tales que necesiten demostración, pues se generaría un regreso hacia lo infinito, que haría imposible la ciencia misma. Por lo que es necesario que se den ciertos primeros principios evidentes en sí y por sí. De manera que se puede decir que esos primeros principios fundamentan la posibilidad misma de toda demostración, por ende de toda ciencia. En la esfera de la acción humana, insiste santo Tomás, ocurre algo análogo con la noción de fin, pues toda acción es realizada por un cierto agente (palabra que viene del verbo ‘agere’, que significa precisamente obrar), y todo agente obra siempre por un fin. De donde resulta que el fin hace inteligible la acción, la explica, permite entenderla. Pero así como en la esfera del conocimiento, al deducir una conclusión a partir de unas premisas, esas premisas son ellas mismas demostrables o son principios evidentes; así en la esfera de la acción, cuando hacemos algo por un fin, ese fin es a su vez medio para un fin ulterior, o es fin último. Y así como no puede ser que toda premisa requiera demostración, así ocurre que no puede ser que todo fin sea a su vez medio para otro, sino que necesariamente ha de darse y existir un fin que llamamos último, en cuanto que no es medio para nada más, sino que aquieta de tal manera la voluntad del agente, que no queda otro fin ya por buscar o desear.

Por lo que podemos decir que verdaderamente el fin, y el fin último especialmente, es el fundamento necesario de toda doctrina ética, esto es, de toda doctrina que busque estudiar y enseñar la naturaleza de la acción humana.

Comprendiendo esto santo Tomás consagra las primeras cinco cuestiones a indagar con rigurosidad cuál sea el fin último del hombre, raíz última de su conducta y meta de sus aspiraciones. Y nos regala así cinco preciosas cuestiones, cada una compuesta de ocho artículos de la mejor doctrina. Nosotros recién acabamos de exponer la tercera cuestión, en la que el aquinate nos llevó como de la mano a la dilucidación de aquello en que debe consistir el fin último del hombre, que nos lo reveló recién en el artículo ocho al decirnos que la suprema felicidad del hombre solamente puede estar en la visión de la esencia de Dios.

En la cuestión cuarta el santo nos va a exponer aquellas cosas requeridas para la bienaventuranza y en la quinta cuestión indagará acerca de la consecución efectiva de dicho fin último, pues podría parecer tan alto que alguno dudaría de que realmente estemos llamados a tal altura.


Leonardo Rodríguez V.


domingo, 25 de enero de 2026

Sobre lo que NO puede ser nuestro fin último

En el canal de YouTube hemos estado durante los últimos videos revisando la segunda cuestión de la "Prima secundae", en la cual santo Tomás hace como un listado de aquellas cosas en las que los seres humanos acostumbramos poner todo nuestro interés y casi que el fin último de nuestras vidas. Y digo "casi", porque aunque efectivamente así es, cuando nos preguntan solemos disfrazar las cosas con frases como: no es que el dinero sea mi meta principal en la vida...pero sin duda es algo muy importante y naturalmente hay que hacer lo posible por tener lo más posible. O, no es que sea yo un hedonista...pero qué sería la vida sin algo de disfrute de las comodidades y los placeres.


Nuestro santo ha estudiado a lo largo de los ocho artículos de esta segunda cuestión las siguientes posibilidades:


Externas: 


1) Las riquezas

2) Los honores

3) La fama

4) El poder


Internas:


5) El bienestar del cuerpo

6) El placer sensible

7) El cultivo o bienestar del alma


Y, finalmente, como para que no quede ninguna posibilidad por fuera de consideración, engloba el santo doctor a todos los candidatos a ser fin último de la vida humana en la etiqueta de "bienes creados", y se acaba preguntando si acaso algún bien creado pueda ser ese fin último del hombre, es decir, si algo creado pueda dar al hombre esa suprema felicidad que busca con tanto afán desde la cuna hasta la tumba...y más allá.


La importancia de esta cuestión radica en cómo santo Tomás va desengañando al hombre, mostrando la vanidad de los espejismos en los que suele la criatura humana buscar erradamente su felicidad. Y le va como diciendo...aquí no, aquí tampoco, por esto y por aquello...entiende.


