miércoles, 4 de abril de 2018

Acerca del lenguaje 'rimbombante'

El otro día hablando con un amigo acerca de la vida hogareña me preguntaba cuál oficio de casa me agradaba hacer, le contesté que lavar los platos sucios. Y procedí a explicarle mi método...

"Manejo dos metodologías diversas para llevar a cabo dicha tarea, la una procede mediante una estrategia topográfica y la otra mediante una estrategia más bien categorial. A su vez, dentro de la metodología topográfica procedo ya sea de manera topográfica-descendente o topográfica-periférica. El modo topográfico descendente consiste en ir lavando primero los platos que están cerca a la llave del agua y dificultan la logística de la operación. Una vez liberado el espacio inmediato, procedo a iniciar el lavado topográfico periférico, que consiste en lavar los platos que están fuera del lavaplatos, en estricto orden centrípeto.

La estrategia categorial, por otro lado, consiste en dividir los platos sucios en tipos: cucharas, platos, vasos, cuchillos, etc. Y lavarlos siguiendo un movimiento aleatorio, pero buscando agotar siempre cada categoría antes de abordar la siguiente.

Al finalizar el proceso procedo a limpiar la superficie que sirve de soporte a la operación".

Más o menos eso le dije. Mi amigo me miró atónito y dijo: ¿qué?


De forma rimbombante se puede hablar acerca de todo. Y todos conocemos personas que buscan siempre hablar usando palabras rebuscadas o innecesariamente técnicas, con el fin de dar con ello la impresión de ser muy "inteligentes", "conocedoras", "cultas", "leídas", etc. 

Yo pienso distinto. Alguien dijo, no sé quién, que la claridad era la cortesía de la inteligencia, o algo así. Y es verdad. La palabra se ha hecho para expresar y comunicar, y la innecesaria rimbombancia de los discursos y de los escritos dificulta no pocas veces esos objetivos y vuelve vano el diálogo, que eso son a fin de cuentas los escritos y los discursos: formas de diálogo.

Decía yo al inicio de mi libro Amor por la sabiduría, que me causaban asombro esos textos de introducción a la filosofía que resultaban muy difíciles de entender, al punto que casi había que ser ya conocedor de la filosofía y su lenguaje propio, para poder comprender esas "introducciones". Parecían libros escritos para expertos en el tema, no para principiantes. Tenían el título mal puesto. Y eso pasa más a menudo de lo conveniente, lastimosamente. 

Unas veces lo que hay detrás es simple soberbia, orgullo de querer parecer más inteligente que los otros, superior, 'culto'. Lo cual es una completa idiotez, porque quien actúa así da muestras de una ignorancia mucho más profunda que la académica, la ignorancia de la sencillez y de la humildad, que son las virtudes que hacen verdaderamente bella un alma. Los soberbios son feos de alma, que es la peor forma de fealdad que existe.

Otras veces pasa por querer encajar en ciertos grupos 'sociales'. Entonces se cae en la utilización hueca de una jerga abstrusa que parece querer decir mucho y bien, y acaba diciendo poco y mal. 

Sea por lo uno o por lo otro, lo cierto es que buscar la complejidad en las palabras, por la creencia falsa de que complejidad equivale a inteligencia, es una de las formas más eficaces de reconocer cuando se está frente a alguien que seguramente no nos aportará nada en nuestra formación. Huyamos de los rimbombantes, busquemos en todo la sencillez. Sencillez en la palabra, sencillez en la idea y sencillez en el modo de vivir.


Leonardo Rodríguez



domingo, 25 de marzo de 2018

Religión y libertad

La palabra libertad goza hoy de una fama abundante y todopoderosa. El poder que esa palabra tiene sobre los espíritus es inmenso y avasallador. Pareciera que todo en la sociedad ha de ordenarse con el fin de "salvaguardar la sagrada libertad humana". He ahí el centro alrededor del cual se quiere que todo gire.

Pero habrá notado el amable lector que hemos dicho "la palabra libertad..." y no la libertad, a secas. Lo anterior debido a que estamos convencidos de que lo que hoy se suele entender bajo el concepto de libertad está lejos de lo que nuestros mayores nos transmitieron. Y se trata además de un concepto tan gaseoso, tan indefinido, tan dejado al capricho de cada uno, que prácticamente ha venido a no significar nada queriendo significarlo todo.

¿Y qué tiene que ver la religión, ya que es el otro concepto que aparece en el título de la entrada? Pues que hoy son muchos los que están convencidos de que no hay entendimiento posible entre religión y libertad humana, ya que la religión, y particularmente la católica por supuesto, es la enemiga número uno de la libertad humana. Libertad y religión serían antitéticas. 

¿De dónde ha venido ese convencimiento de la supuesta oposición entre religión y libertad? La historia es larga y no podemos contarla toda aquí, ni siquiera resumidamente sin abusar de la paciencia del lector. Diremos no obstante que el concepto de lo que es la libertad ha venido sufriendo una serie de transformaciones que si bien han comenzado en la mente de los filósofos y escritores más renombrados de cada época, se han visto igualmente influenciadas por los cambios culturales ocurridos desde el Renacimiento. Generándose así un movimiento cíclico: de la mente de algunos pensadores han partido ideas que han generado cambios; esos cambios a su vez han impregnado el ambiente cultural y han influido el trabajo de los pensadores.

