sábado, 23 de mayo de 2015

LIBRO: La Suma Teológica en un solo volumen


Les presento en un solo volumen la Suma Teológica de santo Tomás (4512 páginas).

Personalmente les aconsejo leer a diario al menos un artículo de la Suma. Su lectura no solo ilumina la inteligencia sino que le da un piso firme a la devoción, cosa muy necesaria en tiempos como los nuestros en que el sentimentalismo vacío de origen protestante ha invadido en gran medida a muchos católicos.

(Visto en la excelente página de www.obrascatolicas.com )

¿Qué es la abstracción?: breve léxico tomista

Abstracción:

Etimológicamente equivale a separación. En general, indica la consideración de una cosa dejando a un lado o prescindiendo de otra. Es una de las principales actividades que realiza el entendimiento para adquirir las ideas universales a partir de los datos particulares presentados en los «fantasmas» de la imaginación.

Abstracción total se llama a la que tiene lugar cuando el entendimiento separa el universal de sus inferiores o de sus diferencias; hombre, por ejemplo, abstrae de las diferencias numéricas y animal de las diferencias específicas. Se denomina total porque lo abstraído se concibe como un todo que contiene implícita y potencialmente los inferiores de los que abstrae.

La abstracción formal se da cuando se separa una forma o una determinación de un sujeto, v.gr.: humanidad, de hombre; blancura, de un sujeto blanco.


Hay tres grados de abstracción, de acuerdo con los tres planos de inteligibilidad: físico, matemático y metafísico. De ahí que se distingan también tres géneros de ciencias (cf. In Boethium de Trín. q.5 a.l).


(Texto tomado del breve léxico puesto al final de la edición de la Summa Teológica de la BAC)


Santo Cura de Ars, sobre la contrición


Desgraciado de mí, que tanto he pecado en mi vida.
(De Las Confesiones de San Agustín, lib. II, c. 10)

Tal era el lenguaje de San Agustín cuando discurría sobre los años de su vida en los que, con tanto ardor, se había entregado al infame vicio de la impureza. « ¡Ah! ¡Desgraciado de mí, pues tanto he pecado en los días de mi vida!» Y cuantas veces le acudía tal pensamiento, sentía su corazón devorado y desgarrado por el dolor. «¡Oh, Dios mío! –exclamaba-, ¡una vida pasada sin amaros! ¡Oh, Dios mío, cuántos años perdidos! ¡Ah! Señor, ¡ruégoos que os dignéis no acordaros más de mis culpas pasadas!» ¡Ah! lágrimas preciosas, ¡ah! dolores saludables que de un gran pecador hicieron un gran santo. ¡Oh !¡ cuán pronto un corazón quebrantado de dolor recupera la amistad de su Dios! ¡Ah! pluguiese a Dios que, cuantas veces ponemos nuestros pecados ante nuestros ojos, pudiésemos exclamar con tanta pena como San Agustín: ¡Ah! ¡Desgraciado de mí, pues tanto pequé en los años de mi vida! ¡Dios mío, tened misericordia de mí! ¡Oh! ¡Cuán fácilmente correrían nuestras lágrimas, y nuestra vida no parecería la misma! Sí, convengamos todos, con tanto dolor como sinceridad, en que somos unos criminales dignos de atraer toda la cólera de Dios justamente irritado por nuestros pecados, tal vez más numerosos que los cabellos de nuestra cabeza. Más ¡bendigamos para siempre la misericordia de Dios que con sus tesoros nos proporciona tan eficaz recurso contra nuestra desdicha! Sí, por grandes que hayan sido nuestros pecados, por desordenada que haya sido nuestra conducta, tenemos la seguridad de ser perdonados, si, a semejanza del hijo pródigo, nos arrojamos con un corazón contrito a los pies del mejor de todos los padres.


(Tomado de un sermón del santo Cura de Ars)


viernes, 22 de mayo de 2015

(6) Perlitas de filosofía

La metafísica estudia el ser como tal; y por esa razón precisamente debe estudiar la causa del ser. Por eso su parte más elevada, que es como su coronamiento, se ocupa de Aquel que es el mismo Ser subsistente. Esta parte de la metafísica se llama teología natural (ciencia de Dios en cuanto Él es accesible a la razón natural, o como causa de los seres y autor del orden natural).

(Jacques Maritain).

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Pocas afirmaciones harán enojar tanto al filósofo moderno como la que encabeza esta 'perlita'. Muchos de ellos incluso se sentirían realmente ofendidos si se les dijera que la parte más elevada y el coronamiento de su querida filosofía es, nada más y nada menos, el estudio de Dios, fuente de todo ser.

El proceso histórico que ha llevado a esta situación ha sido largo y complejo. Más o menos desde la época de Guillermo de Ockham durante la primera mitad del siglo XIV, la filosofía (o lo que se comenzó a llamar filosofía desde entonces) se desentendió de las cuestiones metafísicas por medio de un criticismo desbocado de los propios límites de la razón humana. Ockham fue de los primeros en negar que la metafísica fuera una ciencia, después de lo cual la suerte de la teología estaba echada.

Descartes, en el inicio de la era moderna, negó la teología; cosa que también hicieron los empiristas ingleses. El proceso culmina en Kant (siglo XVIII), quien acaba por declarar ya definitivamente (o al menos eso creía él) que la teología y la metafísica son todo menos ciencias en el sentido más moderno de la palabra ciencia. Nada ha cambiado en ese aspecto después de Kant.

En nuestros días, los filósofos actuales son herederos de esa triste tradición. Y por eso la afirmación que encabeza esta 'perlita' los hará enojar, sentirse ofendidos o por lo menos voltearán a mirar con lástima a quien afirme tal cosa. Lo se por propia experiencia.

Y sin embargo es cierto. El encuentro con Dios como fuente del ser de todas las cosas es el punto culminante de toda aventura filosófica que no se haya desviado en ninguna parte del camino. 

Y lo anterior se debe a que, siendo la ciencia un conocimiento por medio de las causas, es natural que la filosofía, que estudia el ser, busque llegar hasta la causa del ser, como bien afirma Maritain. Y en ese esfuerzo de la inteligencia por ascender hacia la fuente cristalina del ser, las mejores mentes del mundo han descubierto al Creador, el Ser Supremo. Nada más natural.

(El texto inicial está tomado del libro "Introducción a la filosofía", de Maritain).


Leonardo R.