Invitamos entonces a leer esta segunda cuestión con sus ocho artículos, y si de algo les sirve les dejo acá nuestra humilde explicación de cada artículo:

1. Las riquezas

youtube.com/watch?v=FpCXNclZukg&pp=2AYX0gcJCYcKAYcqIYzv


2. Los honores

https://www.youtube.com/watch?v=RMNT4uOv8U4


3. La fama

https://www.youtube.com/watch?v=N1cGk8Ol9w0


4. El poder

https://www.youtube.com/watch?v=JLZndIcqFgU&pp=2Aa6Ag%3D%3D


5. El bienestar del cuerpo

https://www.youtube.com/watch?v=yoV6ka8norI&pp=2AahAg%3D%3D


6. El placer sensible

https://www.youtube.com/watch?v=2zrj4wmPvrE


7. El bien del alma

https://www.youtube.com/watch?v=2zrj4wmPvrE


8. Algún bien creado

https://www.youtube.com/watch?v=AGFbdyJ3U1Y

miércoles, 21 de enero de 2026

Importancia de estudiar historia

Lux veritatis, vita memoriae, magistra vitae... esto decía Cicerón en una de sus obras hablando de la importancia de la historia, la llamaba luz de la verdad, vida de la memoria y maestra de la vida. Y no exageraba el ilustre romano, pues verdaderamente la historia nos puede enseñar tantas cosas que iluminan nuestro presente y nos dan criterios para el futuro, que descuidar su estudio no puede hacerse sin graves riesgos y una muy culpable negligencia.


En días pasados terminé la lectura de un libro sobre la Revolución Francesa, escrito por Claude Quetel, el libro se llama "Creer o morir, historia políticamente incorrecta de la revolución francesa". Desde ya adelanto que recomiendo su lectura, aunque se trata de un libro de grandes dimensiones, alcanza las casi 600 páginas, vale mucho la pena, ¿por qué?


Primero habría que decir que, respecto de la historia en general, su estudio para el católico es relevante en la medida en que la iglesia es efectivamente una realidad histórica que vive y se desarrolla en el tiempo, y por lo tanto, se ve sujeta a los avatares propios de cada momento histórico, además de las singularidades de cada lugar y espacio cultural específico. Los grandes acontecimientos influyen en la vida de la iglesia de manera inevitable, e incluso no pocas veces ha sido ella misma protagonista de ellos. Conocer este devenir histórico ayuda al católico a ubicar correctamente su fe, comprenderla mejor y vivirla de una manera más cercana y consecuente.


Pero es que, además de las consideraciones anteriores, ocurren también coyunturas históricas de una especial relevancia, porque durante dichos momentos de, digamos, crisis y transformaciones, se producen acontecimientos que empujan la historia en una cierta dirección y, de forma inevitable, arrastran consigo también a la iglesia e influyen en su vida y en sus dinámicas propias. Precisamente una de esas coyunturas de importancia capital fue, sin duda, la Revolución Francesa. Esta Revolución, así con mayúscula, marcó un antes y un después en la vida de la humanidad, diríamos, y afectó también a la iglesia, a su rol en la sociedad y casi...su existencia misma, por lo menos dentro de Francia, lo que ya era mucho decir en ese momento.


Tal vez sobre pocas cosas se ha escrito tanto como sobre dicha revolución, verdaderos ríos de tinta han corrido desde todas las orillas ideológicas intentando entenderla, explicarla, interpretarla...y hasta usarla a su favor. Con respecto a la iglesia y a la fe, también mucho se ha escrito sobre lo que pasó por aquellos años (1789-1795 aprox.), la versión más extendida se limita a decir que, aunque se dieron excesos de los revolucionarios en contra de la fe, ello se debió al apasionamiento del momento, cosa perfectamente explicable en circunstancias similares. Pero libros como el que aquí estamos recomendando dejan claro que ello está lejos de ser tan sencillo como eso, y que todas las evidencias ahora disponibles apuntan más bien a que el anticatolicismo, la guerra a Dios y el odio a todo lo cristiano, perteneció desde el inicio a la esencia misma de la revolución. Y no solo eso, sino que todo lo que vino después en términos de cambio político y cultural, vendrá ya desde su nacimiento marcado por ese odio y por esa aversión hacia la fe, laicismo, naturalismo, racionalismo, en una palabra...descristianización.


