jueves, 3 de octubre de 2013

Dios escogió a María para ser la criatura más perfecta.



Luego has de considerar cómo Dios nuestro Señor, en su eternidad, escogiendo a esta Señora para ser Madre suya, juntamente la escogió para ser vaso excelentísimo de misericordia, en quien depositase todas las grandezas de gracia y gloria que convenían á Madre de tal Hijo; y por consiguiente las mayores que se concediesen a una pura criatura. Por esto se dice de Ella que es escogida como el sol porque como el sol es único y singular en sus excelencias entre todas las estrellas, así la Virgen fue escogida para ser única y singularísima en los dones de gracia entre todas las puras criaturas, de modo que ninguna la igualase en ellas. De Ella puede decirse con eminencia sobre todos los santos, lo que dice el Apóstol que fueron «elegidos para que fuesen santos e inmaculados en su presencia por la caridad».

Fue escogida para ser santa con todos los grados de santidad, y en todo género de gracias y virtudes que se habían de dar a las demás criaturas, y con mucha mayor excelencia que a ellas. Porque, como dice san Jerónimo, las gracias que están repartidas en los demás santos, todas juntas con gran plenitud se dieron a María, porque había de nacer de Ella el Autor de todas las gracias, Cristo Jesús, el cual, como santo de los santos, quiso santificar a la que había de ser su tabernáculo, para que entre las puras criaturas fuese como santa de las santas, superior a todas en santidad. Fue también escogida para ser pura y sin mancilla, con todos los grados de pureza que se pueden hallar en pura criatura, sin que tuviese mancha de culpa ni rastro de ella, porque, como dice san Anselmo, convenía que la Virgen resplandeciese con tal pureza, que , después de Dios, no la hubiese mayor , por cuanto había de ser Madre del que es la misma pureza; el cual, como en cuanto Dios tiene Padre puro y limpio de todo pecado por su divina esencia, así , en cuanto hombre, quería tener Madre pura y limpia, con semejante pureza, por especial gracia, para que la Madre de la tierra se pareciese también al Padre del cielo.


Gracias os doy, Redentor amabilísimo, por las admirables prerrogativas que habéis concedido a vuestra Madre, haciéndola más pura que a los mismos ángeles y muy superior a todos ellos en gracia y santidad. Y pues es voluntad vuestra que los hijos imiten las virtudes de sus padres, haced que yo imite la santidad y perfección de María y merezca participar de su gloria. Amén.

(tomado de "Arca de salvación" de Grenover)

3 de octubre, Santa Teresita y la infancia espiritual.



LA INFANCIA ESPIRITUAL

 ¿En qué consiste,  pues, este entrar en el camino de la infancia espiritual? En adoptar los sentimientos de los niños y portarse en todo con nuestro Padre celestial, como ellos con su padre terreno. Nuestro Señor de tal modo insistió en el Evangelio sobre la necesidad de hacerse niños para entrar en el reino de los cielos, que tenemos que llegar a esta conclusión "que el divino Maestro quiere expresamente que sus discípulos vean en la infancia espiritual la condición necesaria para conseguir la vida eterna" Muchos tal vez piensen que eso es cosa fácil y que es ir al cielo sin mucho trabajo. 

En realidad, el espíritu de infancia implica un sacrificio costosísimo al orgullo humano, pues consiste en la total negación de sí mismo. "Excluye, decía Benedicto XV, el sentimiento soberbio de sí mismo, la presunción de conseguir por medios humanos un fin sobrenatural y la veleidad engañosa de bastarse a sí mismo en la hora del peligro y de la tentación. Supone una viva fe en la existencia de Dios, un rendimiento práctico a su poder y a su misericordia, un acudir confiado a la Providencia de Aquel que nos da su gracia para evitar todo mal y conseguir todo bien".


Y no creamos que este camino sea de libre elección o que esté reservado para las almas no manchadas nunca con el pecado. Las palabras del Señor son formales y se dirigen a todos sin excepción: "Si no os hiciereis como niños, no entraréis en el reino de los cielos. Y ¿quién tiene que volverse niño, sino el que ya no lo es? Estas palabras entrañan, pues, la obligación de trabajar por conquistar los dones de la infancia y por volver a practicar las virtudes propias de la infancia espiritual".


(tomado del "año litúrgico" de Don Gueranger)

miércoles, 2 de octubre de 2013

El ángel de la guarda




San Bernardo:


"En todo lugar muéstrate respetuoso con tu Ángel.  Muévate a rendir culto a su grandeza el agradecimiento por sus beneficios.  Ama a ese futuro coheredero, que ahora es el tutor designado por el Padre para los días de tu niñez. Porque, aunque somos hijos de Dios, no pasamos ahora de niños y el camino es largo y peligroso. Pero Dios ha mandado a sus Ángeles que te guarden en todos tus caminos;  y ellos te llevarán en sus manos para que tu pie no tropiece en las piedras. Pisarás sobre áspides y basiliscos y hollarás al león y al dragón. Ciertamente, por donde el camino es fácil para un niño, su ayuda se reducirá a ser simplemente un guía, a sostenerte como se hace con los niños. Pero la prueba ¿corre peligro de exceder a tus fuerzas? Te llevarán en sus manos. ¡Manos de Ángeles! ¡Cuántos atolladeros temibles, saltados como sin darse cuenta merced a esas manos, sólo dejarán en el hombre la impresión de una pesadilla desvanecida rápidamente"

martes, 1 de octubre de 2013

¿Por qué quiso Dios tener Madre?




Considera cómo, habiendo determinado Dios de hacerse hombre, aunque hubiera podido tomar cuerpo de varón perfecto como el de Adán, no quiso sino nacer de mujer  y tener Madre como los demás hombres.

Quería la divina Bondad, tan amiga de comunicarse a sus criaturas, honrar los dos sexos de la humana naturaleza, levantando un varón a la infinita dignidad de Hijo natural de Dios, y una mujer a la dignidad de Madre de Dios, que también en algún modo es infinita. Además, como nuestra perdición comenzó por un hombre y una mujer, así quiso que nuestra redención tuviese principio de otro hombre y de otra mujer. La cual, siendo Madre del Redentor, fuese también Madre y abogada de los pecadores, a la cual acudiesen confiadamente los que, temerosos de su justicia, no osasen acudir a Él.

Considera luego cómo la Santísima Trinidad, entre innumerables mujeres que vio en su eternidad, puso los ojos graciosamente en la Virgen, la escogió para ser Madre del Verbo encarnado y su cooperadora en la redención del mundo, Madre y abogada de los hombres, y a quien el mismo Dios en cuanto hombre se sujetase y obedeciese. Esta elección, como dicen los santos Padres, fue la raíz de las otras grandezas de esta Señora; y de ello tuvo siempre grande estima y agradecimiento, viendo que había  sido de pura gracia y sin merecimientos suyos; porque como Dios la escogió para ser Madre suya, pudiera escoger a otras muchas mujeres , y hacer tales como a Ella.


Pero tú has de gozarte de que le cupiese esta buena suerte, y darla el parabién de ella, diciéndola: ¡Oh Virgen Santísima! Gózome de que hayáis sido escogida para dignidad tan soberana como es ser Madre del mismo de quien sois hija. Y pues con esta dignidad os dan también ser Madre y abogada de los pecadores, mostraos ser Madre nuestra en favorecernos, y abogad por nosotros, para que seamos dignos hijos de quien Vos sois Madre.

(tomado de las meditaciones del Padre Luis de la Puente)