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martes, 3 de enero de 2012

PADRE CASTELLANI - PARÁBOLAS (2)


PARÁBOLA DE LA SERPIENTE DE BRONCE


(Jo. III, 14) 


"Así  como  Moisés  levantó  la  serpiente  de  bronce  en  el  Desierto,  así  será  levantado  el  Hijo  del  Hombre..." (Jo.I1I,  14)  y  en  otro  lugar  dice:  "Y cuando  sea levantado sobre la tierra, todo lo atraerá hacia Él"  (Jo. XII,  32), y también:  "Cuando levantéis al Hijo del Hombre, entonces conoceréis lo que Yo soy" (Jo.VIII, 28).


Prosigue  el  coloquio  con  Nicodemos.  El  escriba  griego  ("Pueblo  victorioso" significa su nombre) no entiende todavía la parábola del viento y responde irónicamente.


(Ver Parábola anterior). Cristo responde también irónicamente, y lo pone amablemente en su lugar:

- No entiendo.
- Tú eres Maestro de la Ley, ¿y no entiendes estas cosas?





Cristo  humilla  con  humor  al  Escriba  para  afirmar  después  su  autoridad  de  Supermaestro; más allá de lo que reconoció el otro al comienzo; a saber: que era Rábbi y que Dios estaba con él, había proclamado Nicodemos.  

Él era el mismo Dios, el Hijo Único de Dios. Así que prosiguió:

"De verdad de verdad te digo
Que lo que oímos hablamos
Y lo que vimos testimoniamos,
Y el testimonio nuestro no recibís vosotros
Si lo terreno os digo y no creéis
Si os digo lo superceleste, ¿cómo creeréis?
Nadie ha subido al cielo
Sino el que bajó del cielo
El Hijo del Hombre que está en el cielo.
Mas así como Moisés
Enarboló la Serpiente en el Desierto
Así será enarbolado el Hijo del Hombre
Para que todos los que en Él crean
Tengan eterna Vida".

Lo  que  sigue  del  sermoncito  de  Cristo  es  tenido  por  algunos  críticos  como comentario del Evangelista Juan. (Loisy). Poco cierto. Falso, mejor dicho. Reza así:

"Pues talmente amó Dios al mundo
Que llegó a darle su Hijo Único
Para que todo el que crea no se pierda
Sino tenga eterna Vida.
Pues no mandó Dios su Hijo al mundo
Para que juzgue al mundo
Sino que por Él se salve el mundo
El que cree en Él no es juzgado
El que no cree en Él ya está juzgado
Porque no cree en el nombre
Del Hijo Único de Dios.
Y éste es el juicio:
Que la Luz vino al mundo
Y amaron los hombres las Tinieblas
Más que a la Luz;
Porque eran sus obras malas.
Pues todo el que obra malicia, odia la luz
De modo que no aparezcan sus obras.
Mas el que obra verdad va hacia la luz
De modo que aparezcan sus obras.
Porque son obradas en Dios".

La razón de los que niegan la historicidad de estas palabras atribuyéndolas a Juan Evangelista, es que la Cruz, la Encarnación, el Bautismo y la Filiación Divina de Jesús eran ininteligibles a Nicodemos, por prematuras; mas todo mueve a pensar lo contrario y lo confirma el coloquio con la Samaritana que ocurre poco después: pues Cristo allí, sin ambages, revela a la mujercita que Él es el Mesías, en forma más clara que a Nicodemos: era una "moza de cántaro" (no un escriba) herética y adúltera; pero estaba bien dispuesta. 

Siguiendo a Renán y Strauss, muchos "racionalistas" contemporáneos (cuya lista sería fastidiosa, P.  L. Couchoud y Bernard Shaw los más temerarios, Eduard Meyer el más científico), sostuvieron que Cristo no se creyó al principio ni Hijo de Dios ni Mesías, que rechazó muellemente esa atribución; mas el entusiasmo en torno suyo y la presión del contorno y de los discípulos lo hicieron primero aceptar muellemente, después afirmar también  muellemente,  y  en  fin  reivindicar  firmemente  el  descomunal  título:  lo  cual implica  lisa  y  llanamente  demencia;  y  está  en  contradicción  con  la  figura  de  "gran moralista,  verdadero  profeta,  hombre el  más  sublime  y  extraordinario"  que  ellos propugnan... hacernos tragar. Esta conjetura gratuita está en contradicción directa con la letra del Evangelio, como vemos aquí: es al comienzo de su prédica, y Cristo afirma lo mismo que dijo al final, siempre que encuentra a solas almas dispuestas o capaces. 

