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jueves, 15 de junio de 2023

¿Es eterno el castigo del infierno? ¿Por qué?

 

La ‘Suma contra los gentiles’ es un tesoro inestimable de doctrina, tristemente poco conocido. Suele ocurrir que los interesados en el pensamiento de santo Tomás se concentran casi que exclusivamente en la gran “Summa Theologiae”, y no les falta razón, pues es su obra de madurez. Pero el aquinate escribió muchas otras obras en las cuales también sacó a relucir su inmenso genio y nos legó un tesoro doctrinal de enorme importancia. Tal es el caso de la “Contra gentes”, escrita solo un par de años antes de iniciar su otra gran ‘Summa’. Está dividida en cuatro libros, divididos a su vez en capítulos. En el capítulo 144 del libro tercero santo Tomás se pregunta por la eternidad de la pena o castigo debido al pecado mortal. Tema que despierta gran interés, pues a primera vista podría parecer desmedido un castigo eterno por un acto llevado a cabo en el tiempo e incluso en cuestión de minutos.

Recuerdo hace muchos años una conversación con un familiar, me decía que le parecía absurdo pensar en la existencia de un infierno eterno, siendo que un pecado era algo que se realizaba en cuestión de minutos. En esa época no tuve yo mucho qué responderle, tendría unos 17 años. Y ciertamente parece desproporcionado. Por ejemplo, un pensamiento impuro, es algo que ciertamente puede ocurrir en cuestión de segundos… y, a pesar de su duración, es merecedor de un infierno que es eterno. Parece difícil de aceptar algo así.

Entonces en este capítulo 144 santo Tomás desarrolla algunas reflexiones sobre este tema, que permiten vislumbrar el motivo de todo esto y entender, al menos en parte, el porqué de la eternidad del castigo. Veremos algunas.

El primer argumento o reflexión que desarrolla santo Tomás es muy interesante. Se basa en el concepto de ‘privación’. La privación es un concepto usado en filosofía y que se refiere al hecho de que algo que una cosa por naturaleza debía poseer, le falte. Entonces por ejemplo la ceguera En el hombre es cierta privación, porque ciertamente la facultad de ver es propia de la naturaleza del hombre, y si por alguna razón carece de ella, se dice que está privado de la visión. Distinto es la facultad de volar, que no es propia de la naturaleza humana. Que el hombre no vuele no es en él una privación, pues de hecho no tiene por qué hacerlo, atendiendo a su naturaleza propia.

Ahora bien, unos capítulos atrás santo Tomás demostró que la eterna bienaventuranza del hombre, o sea el fin último del hombre, que es la visión de Dios, es algo que no puede darse en esta vida. O sea, que no es propio de la naturaleza humana alcanzar en esta vida terrena la eterna felicidad que es consecuencia de la visión de la divina esencia, eso solo puede ser propio del cielo, o solo puede darse en el cielo.

Lo anterior viene a significar que no poseer la eterna bienaventuranza no es algo que pueda representar una privación en esta vida, pues no es propia de esta vida, sino que hay que decir que la pérdida de la bienaventuranza solo puede considerarse privación en la otra vida, después de la muerte. O, en otras palabras, no es castigo no poseer le eterna felicidad en esta vida, pues no es propia de esta vida. Pero no poseerla después de la muerte, sí tiene razón de privación y castigo, pues allí sí que podía el hombre llegar a poseerla.

Pero resulta que después de esta vida el hombre no está en condiciones de hacer algo para obtener o para perder la eterna bienaventuranza (merecer), pues se encuentra en estado de separación respecto del cuerpo, y requiere de este para actuar de acuerdo a su naturaleza propia y plena. Por lo tanto, si en el momento de la muerte el alma se encuentra dispuesta de tal manera que su voluntad está apartada del fin último por su inclinación desordenada a las criaturas, después de la muerte dicha inclinación no cambia, ni puede cambiar, pues para ello necesitaría el alma unirse de nuevo al cuerpo, para poder llevar a cabo actos meritorios.

Luego presenta santo Tomás este otro argumento.

“Apud divinum iudicium voluntas pro facto computatur”, ante el juicio de Dios, el querer se computa por el hecho; es decir, ante la mirada de Dios, que ve lo interior, el querer obrar mal es similar a haberlo hecho efectivamente. Y santo Tomás nos va a decir que aquél que, rechazando el bien infinito de la eterna bienaventuranza, prefiere ir tras del bien creado y finito pecando, da con eso señal clara de que, si tuviera la oportunidad de elegir entre ese gozo finito, pero gozado por toda la eternidad, y el gozo de la eterna bienaventuranza, hubiera seguramente elegido el primero. Lo cual, según el principio puesto arriba, nos dice que el castigo ha de ser proporcionado al querer, y debe entonces ser interminable, pues de manera interminable hubiera deseado el pecador poder poseer el objeto de su pecado.

Con otras palabras: el pecador cuando peca realiza una elección, en vez de elegir el bien de la bienaventuranza eterna, escoge el bien finito del placer pasajero. Lo cual indica que, si se le presentara la posibilidad de gozar eternamente de ese bien pasajero, con más razón lo elegiría aún, puesto que, aunque finito lo antepuso a la eterna felicidad junto a Dios. Por ende, es justo que quien así eligió, reciba una pena proporcionada a su querer y este eternamente privado de aquél bien que osó rechazar.

Y finalmente pone santo Tomás otra reflexión.

Dice que es costumbre creer que las penas civiles son puestas para corrección de los vicios de los hombres, por donde muchos han creído que la pena del infierno debe ser temporal puesto que tendría ese carácter purgativo o correctivo meramente, como ocurre con el delincuente que es condenado a cierto número de años en la cárcel, para su enmienda personal. Santo Tomás responde que es correcto pensar que las penas en la sociedad humana son impuestas para enmienda de los vicios, pero ello no implica que todas las penas deban ser temporales, pues ocurre, por ejemplo, que se aplica la pena de muerte en algunos casos de particular gravedad, y esa pena no tiene nada de temporal, sino que es bastante definitiva. Y en ese caso la enmienda que se busca no es la del castigado, sino más bien la del resto de la sociedad, en cuanto se busca persuadir a los malos de no cometer esa clase de crímenes, movidos por lo terrible del castigo. Entonces la pena eterna del infierno, aunque no es realizada para enmienda del propio pecador así castigado, sí es impuesta para enseñanza de la sociedad cristiana, para que, meditando en la gravedad de la pena, se aparte de cometer los pecados que a ella conducen.

 

Así concluye santo Tomás el capítulo 144.

Son tres reflexiones que nos pueden ayudar a profundizar en el misterio del infierno y de la pena eterna debida al pecado mortal, incluso a un solo pecado mortal. Cosa que puede parecer desproprocionada, pero vista a la luz de la fe, resulta enteramente justa y en coherencia con el propio querer del pecador. Porque lo que aquí nos está diciendo santo Tomás es que, en el fondo, el pecador recibe lo que quería recibir, pues eligió apartarse del bien eterno y eso recibe, el apartamiento eterno del bien.

 

 

Leonardo Rodríguez Velasco


martes, 21 de marzo de 2023

Acerca de los manuales tomistas

Es reconfortante ver cómo día a día aumenta el interés por conocer el la obra de santo Tomás de Aquino, el máximo teólogo de la iglesia católica, cuyo pensamiento está hoy tan vivo como cuando él redactó sus escritos hace ocho siglos.