Pero esto es demasiado teórico y no gusta al hombre moderno que es más bien práctico. De manera que hoy ya no se dan grandes construcciones teóricas para mostrar una supuesta incompatibilidad entre religiosidad y libertad (a no ser entre una cierta "élite" de "filósofos" o divulgadores "científicos"), sino que más bien lo común es señalar algunos "conflictos" históricos (tipo 'Galileo') entre ciencia y fe, religión y libertad, teología y progreso, etc., para luego de una lectura superficial de los hechos y de una interpretación sesgada y parcial, sacar cómodamente como conclusión que la libertad humana florece solo cuando la religión es sometida a unos límites lo más estrechos posibles, convenientemente controlados por las "leyes" de los Estados.

Y se llega así al convencimiento de que no hay libertad en la religión y no hay religión en la libertad. Sutilmente se convierte en culto religioso la defensa de la libertad, o de eso que hoy se entiende por libertad.

Estando ya en plena celebración de la semana santa o semana mayor, arrecian por todas partes los ataques, a veces viles a veces "cultos", contra la religión, sacando a relucir pretendidos crímenes, persecuciones, tormentos, represión, hogueras inquisitoriales y un largo etcétera. Invitando a deshacernos de una vez por todas del yugo opresor de la teología y de la iglesia.

Olvidan estos que precisamente ha sido la iglesia por boca de sus maestros, doctores y pontífices, la institución que más alto y más claro ha hablado en defensa de la libertad humana, sí, así con mayúscula, porque es la única institución que comprende rectamente ese concepto, en toda su profundidad y en su enraizamiento metafísico.

Para convencerse de ello basta con dar una mirada seria a los grandes filósofos y teólogos católicos, santo Tomás de Aquino el primero, para constatar el ardor con que han defendido el libre arbitrio, la libertad, la responsabilidad individual, base indispensable del edificio moral católico. Al lado de ese sólido cuerpo doctrinal, las cavilaciones de la modernidad en torno a la libertad humana, desde Guillermo de Ockham hasta los neurocientíficos más recientes, parecieran más bien un intento por escapar de la libertad para refugiarse en alguna cómoda esclavitud, ya sea la de las ideas claras y distintas de Descartes o la de las redes neuronales y sus interacciones físico-químicas. 

Intento de huida en el cual, paradójicamente, el que huye lo hace corriendo directamente hacia las cadenas del idealismo, por un lado, o del materialismo cientificista, por otro. Ambas cárceles cómodas en cuanto le prometen el goce irrestricto de su capricho soberano, al tiempo que, en cuanto cárceles, lo condenan a no salir nunca de sí mismo, hacia las manos amorosas del Creador. A eso llaman hoy libertad.

En este orden de ideas es lógico que se consideren libertad y religión como conceptos contradictorios, puesto que la religión (la católica) tiene como finalidad conducirnos a Dios, sacándonos de nosotros mismos y arrancándonos de las garras del capricho voluntarista individual, única manera de realizar la libertad en plenitud, como retorno a Dios. La verdad os hará libres, dijo Cristo.

Se seguirán oponiendo religión y libertad el tiempo que dure la modernidad concibiendo al libertad como ejercicio del capricho voluptuoso e irresponsable, no viendo que precisamente la libertad es la posibilidad de movernos en el reino del bien, calcado del reino de la verdad, calcado a su vez del plan de Dios sobre los hombres.

Que esta semana santa sirva para acercarnos a Dios, destino último de todo ejercicio legítimo de la libertad humana.


Leonardo Rodríguez.

miércoles, 14 de marzo de 2018

Muere Stephen Hawking



Ha muerto Stephen Hawking, gran físico teórico y astrofísico británico. Conocido por su especial silla de ruedas a la cual estuvo atado durante gran parte de su vida debido a la esclérosis lateral amiotrófica que le diagnosticaron desde los 21 años.

Esperamos que Dios haya tenido misericordia de él. Su postura personal respecto de Dios es conocida, en varias ocasiones se declaró ateo, según él la ciencia lo había llevado a esa conclusión. Confundía evidentemente dos planos epistemológicos distintos, filosofía y ciencia.

Una oración por su alma, sede de una poderosa inteligencia.


sábado, 10 de marzo de 2018

Oración de santo Tomás para el estudio


Creator ineffabilis, qui de thesauris sapientiae tuae tres Angelorum hierarchias designasti, et eas super caelum empyreum miro ordine collocasti, atque universi partes elegantissime distribuisti: Tu, inquam, qui verus Fons Luminis et Sapientiae diceris, ac supereminens Principium, infundere digneris super intellectus mei tenebras, tuae radium claritatis, duplices, in quibus natus sum, a me removens tenebras, peccatum scilicet, et ignorantiam. Tu, qui linguas infantium facis disertas, linguam meam erudias atque in labiis meis gratiam tuae benedictionis infundas. Da mihi intelligendi acumen, retinendi capacitatem, addiscendi modum et facilitatem, interpretandi subtilitatem, loquendi gratiam copiosam. Ingressum instruas, progressum dirigas, egressum compleas: Tu qui es verus Deus et homo, qui vivis et regnas in saecula saeculorum. Amen.

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Creador Inefable!
Tú, que eres la verdadera fuente
De luz y de sabiduría
Y el principio supremo
Dígnate infundir
Sobre las tinieblas de mi inteligencia
El resplandor de tu
Claridad, apartando de mí la
Doble oscuridad en que he nacido:
El pecado y la ignorancia


Tú, que haces elocuente la
Lengua de los niños, educa
También la mía e infunde en
Mis labios la gracia de tu bendición


Dame agudeza para entender,
Capacidad para asimilar,
Método y facilidad para aprender,
Ingenio para interpretar
Y gracia copiosa para hablar.

Dame acierto al empezar;
Dirección al progresar
Y perfección al acabar.
Tú, que eres verdadero Dios
Hombre que vives y reinas
Por los siglos de los siglos.
Amén