Es verdad que al pueblo no así, sino lenta y progresivamente: "pedagógicamente". Declarar paladinamente de golpe a la multitud que Él era el Mesías, era peligroso; y que era "el Hijo Único de Dios" era incomprensible. Bernard Shaw llega a afirmar que en la Cruz, Cristo se retractó: vio que había vivido engañado y se desesperó. Es disparate. 

Alzado en la Cruz, Él fue la Serpiente de Bronce alzada en el Desierto, que daba la salud a los mordidos de serpientes "ígneas", o sea venenosas. Este paso está en el libro de  los  Números,  XXI,  9.  En  Cades,  antelas  puertas  de  Canaán,  después  de  dos sublevaciones  contra  Moisés  sofocadas  por  Dios  mismo,  los  israelitas  errantes  se descontentaron  y  soliviantaron  de  nuevo;  y  apareció  una  manga  de  víboras  cuya mordedura era mortal. Oró Moisés y recibió de Dios el mandato de labrar una serpiente metálica y plantarla alzada en una percha; y todos los emponzoñados que a ella dirigiesen los  ojos,  sanarían de inmediato.  Era una figura  de Cristo  y su Cruz; la  alusión  a la Serpiente del Edén "que morderá nuestro talón" es clara; y Cristo no sólo se la aplica a sí  mismo aquí, mas alude otra vez a ella al decir: "cuando el Hijo del Hombre sea levantado sobre la tierra lo atraerá todo a sí",  La Serpiente  sana  la  serpiente:  la  natura  humana de Cristo  indestructible  (de bronce) sana a la natura humana emponzoñada del pecado. Pero el enfermo debe "mirar hacia Él", invocarlo, creer en Él y "hacer la verdad", hebraísmo enérgico que significa obrar  bien (buenas  obras  =  disposición  a  la  fe)  como  Nicodemos.  Obrando  bien "hacemos" en cierto modo la Verdad, obras que pueden resistir la luz (humana), y de hecho atraen la Luz (divina). Es de notar la contraposición en este texto entre "Malicia y Verdad", no entre "Malicia y Bondad", La maldad nace siempre de una falta de verdad, de una  ignorancia  o un  error,  como  enseñaba  Sócrates  Heleno;  y  como veremos en  la parábola del Ojo y del Cuerpo. 

Y ésta es la Tercera Parábola,  "La Luz del Mundo", Esta comparación de la luz está  trasladada  a  los  Apóstoles  en  el  Sermón  Serrano  (de  la  Montaña,  que  no  era montaña):

"Vosotros sois la Luz del Mundo
Una Ciudad sobre un Monte no se puede esconder
Nadie enciende una luz
Y  la pone bajo la canasta
Sino sobre el candelero
Y luce entonces en toda la casa.
Así luzca vuestra Luz sobre los hombres
Que vean vuestras obras buenas
Y alaben vuestro Padre del Cielo."

Otra vez la luz conectada a la bondad, a las obras buenas. La "luz" es una de las palabras más repetidas  en la  Escritura. San Juan tomó esta  parábola  de la  Luz y las Tinieblas y la insertó en el Prólogo de su Evangelio. Cuando murió Cristo aconteció un oscurecimiento total, un eclipse. Cuando Judas salió del Cenáculo decidido a su traición, "era oscuro". Cuando los ángeles pecaron Dios los arrojó (o ellos mismos se echaron) a la "tempestad de las tinieblas". Cuando Adán pecó, en vez de Ciencia, se hizo oscuridad dentro de él; y de esa oscuridad manaron todas las otras consecuencias, que llamamos Pecado Original.

sábado, 31 de diciembre de 2011

PADRE CASTELLANI - PARÁBOLAS (1)

Publicaremos en sucesivas entradas la exposición que el recordado y genial padre Leonardo Castellani hiciera en su tiempo sobre las Parábolas del Evangelio. Su estilo único y adornado con una erudición pasmosa hace de estos textos un tesoro imperdible para el amante del pensamiento tradicional. 
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PÁRABOLA DEL VIENTO Y DEL ESPIRITU
(Jo. II, 1)






"Érase un hombre de los fariseos
Nicodemos era su nombre
Jefe de los judíos
Este vino a Él de noche
Y le dijo así:

Rábbi, sabemos que de Dios viniste maestro
Pues nadie puede tales signos hacer
Como Tú haces
Si no está Dios con él.