Pero, a pesar de ver como algo completamente positivo ese interés por el aquinate, surge también la preocupación por el modo en que muchos se acercan a santo Tomás, es decir, ¿qué santo Tomás es el que van a conocer? Porque efectivamente aunque santo Tomás es uno solo, se pueden tener de su obra diversas imágenes según que uno se aproxime a él por uno u otro camino. Me explico.

A lo largo de los siglos nunca han faltado discípulos del de Aquino, ya en vida del propio Tomás los tuvo en gran cantidad, así como también tuvo enemigos de su pensamiento, que lo combatieron ya desde el principio. Pero amigos tuvo, ha tenido, tiene y seguirá teniendo, santo Tomás es un caso único, ya que ningún otro pensador puede gloriarse de que a pesar del paso del tiempo, cada nueva generación trae consigo un sinnúmero de interesados en continuar con su herencia teológica y filosófica. ¿Cuántos filósofos pueden decir hoy, pleno 2023, que cuentan con un nutrido número de seguidores, en todas las latitudes y en todas las lenguas conocidas?

Pero surge entonces, decíamos, el peligro de aproximarse a un Tomás modificado, alterado, un poco enrarecido. Y es que en ocho siglos mucha tinta ha corrido sobre la herencia intelectual del santo, cientos y quizá miles de manuales se han escrito, para uso universitario y también para nivel de bachillerato. Así como tratados profundos y sistemáticos que presentan el pensamiento de santo Tomás en forma estructurada, algunos se han hecho clásicos.

¿Leer esos manuales equivale a leer a santo Tomás? Sí y no. Sí, en cuanto a la intención de esos autores, indudablemente bienintencionados. No, en cuanto a que casi siempre, por no decir siempre, en algo se apartan de Tomás, en la interpretación de alguna idea, en la definición de un concepto, en la argumentación de algún punto, en la inclusión de algo que no está de suyo en la obra del propio Tomás, o en la eliminación de algo que sí está, etc. Es sencillo, al tomar uno, dos o tres de estos manuales, ver cómo incluso difieren no pocas veces entre ellos en ciertas definiciones o divisiones de conceptos claves.

¿Qué hacer entonces? IR A TOMÁS, tan sencillo como eso y tan arriesgado como eso. Sencillo porque los escritos de Tomás están todos en Internet, traducidos a los principales idiomas para el que no puede leer latín. Pero decimos arriesgado porque no se trata solo de tomar el texto de Tomás, leerlo y como por arte de magia comenzar a entenderlo y asimilarlo. No. En realidad se requiere un bagaje conceptual que no es poco, ni fácil. Requiere esfuerzo, constancia, disciplina y mucha paciencia. De ahí que resulte mucho más fácil el manual, porque este ha sido hecho con intención pedagógica, pensando en los principiantes, y llevando al lector como de la mano y poco a poco. Pero que algo sea fácil no implica que sea lo mejor.

Lo recomendable sería alternar la lectura del texto directo de Tomás, con el apoyo de los mejores manuales sobre todo para aclarar definiciones y divisiones de conceptos, cosa clave en escolástica. Pero dando siempre la primacía a Tomás mismo, algo así como un 80/20, por decirlo de alguna manera.

¿Manuales sí o manuales no? Sí, siempre y cuando se usen en su justa medida y jamás reemplazando al propio Tomás, en ese caso se correría el inmenso riesgo de quizá nunca conocer el pensamiento del santo, sino la versión un poco alterada en algún punto, de uno de sus bienintencionados discípulos.


Leonardo Rodríguez Velasco


sábado, 13 de agosto de 2022

La demostración de la existencia de Dios en la "Suma contra los gentiles" (3a. parte)

 Vamos a ocuparnos ahora de la segunda proposición que necesitamos fundamentar, la que dice así:

    - No es posible proceder al infinito en la serie de motores movidos.

Recordemos que en el argumento para mostrar la necesaria existencia de un primer motor inmóvil, fuente de todo movimiento/cambio que vemos a nuestro alrededor en el universo, santo Tomás, siguiendo a Aristóteles, decía que dado que evidentemente algo se mueve en el universo (mejor dicho, todo se mueve con algún tipo de movimiento/cambio), y que todo lo que se mueve se mueve por otro (que explicamos en el artículo anterior), hay que conceder que eso que mueve debe ser a su vez movido por otro o no; si no, llegamos a nuestro motor inmóvil; si sí, entonces procedemos a preguntarnos por el movimiento de ese motor anterior, si es causado o no, y si es causado vamos ascendiendo en la serie...

Ahora bien, en dicha serie o llegamos a uno primero que no sea móvil, que no cause el movimiento cambio de otro moviéndose a su vez; o no llegamos a uno primero sino que seguimos subiendo en la serie indefinidamente, es decir, in infinitum. Pero como esto último es imposible, se concluye que debe necesariamente llegarse a un primer motor inmóvil, causa del movimiento/cambio de todo lo demás.

Por eso hay que probar ahora esa afirmación de que no se puede ir al infinito en la serie de motores que son a su vez movidos.

¿Cómo lo hace santo Tomás? De tres formas.


1. 

    - En una serie de motores movidos, estos necesariamente han de ser cuerpos divisibles (aquí pone de nuevo la autoridad de Aristóteles en el libro VI de su "Física").

    - Todo cuerpo que mueve siendo movido, al tiempo que mueve ES MOVIDO.

    - Luego la pretendida serie infinita de estos se movería al moverse uno de la serie.

    - Pero ese uno, siendo cuerpo divisible, se mueve en una medida de tiempo finita, ya que todo cuerpo se mueve en tiempo finito. 

    - PERO lo anterior significaría que la serie infinita se movería en un tiempo finito, lo que resulta imposible. Un tiempo finito no mide un movimiento infinito.

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El núcleo del anterior razonamiento está en el hecho de que una serie supuestamente infinita de cuerpos motores movidos debe estar en continuidad (un cuerpo continuo al otro), lo que vendría a ser una especie de gran cuerpo unitario, en virtud de la continuidad. Pero como cada miembro de dicha serie es un cuerpo cuyo movimiento se mide en tiempo finito, al moverse uno de la serie se movería la serie toda (por la continuidad de ser motores movidos en simultáneo). Y entonces la serie infinita, por continuidad, se movería en un tiempo finito, lo que es imposible.


2.

    - En una serie de motores movidos, es decir, en una serie en la que el movimiento de cada miembro depende causalmente del movimiento de otro; si se quita el primero cesa el movimiento de la serie toda.

    - Pero en una serie infinita, como indica su nombre, no hay un primero. Luego en dicha serie nada se movería porque faltaría la fuente causal primera del movimiento.


3.

    - Aquello que mueve solo en la medida en que a su vez es movido, se dice que mueve "instrumentalmente", a manera de instrumento.

    - Pero resulta que en una pretendida serie infinita se motores movidos, todos serían motores instrumentales SI NO SUPONEMOS la existencia de un primer motor inmóvil.

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Por esos tres caminos que les he resumido arriba prueba santo Tomás la veracidad de esta proposición: no se puede proceder al infinito en la serie de motores que son a su vez movidos...por otro.

Y quedando entonces demostradas las dos proposiciones claves del argumento, queda demostrada con suficiencia la conclusión: es necesario llegar a la existencia necesaria de un primer motor inmóvil al que llamamos Dios.

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¿Les parece poca cosa concluir que debe existir un primer motor inmóvil? Pues quizá no se los parezca tanto al ver todo lo que a partir de allí se concluye...


QUE ALGO SEA MOTOR INMÓVIL implica que es:


A) Primer motor que mueve todos los demás motores. Luego su causalidad se extiende a todo lo que mueve o es movido = universalidad de la causalidad divina.