Entonces animo a leer ese libro de Quetel, para formarse un criterio sólido sobre aquellos acontecimientos, criterio que permita enjuiciar con lucidez lo ocurrido, para poder iluminar, desde esa lucidez, lo que vino después y lo que vivimos hoy, herederos como somos de todo lo que en ese entonces sucedió.


Ahí les dejo entonces la recomendación.


¡A leer!


Leonardo Rodríguez Velasco


  



lunes, 19 de enero de 2026

¡Saludo 2026 y reinicio del blog!

Después de dos años de inactividad (el último post es de enero de 2024), quisiera, con el favor de Dios, retomar las publicaciones en este blog. Razón por la cual comienzo saludando a todos y deseándoles un ¡feliz y santo año de 2026! 


Este blog ha querido ser desde sus inicios un espacio de difusión, ¿difusión de qué? De doctrina católica, por sobre todo. Si bien se abordaron a lo largo de los años todo tipo de temas, según indicaban las coyunturas personales, nacionales y hasta globales del momento, el hilo conductor que se procuró mantener siempre fue la fidelidad a la iglesia, a su doctrina, a su historia, a su teología, etc. Esperamos haberlo podido hacer así y, si en algún momento nos salimos de su pensamiento, rechazamos y nos apartamos de dicho error y declaramos querer permanecer en todo momento en su seno.


Múltiples ocupaciones personales, laborales y sociales, hicieron que parara de actualizar este espacio con nuevas publicaciones, lo cual lamento pues considero que, por lo menos a nivel personal, era un oasis en donde podía compartir y transmitir un poco de lo mucho que la Divina Providencia me ha permitido investigar a lo largo de los años y del desarrollo y maduración de mi vida de fe y de estudio, principalmente en la escuela de santo Tomás de Aquino.


Precisamente una de las iniciativas que puso en suspenso la continuidad de este blog fue el inicio de otro proyecto, también de difusión del tomismo, que empecé por medio de la plataforma de YouTube, hace ya cinco años y que ha ido creciendo gracias a Dios. Allí, en YouTube, me he propuesto, un poco atrevidamente, presentar una exposición lo más amigable posible del tomismo (más bien del andamiaje filosófico subyacente a la teología tomista, pues de la teología tomista propiamente dicha no me considero capaz de hacer una exposición), y para ello he venido siguiendo el orden que normalmente aparece en los manuales de filosofía tomista: biografía, obras, lógica, filosofía de la naturaleza, antropología filosófica, ética y metafísica. Actualmente me encuentro exponiendo (o tratando de) la parte ética del tomismo, siguiendo para ello el texto de las primeras cuestiones de la "Prima secundae". Disculpará el santo doctor todas mis falencias como expositor de su pensamiento, no se me ocurre otra disculpa que decir que nace mi pobre esfuerzo desde una buena intención, al menos.


El punto es, querido lector, que he decidido retomar las publicaciones en este blog, con el fin de apoyar con escritos el trabajo que estoy desarrollando en el canal de YouTube, pues hay interesados en el pensamiento de santo Tomás que se sienten mucho más cómodos (yo entre ellos) con un texto, que con material multimedia. Entonces la idea será ir publicando regularmente textos que sirvan de apoyo a los videos que se irán subiendo al canal, sin que ello signifique que no pueda, cuando sea conveniente y útil, dedicar algún escrito a un tema particular o simplemente a la exposición de algún punto de interés para la formación del católico en general.


Confiamos desde ya este empeño a santo Tomás de Aquino, patrono de mis estudios y a la santísima virgen María, sede de la sabiduría, seguro de que con tan altos patrocinios podremos desarrollar seguramente una tarea provechosa para el prójimo y agradable a los ojos de Dios.


No siendo más, nuevamente les deseo a todos un feliz y santo año 2026, que el buen Dios y su santísima madre los bendigan siempre.



Leonardo Rodríguez Velasco