Respondió Jesús y le dijo:
De verdad, de verdad te digo
Si un hombre no nace de nuevo
No puede entrar al Reino de Dios.

Replicó a esto Nicodemos:
¿Cómo puede un hombre nacer siendo viejo?
¿Acaso va a reentrar el vientre de su madre
Y segunda vez salir y ser nacido?

Replicó Jesús:
De verdad, de verdad te digo
Si uno no es renacido del Agua y del Viento
No puede salir hacia el Reino de Dios.
Lo engendrado de la carne, carne es
Y lo engendrado del [viento] espíritu, espíritu es.
No te asombres de que te diga:

Debéis nacer de nuevo...
El viento donde quiere sopla
Y tú oyes su voz
Pero no sabes de dónde viene y adónde va...
Así es todo el que nace del Espíritu.

Replicó Nicodemos y le dijo:
No entiendo nada...


En  la  primera  Pascua  de  la  vida  pública  (hechos  los  primeros  discípulos "juanistas",  el  milagro  de  Caná  y  los  primeros  de  Cafarnao,  el  viaje  a  Jerusalén  y milagros allí también, quizá; aunque "no se fiaba Cristo" de la ciudad Santa... ), sucede esta entrevista secreta con un fariseo.  

Nicodemos, "jefe" entre los judíos, Sinedrita, no muy célebre, no joven, escriba, rico, de origen griego. No es el "célebre" que nombra el historiador Josefa en Guerra Judaica (XIV,3), ni el que nombra el Talmud ("hijo de Gorión") el año 70 p.C., jefe de la resistencia  antirromana,  amado  de  los  rabinos  y  muy posterior.  Es  un  hombre  bien intencionado, impresionado por los milagros de Cristo: va a verlo a su domicilio, aunque de noche (¿por respeto humano, o en busca de un coloquio más tranquilo?) en una noche probablemente  ventosa.  El  coloquio  no  fue  inútil:  muerto  el  Salvador  acudió valientemente para la sepultura (Jo.XIX,39), con José de Arimatea, que tenía "miedo a los judíos"; como probablemente el mismo Nicodemos, esta noche de ventarrón y revelación.

Veamos pues los dos hombres, el uno sentado, el otro de pie; el uno de blancas hopalandas de Rábbi, el otro de turbante granate, manto pardo-rojo y babuchas; en un aposento, no en la  azotea, como los pintó William Hale;  si  es buena la  conjetura de "noche  ventosa":  pues  Cristo  de  ordinario  tomaba  sus  comparanzas  de  lo  que  lo circundaba; y si estaban oyendo bramar el viento fuera, el marco es perfecto.  ...Como ahora mismo el viento está bramando fuera, estremeciendo mis ventanas, silbando como mil demonios, soliviantando el Río de la Plata e inundando a Concordia y a Tigre;  y yo no sé de dónde viene ni adónde va. Anteayer no se movía una hoja en Parque Lezama y mañana mismo quizá amanecerá un día sereno sin un soplo. Vino, y se fue. Por eso era que el  chiquilín le preguntó a la madre: "Mami, ¿qué hace el viento cuando no sopla?"

Antes que le preguntara qué era eso de la "Malkhutâ" o Reino de Dios, apenas hizo su impetuoso reconocimiento de Cristo como hombre de Dios y Taumaturgo, Cristo le espeta de golpe la condición sorprendente del "nuevo nacimiento"; misterio ignoto al que el escriba responde humorosamente. Es el misterio de "la gracia" producida por obra del "Viento Santo" o el Espíritu de Dios. Y es comparada nada menos que a un renacer.

Heréticos modernos como Renouvier dicen que la gracia es un invento de los curas para sacar plata con sus ánimas del purgatorio, misas, indulgencias y sacramentos; que se encuentra recién en san Agustín, y un poco quizá en san Pablo, pero no en Cristo; y vemos aquí que el primer sermoncito de Cristo estatuye la necesidad de la gracia de Dios para salvarse; y en forma tan extrema que ninguno de sus discípulos fue más lejos, pues  no  es  posible  ir  más  lejos:  ¡nacer  de  nuevo!  ¡Pistolas!  ¡Salga  de  ahí!  -dijo Nicodemos.