B) Luego todas las cosas están subordinadas a la causalidad de este primer motor = providencia divina.


C) Luego está presente a todas las cosas, porque en todas obra = omnipresencia divina.


D) Luego contiene de antemano y actualmente todas las perfecciones que los motores inferiores adquieren bajo el influjo de su acción: la vida, la inteligencia, la ciencia, la virtud, etc., = omniperfección divina.


Y siendo inmóvil es...


E) Motor absolutamente inmóvil, acto puro sin mezcla de potencia.


F) Perfección pura, plenitud de perfección.


G) Uno y único, siendo acto puro no se divide ni se multiplica pues no tiene potencialidad para ello = unicidad de Dios, monoteísmo.


H) Su obrar se identifica con su ser; y su existir con su esencia.  Porque en Él no hay composición de acto/potencia = ser subsistente.


I) Absolutamente inmutable, por carecer de toda potencialidad = eternidad de Dios.


(Estas últimas consideraciones en cursiva las tomo tal cual del volumen primero de la Suma de teología bilingüe, de la BAC)


Y se podría seguir extrayendo conclusiones estrictamente lógicas...

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De esa manera concluye Tomás mostrando la existencia de un primer motor inmóvil, al que llamamos Dios.


Leonardo Rodríguez Velasco.

viernes, 12 de agosto de 2022

La demostración de la existencia de Dios en la "Suma contra los gentiles" (2a. parte)

Vamos a continuar presentando la prueba de la existencia de Dios que santo Tomás expone en el capítulo XIII del libro primero de la “Summa contra gentes”.

Habíamos dicho en el artículo anterior que en el razonamiento que usa santo Tomás allí, prestado de Aristóteles, hay dos afirmaciones que requieren ser probadas porque constituyen el núcleo del argumento; aquí nos ocuparemos de la primera:

-          Todo lo que se mueve, se mueve por otro.

Para cualquiera con un mínimo de capacidad de observación resulta evidente que en el universo existe el movimiento, es algo evidente a los sentidos. Y no solo existe el movimiento, sino que parece ser que TODO a nuestro alrededor se mueve, si no localmente, que es uno de los tipos de movimiento, sí al menos de alguna otra manera. Porque se ha de tener en cuenta que los griegos le daban a la palabra movimiento un significado mucho más amplio que el que nosotros hoy le damos normalmente, pues para nosotros movimiento es ante todo el movimiento de lugar, ir de un sitio a otro. Pero para los griegos el movimiento era básicamente TODO tipo de cambio; de manera que allí donde se daba alguna especie de cambio, se hablaba de movimiento. Y es que efectivamente si entendemos el movimiento en general como todo paso o tránsito de un punto A a un punto B, entonces evidentemente todo cambio se puede entender de esa forma porque, por ejemplo, pasar de no saber algo (ignorancia), a saberlo (ciencia), puede entenderse como paso o tránsito del punto A-ignorancia, al punto B-ciencia. Y si hoy mido un metro con 50 centímetros de altura, y en seis meses mido un metro con 51 centímetros, ese paso de un punto A-1.50m a un punto B-1.51m, se puede entender también como un cierto movimiento. Incluso el animal que muere, o el que nace, lo hacen mediante un proceso A-B, existir a nos existir, o no existir a existir.

De manera que para el griego todo cambio implica los mismos elementos básicos del movimiento y por ende puede ser entendido como tal: movimiento=cambio.

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Volvamos al argumento tomasiano del “Contra gentes”.

Las cosas se mueven/cambian, evidente a los sentidos. Bien. Pero Tomás, siguiendo a Aristóteles nos dice que TODO LO QUE SE MUEVE/CAMBIA, SE MUEVE/CAMBIA POR OTRO. Es decir, nada se mueve/cambia a sí mismo, siempre que algo se mueve lo hace en virtud o por causa de otro.

¿Cómo así? Parece una afirmación extraña, porque, por lo menos en el reino de los seres vivos, pareciera a primera vista que los seres vivos se mueven a sí mismos. Pues bien, resulta que bien miradas las cosas no es tan así, pues lo que en verdad sucede es que una parte mueve a otra; a su vez la parte que movió fue movida por otra…y así: camino, pero camino por el movimiento de mis piernas; y estas caminan por la actividad de ciertos músculos; y estos por la actividad de ciertos tejidos convenientemente estimulados mediante un complejo sistema electro-químico a nivel celular; y el nivel celular a su vez se mueve por niveles cada vez más íntimos de causalidad; y en últimas está mi voluntad que quiso que me moviera (e incluso mi voluntad es movida por la causa primera, pero ese es un tema difícil por ahora).

De manera que siempre que vemos movimiento/cambio en el universo, eso que se mueve/cambia está siendo en ese preciso instante movido/cambiado por otro, así sea al menos por una de sus partes.

Y entonces santo Tomás nos dice que no puede haber nada que se mueva a sí mismo, ni siquiera Dios, puesto que Dios es primer motor inmóvil.

Afina luego santo Tomás el argumento y dice bueno, vamos a suponer que algo se mueve a sí mismo, ese algo tendría que cumplir las siguientes características:

 

1.       - Tener en sí mismo el principio o fuente del movimiento. Puesto que si dicho principio está en algo exterior evidentemente no se movería sí mismo, sino que se movería por otro.

2.       - Moverse como totalidad, es decir, que no sea movido por una de sus partes, sino que se mueva como un todo.

3.       - Que sea divisible, es decir, tenga partes. (Esta última condición la toma Tomás del libro de la “Física” de Aristóteles; más exactamente del libro VI. Allí el filósofo realiza una compleja argumentación en torno a los continuos en tanto que divisibles, y muestra cómo no se puede concebir un indivisible móvil, sino que necesariamente todo móvil, para ser tal, debe tener partes. Se trata de una argumentación difícil en la cual el estagirita se explaya sobre la relación entre el tiempo y el movimiento, argumentando cómo si algo fuera indivisible no podría extenderse en las unidades de tiempo que todo movimiento postula, concluyendo que si algo es móvil necesariamente ha de tener partes. Pero se trata de un capítulo bastante difícil de la Física aristotélica que aquí no podemos desarrollar. Daremos entonces por sentada tal demostración).

 

Entonces el santo razona de la siguiente manera:

 

-          - Lo que se mueve a sí mismo ha de moverse como totalidad, no por alguna de sus partes.

-          - Pero ello significa, en otros términos, que, si una de sus partes está en reposo, el todo ha de estar en reposo también. ¿Por qué? Porque si sucediera que una de sus partes estuviera en reposo mientras que otra en movimiento, entonces ya no podríamos decir que dicho ser se mueve como totalidad, sino habría que atribuir el movimiento a aquella parte que se mueve, no a la que queda en reposo.

-          - PERO lo anterior quiere decir que, paradójicamente, el movimiento o reposo del todo dependería del movimiento o reposo de alguna de sus partes; y algo cuyo movimiento o reposo depende del movimiento o reposo de una de sus partes, es algo que NO se mueve a sí mismo como totalidad, sino que tiene movimiento DEPENDIENTE.

 

¿Difícil?

 

No tanto. En esencia Tomás está diciendo lo siguiente:

 

-          - Algo se mueve a sí mismo solo si su moverse NO ES DEPENDIENTE de nada sino de sí mismo como totalidad.

-          - Pero como todo lo que se mueve es divisible, o tiene partes (según prueba Aristóteles en el libro VI de la “Física”), ello significa que, si una parte está en reposo, el todo ha de estar en reposo; o si en movimiento, en todo ha de moverse. Pues de lo contrario, si una parte pudiera estar en reposo mientras la otra en movimiento, entonces el movimiento se atribuiría a dicha parte, y no al todo.

-          - Pero ello significaría en últimas que el movimiento del todo DEPENDERÍA del movimiento de sus partes.

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Luego presenta el santo otro argumento, quizá un poco más sencillo de entender porque se basa en las nociones primeras de acto/potencia:

 

-          - Nada puede estar en potencia y en acto respecto de lo mismo. Nada puede ir hacia Bogotá y estar ya en Bogotá al mismo tiempo. Nadie puede saber las tablas de multiplicar y al mismo tiempo ignorarlas, etc.

-          - Todo lo que se mueve, en tanto que se mueve, está en potencia.

-          Y todo lo que mueve, en tanto que mueve, está en acto.

-          - ERGO, nada puede ser, respecto de lo mismo, motor y movido.

En la “Suma de teología” pone también santo Tomás de primera la prueba de la demostración de la existencia de Dios por el movimiento, y retoma la explicación del principio “Omne autem quod movetur, ab alio movetur”, todo lo que se mueve, es movido por otro. Remitimos allí al lector para que pueda profundizar en este importante principio del pensamiento tomista.

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En un próximo artículo mostraremos la segunda afirmación que santo Tomás dice que debe probarse: no es posible proceder hasta el infinito en la serie de motores que son a su vez movidos.

 

Leonardo Rodríguez Velasco



martes, 9 de agosto de 2022

La demostración de la existencia de Dios en la “Suma contra los gentiles” (1a. parte)

La demostración de la existencia de Dios es siempre el punto de partida de santo Tomás de Aquino en sus grandes obras, la “Suma contra los gentiles” (SCG) y la “Suma de teología”; y esto es así porque si la idea es hablar acerca de Dios, que eso es la teología, pues resulta natural y conveniente que lo primero que se haga sea mostrar su existencia. Entonces, en ambas ‘sumas’ inicia santo Tomás probando que Dios existe, para ahí sí luego dedicar toda la potencia de su grandioso intelecto a exponer su naturaleza, en cuanto es ello posible a la luz de la razón natural.

Vamos a repasar aquí la forma (al menos una) en que lleva a cabo el santo esa tarea en la SCG, más exactamente en el capítulo XIII del primer libro (la SCG tiene 4 libros y 463 capítulos); en una próxima oportunidad quizá repasemos lo propio en la “Suma de teología”.

Comienza el santo diciendo que:


Ostenso igitur quod non est vanum niti ad demonstrandum Deum esse, procedamus ad ponendum rationes quibus tam philosophi quam doctores Catholici Deum esse probaverunt.

Habiendo mostrado ya que no resulta vano intentar la demostración de la existencia de Dios, procedemos ahora a establecer las razones con las que, tanto los filósofos como los doctores católicos, demostraron que Dios existe.


Lo anterior lo dice porque en los capítulos inmediatamente anteriores había refutado las ideas de aquellos que consideraban inútil probar que Dios existe, unos por creerlo imposible y otros por creerlo innecesario.

Prosigue el santo:

 

Primo autem ponemus rationes quibus Aristoteles procedit ad probandum Deum esse. Qui hoc probare intendit ex parte motus duabus viis.

En primer lugar pondremos los argumentos con los que Aristóteles prueba de Dios existe. Lo cual hace a partir del movimiento, mediante dos caminos.

 

Y he aquí la importancia del análisis filosófico del movimiento. En el breve curso de introducción al pensamiento de santo Tomás de Aquino que estábamos ofreciendo por medio de YouTube, habíamos comenzado en los últimos videos a tratar el tema de la filosofía de la naturaleza, es decir, aquella parte de la filosofía que se ocupa del estudio del ente móvil, del ente afectado de potencialidad y capaz de cambio o movimiento (que para el griego eran cuasi sinónimos). Y en dicha filosofía de la naturaleza se estudia el cambio como punto de entrada a la consideración filosófica de la realidad física, puesto que el cambio es la característica más patente de todo lo que nos rodea. Y de dicho análisis del cambio, bien realizado, surgen una serie de aprehensiones conceptuales que constituyen el punto de partida de la entera filosofía. Si no se comienza por allí, por el humilde análisis del humilde ente móvil, y se pretende ingresar en la filosofía directamente por la metafísica o por el análisis del conocimiento, se corre el riesgo de elaborar un edificio de bellas abstracciones que quizá por no estar firmemente enraizadas en lo real, serán a lo mejor muy atractivas y bien elaboradas, pero no responderán a la realidad sino más bien al prurito de sistema, que diría Balmes.

De manera que la entera filosofía comienza por la filosofía de la naturaleza, y por ende también nuestro asunto, que es la demostración de la existencia de Dios.

Dice entonces el santo que nos va a presentar la manera en que Aristóteles muestra que Dios existe, y ello por dos caminos o vías, de las cuales analizaremos aquí la primera, dejando la segunda para la curiosidad del amable lector.

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Pongamos las propias palabras del santo:

 

Quarum prima talis est: omne quod movetur, ab alio movetur. Patet autem sensu aliquid moveri, utputa solem. Ergo alio movente movetur. Aut ergo illud movens movetur, aut non. Si non movetur, ergo habemus propositum, quod necesse est ponere aliquod movens immobile. Et hoc dicimus Deum. Si autem movetur, ergo ab alio movente movetur. Aut ergo est procedere in infinitum: aut est devenire ad aliquod movens immobile. Sed non est procedere in infinitum. Ergo necesse est ponere aliquod primum movens immobile.

 

De las cuales la primera es: todo lo que se mueve, se mueve por otro. Y efectivamente es patente a los sentidos que algo se mueve, como por ejemplo el sol. Por lo que decimos que se mueve por otro. Ahora bien, aquello que mueve a su vez se mueve o no. Si no se mueve tenemos lo que buscamos, a saber, que es necesario concebir un motor inmóvil. Y a ello llamamos Dios. Más si se mueve, se mueve por otro. Y así las cosas habrá que proceder hasta el infinito, o se debe llegar a un motor inmóvil. Pero resulta que no es posible proceder hasta el infinito, por lo que es necesario concebir un primer motor inmóvil.

 

Esta también es la primera prueba que usa santo Tomás en las cinco vías de la Suma de teología, la famosa prueba a través del análisis del movimiento, y por medio de la cual se llega a establecer la necesaria existencia de un primer motor inmóvil, que es Dios.

Dice el santo que en ese argumento que acaba de ofrecer se debe establecer la verdad de dos proposiciones, que son como el núcleo de toda la demostración, y son las siguientes:

1.       Que todo lo que se mueve es movido por otro.

2.       Que no se puede proceder hasta el infinito en la serie de motores movidos.

En la siguiente publicación veremos cómo el santo prueba la primera de dichas proposiciones...

 

 

Leonardo Rodríguez Velasco.

martes, 2 de agosto de 2022

A propósito de la lectura de la "Suma contra los gentiles".

Confieso que nunca había leído en forma constante y completa la obra “Suma contra los gentiles” de santo Tomás de Aquino; sucede a veces que uno se apega más a unas obras que a otras y siempre deja para después las que no le llaman la atención en un primer momento. Y esto fue así por años, lamentablemente.