La no-necesidad de la gracia es una herejía común en nuestros días: se llama "naturalismo teológico" y es mortal. Existió desde los tiempos de Pelagio (siglo IV) pero tomó auge enorme hoy en día por la acción de un sofista elocuente y medio destornillado llamado Rousseau, y por la  de otros  menores: la  naturaleza del hombre es buena, la  sociedad (actual) la corrompe; basta cambiar el sistema político (y Rousseau inventó un sistema político nuevo que nos ha arrojado en la confusión) para reformar las costumbres y  salvar  al  mundo.  ¿Nunca  han  oído  discursos  de  politiqueros?  Ellos,  ellos,  ellos... subirán al poder con sus "plataformas", y todo cambia, se reforma y sublima. Si la ShellMex saca el petróleo, hay mucha plata; si  hay mucha plata, todos están contentos; si todos están contentos, todos son buenos. Pero la Argentina de mis pecados tiene una llaga que no se cura con petróleo... solo, como los vacunos abichados. Hay que usar aceite y vino, y quizá... cauterio.

Estoy leyendo la obra de un socialista inglés que le dio por ser profeta (y es sólo novelista y politiquero) que hace la profecía, el plan y el programa del futuro "Estado Socialista Mundial". Curiosamente, la idea de un "nuevo nacimiento" está presupuesto en su plan, pues no es tan sonso como Rousseau para creer que los hombres son angelitos -engendrado ese renacer simplemente por el cambio de las  condiciones económicas... junto con el Monopolio de la enseñanza por los socialistas, y un poquitín de persecución.

Es curioso (y lógico) que lo que Wells objeta e incrimina a la Iglesia (a la cual en su futuro Nuevo Estado Mundial hace desaparecer por medio del ridículo y la violencia) es justamente  la  persecución;  y él  proyecta  la  persecución  en  una  escala  que  Nerón y Diocleciano se quedan enanos: razas enteras, como los Irlandeses y los Judíos han de ser eliminadas, por su "refractoriedad", es decir,  religiosidad. Naturalmente, la persecución hecha en pro del socialismo... es buena o lícita.

Cristo enseña que la salvación sólo empieza y acaba por el Espíritu de Dios, y una transformación profunda, aunque invisible; que no se le ve el origen ni el final, aunque se puede oír su voz, como al viento. La dificultad para nosotros de esta parábola es que en griego (y también en arameo) la palabra  viento y la palabra  espíritu son una misma: "Pneuma" en griego, de donde vienen los "hombres pneumáticos" (o espirituales) de que hablan los psicólogos... y los neumáticos de bicicleta, que adrede escribo sin p. Cristo usó de una misma palabra para establecer parabolismo entre el viento y el Espíritu Santo: naturalísimo.  En el  día de Pentecostés el  Espíritu  de Dios apareció como lenguas de fuego en el bramar de un viento impetuoso.

Los  Santos  Padres  discutieron  si  "pneuma"  en  la  parábola  significa primordialmente  viento o primordialmente  Espíritu de Dios. Significa los dos a la vez, caro mío.  Maldonado intentó "disipar la ambigüedad" y la disputa, introduciendo una interpretación nueva: el "pneuma" no sería ni el viento ni el espíritu de Dios: es el alma que nos es infundida en el nacimiento corporal sin que sepamos cómo; así también es el nuevo  nacimiento  que  efectúa  el  bautismo.  "Con  esta  interpretación,  toda  dificultad desaparece" -exclama el exégeta. Sí. También desaparece la parábola.

Cristo no tomaba el primer término de la comparación (el conocido) de las cosas invisibles;  es  contrario  a las  reglas  del  género y de la  buena enseñanza;  sino  de las sensibles.  El  alma  nos  es  conocida  a  nosotros  justamente  a  causa  de  la  predicación veintisecular de Cristo; para los hebreos, el alma era la sangre. El alma y su nacer está solamente  aludida aquí,  en el  verbo "renacer".  El  primer  término de la  "maschâl"  o semejanza, es el VIENTO.