Hace algunas semanas a través de un sitio de internet encontré un ejemplar de dicha obra a precio muy razonable y decidí adquirirla. La edición es agradable a la vista y cómoda a pesar de ser voluminosa, entonces tomé la decisión de leerla ya con detenimiento. La obra es inmensa, está dividida en 4 libros con 463 capítulos en total, así:

Libro primero: 102 capítulos.

Libro segundo: 101 capítulos.

Libro tercero: 163 capítulos.

Libro cuarto: 97 capítulos.

 

De manera que desde principios del mes pasado comencé el libro primero. El orden de los temas de los 4 libros es el siguiente: en el libro primero expone santo Tomás todo lo referente a Dios, en cuanto puede alcanzarlo la razón natural, es decir, la teología natural. El libro segundo presenta la obra de la creación de todas las cosas, en particular dedicando la mayor parte de sus capítulos al alma y a las substancias separadas (ángeles). El tercer libro es enorme, el más largo de los cuatro, 163 capítulos en los que aborda diversos temas tales como el obrar de los agentes libres, la felicidad humana, la providencia divina, los milagros, etc. Aquí explica Tomás cómo la criatura racional ha de encontrar su felicidad en Dios. Y finalmente en el cuarto y último libro se ocupa santo Tomás de aquellos misterios que están por encima (no en contra) de la razón natural, es decir, aquí el santo estudia misterios tan altos como la Santísima Trinidad, la encarnación del Verbo, los sacramentos y el destino final del universo. Se trata como puede verse de una obra verdaderamente monumental, tanto en su extensión como en la calidad de sus temas; y si tenemos en cuenta que la comenzó a escribir solo algunos años antes de su obra magna la “Summa theologiae”, podemos pensar que estaba ya el santo preparando esa gran obra y como que calentando motores.

Les dije entonces que acabé hace poco el primer libro, el de los 102 capítulos acerca de Dios, en cuanto puede ser alcanzado por la sola razón natural. Aquí el santo le presenta al lector todo lo que el ser humano llevado por las fuerzas de su sola razón puede alcanzar a conocer acerca de Dios.

Comienza el santo dedicando los primeros 9 capítulos a hacer una introducción general en donde se presenta a sí mismo como quien desea realizar la tarea del sabio que es investigar las causas de las cosas, y siendo Dios (como más adelante demuestra) la causa primera de todo, la verdadera y suprema sabiduría estará entonces en el estudio de Dios. A partir del capítulo 10 el santo inicia un fenomenal recorrido tratando de analizar la naturaleza de Dios, cómo es Dios, o más bien, cómo no es Dios, puesto que lo que conocemos de Dios lo alcanzamos a través del espejo de sus efectos, los cuales por su limitación no nos permiten un conocimiento perfecto de su causa sino solo una aproximación a ella. El lector entonces ve pasar ante sus ojos capítulos de la mayor importancia en los que el santo nos habla de que Dios es eterno, inmaterial, uno, infinito, inteligente, bueno, etc. Y además tenemos en el capítulo 22 la exposición de esa verdad tomista por antonomasia que es la identificación en Dios de la esencia y el acto de ser, verdadera fuente de donde se desprenden con una lógica aplastante los mayores predicados que podemos hacer acerca del ser divino.

A partir del capítulo 45 y hasta el final, el santo se ocupa de presentarnos la actividad inmanente de Dios en cuanto a su inteligencia y su voluntad. Capítulos de una finísima penetración que exigen la mayor atención de parte del lector, pues el santo va elaborando sus demostraciones haciendo pie en lo que antes expuso, de manera que el edificio se sostiene sólidamente en sus bases y si estas, que expuso en los primeros capítulos, no se entienden bien, después no se comprende el resto. Termina el santo con tres capítulos donde nos habla de la felicidad de Dios y cierra con esa expresión tan hermosa que dice:

Ipsi igitur qui singulariter beatus est, honor sit et gloria in saecula saeculorum. Amen.

Al que es, pues, singularmente bienaventurado, sea el hoor y la gloria por los siglos de los siglos. Amén.

 

¿Recomiendo la lectura de este primer libro? Por supuesto, de los 4, y de toda la obra de santo Tomás.

Se trata de un recorrido exquisito por la mente de un genio que nos habla de Dios y lo pone al alcance de la razón humana, tarea más que necesaria en un momento histórico como el nuestro en donde por todos lados se nos dice que la creencia en Dios debe desaparecer ante el avance de la “ciencia”. Ver la manera magníficamente coherente con que santo Tomás va, ahora sí, científicamente desglosando todo lo que la razón puede investigar sobre Dios, es no solo gratificante sino que nos fortalece en la fe y nos llena de argumentos para poder dar razón de nuestra esperanza.

 

Leonardo Rodríguez Velasco.

sábado, 15 de enero de 2022

Ejemplo de 'principios' en un artículo de la Suma de Teología

 En el artículo anterior describíamos una manera de leer los artículos de la Suma de Teología que consideramos bastante provechosa, y decíamos allí que uno de los elementos clave de esa lectura era identificar los principios que ST menciona a cada momento para de ellos inferir sus conclusiones o justificar su rechazo de opiniones de otros autores.

Para que quede un poco más claro vamos a hacer aquí un breve ejercicio, poniendo el texto del cuerpo de un artículo de ST y subrayando los principios que estén allí empleados:

Vamos a tomar el artículo 2 de la cuestión 75 de la primera parte, en el tratado sobre el hombre. Allí va a estudiar ST...


Utrum anima humana sit aliquid subsistens...de si el alma humana es subsistente...


Y responde ST...

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Es necesario afirmar que el principio de la operación intelectual, llamado alma humana, es incorpóreo y subsistente. Es evidente que el hombre por el entendimiento puede conocer las naturalezas de todos los cuerpos. Para conocer una clase de cosas es necesario que en la propia naturaleza no esté contenida ninguna de esas cosas que se va a conocer, pues todo aquello que estuviese contenido naturalmente impediría el conocimiento. Ejemplo: La lengua de un enfermo, biliosa y amarga, no percibe lo dulce, ya que todo le parece amargo. Así, pues, si el principio intelectual contuviera la naturaleza de algo corpóreo, no podría conocer todos los cuerpos. Todo cuerpo tiene una naturaleza determinada. Así, pues, es imposible que el principio intelectual sea cuerpo.


De manera similar, es imposible que entienda a través del órgano corporal, porque también la naturaleza de aquel órgano le impediría el conocimiento de todo lo corpóreo. Ejemplo: Si un determinado color está no sólo en la pupila, sino también en un vaso de cristal, todo el líquido que contenga se verá del mismo color.


Así, pues, el mismo principio intelectual, llamado mente o entendimiento, tiene una operación por sí, independiente del cuerpo. Y nada obra por sí si no es subsistente. Pues no obra más que el ser en acto; por lo mismo, algo obra tal como es. Así, no decimos que calienta el calor, sino lo caliente.


Hay que concluir, por tanto, que el alma humana, llamada entendimiento o mente, es algo incorpóreo y subsistente.

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Ponemos en rojo las partes del texto que corresponden a lo que hemos llamado principios, es decir, tesis que sustentan el desarrollo del artículo y fundamentan la respuesta que va construyendo ST.

En este denso artículo ST está nada más y nada menos que tratando de demostrar que el alma humana es subsistente, es decir, que existe de suyo, sin necesidad de un soporte, por decirlo de alguna manera; sin necesidad de que su existencia dependa de otro, como pasa por ejemplo con los accidentes que existen por la existencia del sujeto en el cual se dan.

En el artículo inmediatamente anterior ST se preguntó si el alma humana era alguna especie de cuerpo, si era una realidad corpórea, y contestó que no. Ahora en este artículo se pregunta si se puede decir que subsiste, y va a responder que sí, nos dice al final que "el alma humana, llamada entendimiento o mente, es algo incorpóreo y subsistente".

Pero, ¿cómo llega el santo a esa conclusión? Pues llega a través de un razonamiento en el cual las lineas señaladas en rojo juegan el rol de principios de la demostración, es decir, afirmaciones a partir de las cuales se infiere lo demás.

El primer principio subrayado es el fundamental, y es muy profundo. Aquí lo exponemos en forma rudimentaria para no hacer excesivamente largo este escrito.

¿Qué nos dice allí ST? Nos dice que para que la inteligencia pueda conocer la naturaleza de todos los cuerpos, como vemos que de hecho ocurre, se requiere que no tenga en sí la naturaleza de ningún cuerpo, es decir, que no sea ningún tipo de cuerpo, porque si así fuera entonces al ser de una naturaleza corporal determinada ello impediría que pudiera recibir o aprehender la naturaleza de los otros cuerpos. En otras palabras, para poder escribir sobre una pizarra primero debemos borrar lo que está escrito, porque lo que allí está escrito impide que podamos escribir encima de manera mínimamente legible. Para poder pintar de blanco una pared, debemos quitar primero el color rojo que tiene (o azul, o el que sea), o debemos pintar encima, el caso es que no puede estar pintada una superficie de dos colores al tiempo (las mezclas de colores es otro tema, componen un tercer color que no es ninguno de los dos o tres originarios). Si la inteligencia tuviera alguna naturaleza corporal, si tuviera la naturaleza de algún cuerpo, ello haría que la recepción de la naturaleza de otro cuerpo fuera imposible (en el sentido de aprehensión de una formalidad). ¿Y entonces no podemos conocer muchas cosas? Sí, claro, esa es la función de la memoria intelectual, conservar en la potencia intelectiva las intenciones previamente entendidas a manera de tesoro al cual podemos recurrir cuando razonamos. Pero simultáneamente no se conocen dos cosas, a no ser que se entiendan como un todo, es decir, bajo cierta manera de unidad, como cuando miramos un bosque, no es que estemos mirando muchos árboles tomados individualmente, no, los estamos mirando en conjunto y en cuanto conforman un conjunto. Si quisiéramos ver un árbol en particular tendríamos que enfocar la mirada en dicho árbol y por consiguiente dejar de ver los otros.

Este es el principio fundamental con el cual va ST a fundamentar la afirmación que hace más adelante de que "es imposible que el principio intelectual (la inteligencia, potencia del alma) sea cuerpo".

Y habiendo establecido que el principio intelectual o inteligencia en su obrar se revela como ajeno a toda naturaleza corporal, es decir, incorpóreo, establece, mediante otro principio (nada obra por sí si no es subsistente) que el alma humana, de donde emana la potencia intelectiva, ha de ser una realidad subsistente, puesto que para tener independencia en el obrar se requiere una independencia en el ser (para que los adolescentes sean independientes en su obrar, deben primero lograr una independencia en su ser, autonomía financiera, etc., pero mientras se vive DE los padres, la dicha independencia del obrar no pasa de veleidad de juventud).

Resumen: la inteligencia es potencia no corporal, que obra independientemente del cuerpo y, por ende, el alma humana, de donde emerge la inteligencia como potencia propia, ha de ser subsistente, es decir, independiente en el ser respecto del cuerpo, puesto que ejecuta operaciones de manera independiente, para lo cual requiere la dicha independencia y lo cual postula la subsistencia.

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He aquí entonces un ejemplo de lo que queremos decir cuando recomendamos realizar siempre el ejercicio de identificar principios dentro de los artículos de la Suma, ello nos ayuda a ir al corazón de la prueba y a mirar, dentro de lo posible, dentro del mismo proceso lógico que siguió ST en la construcción de su respuesta.


Leonardo Rodríguez Velasco 


lunes, 10 de enero de 2022

Cómo leer un artículo de la Suma de Teología de santo Tomás

Cuando uno abre por primera vez la Suma de santo Tomás (ST) se lleva varias sorpresas. La primera es que se trata de un libro enorme, en latín abarca cinco gruesos tomos y en la edición bilingüe (la más accesible a la mayoría que desconoce el latín) comprende 16 tomos. Entonces se puede uno desanimar ante semejante obra tan voluminosa, ¿por dónde empezar? ¿Leer de corrido o ir tomando apuntes? ¿Usarla como lectura espiritual o de estudio? ¿A dónde ir si no entiendo algo? ¿Quién me explica el vocabulario escolástico, materia, forma, acto, potencia, causa, ente, ser, esencia, etc.? 

Pero no queda ahí la cosa, porque a las dificultades señaladas arriba se junta el mismo formato en que está escrita. Porque estamos acostumbrados a que al abrir un libro este se nos presente organizado en forma de capítulos. En ocasiones un conjunto de capítulos sobre un mismo asunto se agrupan a su vez en libros o partes. Y ya está. Cada capítulo toma una o algunas ideas y las expone, las argumenta, las desarrolla. Pero la Suma es distinta. La Suma está organizada a simple vista de una manera que desconcierta al recién llegado. 

Para decirlo brevemente la Suma se divide en tres grandes partes, y como la segunda parte es tan grande se subdividió en dos, lo que significa que nos encontramos la Suma dividida en 4 partes realmente, cuyos nombres tradicionalmente son los siguientes: primera parte, primera parte de la segunda parte, segunda parte de la segunda parte y tercera parte. Tan simple como eso.

Pero resulta que cada una de las 3 (o 4) partes está dividida en cuestiones y cada cuestión en artículos; de manera que por ejemplo la primera parte tiene 119 cuestiones, y de esas 119 cuestiones la primera, por poner un ejemplo, se divide en 10 artículos.

Para mayor comodidad del lector se suelen agrupar en tratados aquellas cuestiones que evidentemente estudian un mismo tema. Por ejemplo en la primera parte, las cuestiones desde la segunda hasta la 26 se suelen llamar "Tractatus de Deo Uno", o sea tratado acerca de Dios Uno, y se dice uno porque las siguientes cuestiones a partir de la 27 y hasta la 43 estudian la Santísima Trinidad, es decir el "Tractatus de Deo Trino".

Bien, hasta aquí los elementos genéricos de las divisiones y subdivisiones que nos encontramos al abrir la Suma. Ahora viene una dificultad más de fondo, y tiene que ver con la naturaleza de cada uno de los artículos (artículos que se agrupan en cuestiones, cuestiones que se agrupan en tratados, tratados que se agrupan en partes, partes que son 3 - o 4 - y que conforman la Suma). Un artículo es como una especie de obra maestra que consta de varias partes (los escolásticos eran amantísimos de las distinciones):


1. Un encabezado que normalmente plantea el tema del artículo y que suele comenzar con la palabra "utrum", es decir, si...tal cosa. Por ejemplo el artículo 3, de la cuestión 2, de la primera parte, donde expone sus pruebas de la existencia de Dios, comienza así "utrum Deus sit"...como si dijéramos "acerca de si Dios existe".

2. Luego vienen una serie de argumentos normalmente en contra de la postura que santo Tomás va a defender. Y es que los escolásticos en esto eran muy honestos, en vez de silenciar las objeciones en contra las exponían de primero y en toda su fuerza, no fabricando muñecos de paja como solemos hacer hoy con gran cobardía y pereza.

3. En seguida viene el "sed contra"...'pero contrario a esto'...que es un breve párrafo en el cual ST pone una cita de alguna autoridad, que puede ser un teólogo anterior a él, como san Agustín por ejemplo, o un filósofo como Aristóteles o un texto de la Sagrada Escritura, estando dicha cita a favor (generalmente) de la postura que a continuación va a defender ST.

4. Luego viene el punto cumbre del artículo, llamado el cuerpo del artículo, donde ST da su respuesta al asunto tratado en el artículo y anunciado desde el encabezado "utrum". Aquí es donde ST despliega toda su genialidad, procede metódicamente en su respuesta, expone los principios que lo apoyan y va desgajando minuciosamente las consecuencias de esos principios y elaborando con gran cuidado su respuesta.

5. Finalmente después de dar su respuesta al asunto procede a responder una a una todas las objeciones en contra que planteó al inicio, recurriendo a los mismos principios que estableció en la respuesta o a otros establecidos en anteriores artículos o fundamentados en Aristóteles o alguna autoridad.


Esa es la estructura de un artículo, en términos muy generales y explicada del modo más sencillo posible. Eso es lo que nos encontramos cuando abrimos la Suma, un conjunto de artículos que parece interminable, son más de 2000 en total. Y las objeciones en contra más sus respectivas respuestas dicen los que las han contado que son más de 10000. Casi nada.


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Entonces ahora sí vamos a la pregunta que encabeza este escrito, ¿cómo leer un artículo de la Suma?


Hay varias maneras de hacerlo, obviamente, mejores o peores. 

1- En primer lugar, y fue lo que yo hice por mucho tiempo, está la manera que consiste en leer el encabezado, para saber de qué trata, y luego ir directa y únicamente a la respuesta que da santo Tomás, al cuerpo del artículo; leerlo y listo, quedarse con la respuesta en términos generales y pasar al siguiente. Esta es la manera más, digamos, superficial de leer el artículo, se queda uno con una idea muy vaga del asunto tratado y del pensamiento de ST al respecto. 

2- En segundo lugar está la manera que consiste en leer el encabezado, dar una mirada rápida a las objeciones iniciales, luego leer detenidamente la respuesta de ST tratando de comprenderla a fondo, y finalmente dar una mirada también rápida a las respuestas de ST a las objeciones del comienzo. Esta manera de leer el artículo es una mejora respecto de la anterior, pero adolece aún de cierto afán, de cierta falta de verdadero trabajo intelectual. Muchos que superan la primera etapa no pasan de esta y permanecen años leyendo de esta manera, no progresan realmente mucho en el pensamiento del maestro.

3- Finalmente, una tercera forma de leer el artículo consiste en poner atención en primer lugar a la cuestión entera. De qué tema trata la cuestión que luego se va a dividir en artículos. Identificar con claridad el sujeto temático, por decirlo de alguna manera. Cuántos artículos le está dedicando ST a ese tema, cuál es la ubicación de la dicha cuestión en el edificio total de la Suma, es decir, en qué "tractatus" se halla, en qué parte. Luego mirar con detenimiento los artículos, cada tema, incluso el orden en que ST ubica los artículos dentro de una cuestión nos enseña bastante de la mente del angélico. 

Después de este trabajo "introductorio", iremos ahora sí al artículo, y lo primero es tratar de comprender exactamente de qué trata, cuál es el tema, el "utrum". Muchas veces no se entiende a fondo la respuesta de ST porque en primer lugar no se ha entendido bien cuál es el tema sobre el que ST se está pronunciando. Conviene aquí preguntarnos incluso por los términos usados por ST en el "utrum". Luego de haber hecho un real y consciente esfuerzo por captar el asunto que tiene el santo entre manos, conviene hacer lo mismo con las objeciones, son objeciones fuertes, de otra manera ST no las hubiera puesto allí, ST no hacía como nosotros que siempre queremos responder a las objeciones más sencillas. No. Él hacía al revés, para que mejor resplandeciera la fuerza y verdad de su respuesta se preocupaba por poner contra ella las mejores objeciones de su tiempo y tomadas de los mejores autores. Cero cobardía, plena confianza en la verdad. Debemos entonces comprenderlas, leerlas incluso dos y tres veces hasta entender exactamente su sentido. Luego viene el "sed contra", cita de una autoridad normalmente a favor de ST, textos siempre preciosos, condensados de doctrina que conviene mucha veces incluso memorizar.

Ya con eso estamos preparados para acercarnos a la respuesta del santo. El cuerpo del artículo. Aquí conviene leer con calma, sin afán. Si ese día estamos de afán es mejor parar la lectura y retomarla después. Porque se requiere toda la atención de la que seamos capaces, muchas veces el sentido de una frase o de todo un párrafo está escondido en un verbo, en un adjetivo, que si se lee a las carreras nos va a dificultar la captación de lo que el santo está tratando de explicar. Entonces ante todo atención. Lectura pausada. Y releer. Pero sobre todo leer tratando de identificar aquellos renglones o párrafos enteros en los que ST menciona un principio a partir del cual realiza luego una deducción para fundamentar su respuesta. Los artículos de la Suma están pletóricos de renglones que enuncian principios elementales de metafísica, de lógica, de filosofía de la naturaleza, de antropología, etc. Y son dichos principios los que le permiten ir construyendo sus respuestas, pues el ST jamás afirma algo gratuitamente, sino que todo lo que afirma como respuesta o como refutación de alguna objeción, lo afirma bien fundamentado y explicitando allí mismo el principio que le sirve de soporte. Es de la mayor importancia ejercitarse en la identificación de dichos principios, son como el corazón que va dando sustento a lo dicho por ST.

Finalmente conviene no pasar por alto las respuestas que da santo Tomás a las objeciones. También allí se encuentran siempre tesoros condensados de doctrina, incluso a veces algunas de las respuestas con tan interesantes y ricas en doctrina como el mismo cuerpo del artículo.

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Esta tercera forma de leer los artículos de la Suma es la que creemos más completa y edificante, aunque sabemos que no es la más sencilla. Requiere esfuerzo, constancia, y eso que hoy los psicólogos llaman tolerancia al fracaso, puesto que en muchas ocasiones sentiremos que literalmente no estamos entendiendo nada. Esa sensación va disminuyendo con el tiempo pero nunca desaparece del todo, porque la distancia que hay entre la cabeza de ST y nuestras pobres cabecitas "posmodernas" es inmenso. Pero algo se puede alcanzar y vale la pena.


Leamos a ST, poco a poco, sin temor, pidiendo siempre a Nuestra Señora, sede de la sabiduría, que no ayude a entender aunque sea un poquito, ya que ese poquito será en sí mucho mayor que las toneladas de eso que hoy llaman "información", porque aunque poco, se trata de sabiduría.


Leonardo Rodríguez Velasco

 

miércoles, 17 de junio de 2020

Recopilación de obras sobre Tomás de Aquino

Las siguientes obras biográficas y expositivas ayudan a aproximarnos a la figura de santo Tomás de Aquino. Hay un par de ellas en inglés, esperamos sean de utilidad a quienes puedan leer en ese idioma. Ya se han compartido en este blog individualmente, se reúnen aquí en un solo 'post' para comodidad del interesado.











Leonardo R.


jueves, 11 de junio de 2020

Material para la biografía de Tomás de Aquino

Vuelvo a compartir acá una entrada del año pasado en la que compartimos algunas obras biográficas sobre santo Tomás. Son las mismas que menciono en los videos. (Animo a adquirir las versiones en físico, la lectura se hace más agradable)


https://itinerariummentis1.blogspot.com/2017/11/recopilacion-de-obras-sobre-tomas-de.html

viernes, 15 de mayo de 2020

¡NUEVO LIBRO!

Hay iniciativas que es importante resaltar por su gran valor.

Queremos presentar aquí una colaboración hecha por un lector del blog en España. Se trata de una versión en PDF del conocido libro de Garrigou-Lagrange, La Síntesis Tomista, de la cual hasta hoy solo se podían conseguir en Internet versiones escaneadas. Nuestro estimado lector, luego de un notable esfuerzo de alrededor de cinco meses, ha transcrito el texto en su totalidad, resultando así una versión digital mucho más amigable con el lector. 

Se trata sin lugar a dudas de un gran aporte a la difusión del pensamiento tomista, que agradecemos enormemente. 

¡Dios le compense el esfuerzo!


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domingo, 5 de abril de 2020

LIBRO: Doctrina de santo Tomás de Aquino sobre la verdad

Nada mejor en tiempos de cuarentena que aprovechar para volver a los fundamentos de las cosas, y nada más fundamental que el tema de la verdad. 

Compartimos aquí una introducción-traducción de la primera cuestión del "De Veritate" de santo Tomás de Aquino, hecha por el tomista español Jesús García López.

clic en la imagen

jueves, 7 de noviembre de 2019

¿Qué orden seguir en el estudio de la filosofía? (Para Rodrigo)


En varias ocasiones me han preguntado por el orden más conveniente para estudiar o al menos para comenzar a familiarizarse con la filosofía de santo Tomás de Aquino. No soy autoridad en este tema ni mucho menos, pero tanto me lo preguntan que voy a intentar dar una respuesta al menos desde mi humilde experiencia.

Considero que lo mejor es empezar con la biografía de Tomás, hay varias de gran valor. La biografía de Tomás permite acercarse a su lado humano, para situar ideas en el contexto de su autor y comprender mejor por qué escribió como lo hizo y por qué le interesaron los temas sobre los que escribió. Eso es importante. Además la vida de santo Tomás por sí sola fue tan interesante, que conociéndola aumenta en el lector el interés por profundizar en su obra.

Luego de la biografía creo que es buena idea empezar a leer los escritos de Tomás, aunque al principio no entendamos todo al cien por ciento.  Tomás escribe con tanta claridad que incluso para quien nunca lo ha leído, muchas de las cosas que escribe son perfectamente comprensibles. Nada que ver con esos filósofos que escriben tan enredado que uno los lee y se siente un completo idiota porque no entiende ni media palabra, o casi.

Yo diría que se puede comenzar a leer la Suma Teológica. Es un libro que aborda temas muy profundos, sin duda, pero muchas de sus páginas son de una sencillez asombrosa, al alcance de cualquiera. Podemos al mismo tiempo irnos familiarizando con el lenguaje de Tomás y con la forma de resolver las preguntas que él mismo se va formulando.

Será de mucha ayuda acompañar este proceso con la lectura de autores de línea tomista que hayan explicado sistemáticamente el pensamiento de Tomás o que hayan profundizado en algún punto en particular desde la óptica de Tomás de Aquino. Particularmente recomendables son algunos autores como el padre Reginald Garrigou-Lagrange, dominico francés, gran tomista del siglo XX. Son de fácil consecución sus libros en Internet, aunque siempre recomiendo que se haga lo posible por obtenerlos en físico, porque nada podrá sustituir la experiencia de poder tener el libro en nuestras manos, subrayarlo  y estudiarlo cómodamente sin la intermediación de una pantalla. Otro autor que nos puede presentar un panorama general del pensamiento de Tomás es el también francés Etienne Gilson, sus libros se consiguen asimismo con facilidad.

La ventaja que tiene apoyarse en este tipo de autores es que nos permiten hacernos una visión de conjunto de las principales ideas de Tomás, y aunque entre los autores llamados tomistas no todo ha sido uniformidad de pareceres e interpretaciones, no obstante nos ayudan a ver como “sinópticamente” la obra tomista y esto es un apoyo valioso porque llegar por uno mismo a tener esa visión de conjunto requeriría leer prácticamente toda la obra tomista (varios volúmenes), cosa que no todos podemos hacer, sea por falta de tiempo o simple y llanamente porque es demasiado y se corre el riesgo del desánimo. Somos humanos.

Con el paso del tiempo uno va conociendo la existencia de muchos autores tomistas, sus obras y sus aportes, y va aprendiendo a seleccionar entre toda esa espesa selva aquellos materiales con los cuales quiere ir complementando su aproximación a Tomás. De todos se puede extraer algo bueno.

Hacer aquí una lista de autores sería largo y muy subjetivo, pues reflejaría simplemente mi camino en el tomismo. En este blog he compartido muchos de los libros que he ido leyendo, puede con ellos hacerse el lector una idea de los autores más relevantes.

Ya entrando propiamente en las temáticas filosóficas recomiendo, y no yo sino los que más saben de estas cosas, hacerse a una buena historia de la filosofía, luego abordar, más o menos en este orden, la lógica, la filosofía de la naturaleza, la antropología filosófica, la ética, la filosofía del conocimiento, la metafísica y, finalmente, la teología natural. Lo anterior no es camisa de fuerza, solo una recomendación que responde al orden más o menos natural que se encuentra en la misma realidad de las cosas, pues se inicia con el estudio del instrumento necesario, la lógica, y se asciende hasta la causa última de todo lo real, Dios conocido por medio de la luz natural de la razón, que se estudia en la teología natural, culminación de la metafísica. La historia de la filosofía se puede ir leyendo a medida que se avanza, para ir ambientando los temas y contrastando lo que vamos aprendiendo de Tomás con lo que han dicho otros antes y después de él.

En mi caso siempre estoy repasando cuestiones de lógica y de filosofía del conocimiento. Me parecen dos líneas fundamentales, literalmente hablando. Muchos errores en metafísica, y por ende en teología natural, provienen de malas inteligencias a nivel de elementos de lógica y filosofía del conocimiento.

No es un camino que se recorra en un tiempo corto. Se requieren años, por eso considero importante no seguir esquemas rígidos que pudieran luego de un tiempo causar desánimo y hastío. Con esquemas rígidos me refiero al caso de aquél que quisiera desde el inicio someterse a una disciplina estricta de lectura semanal, con un calendario establecido de temas y fechas. No. Cierta flexibilidad ayudará a mantener vivo el interés y alejado el desaliento. Si un buen día de repente no deseas leer nada no hay problema, todos tenemos muchas otras ocupaciones que pertenecen a nuestros deberes de estado y que no podemos dejar de lado, evidentemente. Además tenemos obligaciones hacia nuestros familiares y seres queridos, como pasar tiempo con ellos, por ejemplo. Nada de esto se puede descuidar pues se generaría un desbalance que tarde o temprano llevaría todo al fracaso. Conservar una sana “vida social” es fundamental para quien quiere ser lector de santo Tomás. Los afanes y necesidades de nuestra terrenal vida son tan fuertes, urgentes e insoslayables, que quien pretende ignorarlos para ir en pos de un ascetismo literario puro, se estrella de frente contra la realidad, que no perdona. Así que conviene guardar las proporciones y no descuidar ninguna faceta de nuestra vida.

Muchas otras cosas pudiera señalar aquí a manera de consejos para quien se inicia en la lectura de Tomás, pero vamos a dejarlo hasta aquí para no abusar de la paciencia del amable lector.

¡Mucho ánimo en la ardua tarea de ser discípulo de Tomás!


Leonardo Rodríguez Velasco.