lunes, 1 de junio de 2015

Las 15 primeras 'Perlitas de filosofía'

Con el favor de Dios van ya 15 'Perlitas' de filosofía publicadas, y esperamos vengan muchas más. La idea de una 'Perlita' es que sea una cita breve de un autor reconocido, a la que se le añade un comentario que explique un poco su sentido. De esa manera se van tocando distintos puntos de la filosofía, sin un orden necesario, pero tratando siempre de que sean de interés.

A continuación para mayor comodidad ponemos las 15 'Perlitas' en una sola lista:


















Leonardo R.



(15) Perlitas de filosofía

Scientific method is indeed a better method than any other for pursuing purely physical, empirical, quantifiable questions; and premodern philosophers often addressed these questions with inadequate, prescientific methods. They often substituted philosophy for science. But modern philosophers often make the same mistake in reverse-substituting science for philosophy-when they dismiss philosophical questions because they cannot be investigated by the scientific method.


El método científico es de hecho un mejor método que cualquier otro para responder preguntas sobre lo puramente cuantificable, físico y empírico; y los filósofos pre-modernos a menudo abordaron estas cuestiones con métodos inadecuados, pre-científicos. A menudo sustituyeron la ciencia con la filosofía. Pero los filósofos modernos pasaron a cometer el mismo error, pero al revés, sustituyendo la filosofía por la ciencia, como cuando desechan las cuestiones filosóficas porque no pueden ser investigadas por el método científico.

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Durante la edad antigua, Grecia y Roma, e incluso también durante el periodo medieval e inicios de la edad moderna, bajo el nombre de filosofía se contenían todas las ciencias, fueran estas propiamente filosóficas, como la ética, la lógica o la metafísica; o ya fuera que se tratara de ciencias de tipo experimental. Todo se llamaba simplemente filosofía.

Incluso un autor tan característico de la ciencia en el sentido moderno de la palabra, Isaac Newton, aún en el año de 1687 le puso de nombre a su libro sobre física: "Philosophiae naturalis principia mathematica": Principios matemáticos de filosofía natural.

Lo malo no fue el hecho de tener un nombre común que agrupara todas las ciencias, sino que muchas veces se quiso construir la ciencia experimental haciendo uso del método filosófico, preferentemente deductivo. Y quizá por esa razón las ciencias positivas o experimentales no tuvieron grandes avances. Se les abordaba con el método equivocado.

Cuando llega la revolución moderna y se consagra el predominio del método experimental o inductivo de la ciencia postrenacentista, por una especie de movimiento de péndulo histórico, los hombres se desplazan hacia el error contrario al anterior: si antes se pretendía hacer ciencia experimental con el método de la filosofía, ahora se pretendía hacer filosofía con el método de las nacientes ciencias experimentales. Lo cual, como es imposible, terminó por arrinconar a la filosofía en el terreno de lo inútil.

A ese arrinconamiento de la filosofía como inútil, a causa de que sus preguntas no pueden ser resueltas en los laboratorios, se le conoce con el nombre de positivismo. La edad moderna no solo presenció el perfeccionamiento del método en las ciencias experimentales, sino que como consecuencia de ello, dedujo que todo aquello que no pudiera ser abordado mediante dicho método carecía por eso mismo de sentido. Fue el reduccionismo positivista.

Este reduccionismo positivista creó o ayudó a crear un ambiente hostil hacia las verdades metafísicas; lo cual obviamente afectó a su paso a las verdades teológicas. El resto del camino es ya conocido por todos, es un camino que nos ha conducido hasta la edad actual, en la que dicho reduccionismo positivista se ha convertido en el marco de referencia de todo intento por ofrecer respuestas. Ninguna respuesta se acepta a no ser que venga garantizada por la metodología positiva.

En el fondo esto no es otra cosa sino la muerte de la inteligencia, ya que se le condena a un papel secundario, es decir, se le condena a no ser sino una especie de ayudante o auxiliar de los sentidos externos, de los instrumentos de observación. En este modo de ver las cosas, la inteligencia no tendría una tarea propia y exclusiva, sino que sería simplemente la encargada de tomar y organizar los datos puramente sensibles. El hombre quedaría así reducido a un mero animal, cuya diferencia con los demás animales sería accidental, pero no esencial. 

Nada raro entonces que vivamos en un mundo en el que todo lo que es espiritual carezca de significado para la gran mayoría de personas. El reduccionismo positivista ha preparado convenientemente el terreno para que eso suceda.


(El texto inicial está tomado de "Summa philosophica", de Peter Kreeft)

Leonardo R.


(14) Perlitas de filosofía

Philosophy did not change from being the love of wisdom to being the cultivation of cleverness when it moved from Athens to Oxford. It died in transit.


La filosofía no pasó de ser el amor a la sabiduría a ser el cultivo de la inteligencia cuando se trasladó de Atenas a Oxford. Sino que murió durante dicho traslado.

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¡Las cosas deben ser lo que son, a riesgo de pasar a ser otra cosa!

Esto es una obviedad, algo evidente, casi que una repetición inútil; sin embargo, a veces los cambios que algo padece son tan sutiles que es muy difícil notarlos, darse cuenta de ellos. Por lo menos para un buen número de personas.

La filosofía hoy ya no es el amor por la sabiduría, hay que decirlo. De hecho es todo menos eso. Hasta ecología; todo menos sabiduría. 

¿Qué es la sabiduría? se ha dicho en repetidas ocasiones, la sabiduría es el gusto por la búsqueda de las causas más elevadas de las cosas, el gusto por el fundamento, el gusto por la fuente del ser. De hecho la palabra sabiduría viene o por lo menos se relaciona, con una palabra latina que significa 'gusto' o 'sabor'. La sabiduría es gustar el sabor de las grandes respuestas, haciendo las grandes preguntas.

¡Hoy no!, hoy el filósofo es otras cosas, pero no esa. Ha renunciado conscientemente a la búsqueda de respuestas porque éstas se han hecho peligrosas; es decir, en la historia, sobre todo en la historia reciente, han aparecido personas que se decían portadoras de respuestas y han causado grandes calamidades en el siglo XX. Entonces hoy se prefiere no buscar respuestas, es más, se mira con desconfianza al que proclama haber encontrado alguna. Se prefieren las opiniones, porque esas valen todas lo mismo.

Entonces cuando el autor que citamos al inicio afirma que en su viaje de Atenas a Oxford la filosofía no cambió sino que murió, lo que está diciendo es que cuando una cosa deja de ser lo que es, para pasar a ser otra cosa, eso es lo mismo que dejar de ser, o sea morir. Tal cual.

Él dice que apareció en su lugar otra cosa que se llama "cultivo de la inteligencia". Entonces tenemos hoy la figura del intelectual, ese pintoresco personaje que entrevistan en las cadenas de radio y televisión, porque la suya es una "opinión experta". El intelectual es hoy el portador de opiniones que se suponen mejores que las de los demás.

¡Pero portador de meras opiniones al fin y al cabo!

La filosofía no cambia sino que muere, cuando se le obliga a ser otra cosa de lo que ella realmente es.


(El texto inicial está tomado de la obra "Summa philosophica", de Peter Kreeft)


Leonardo R.


¿A qué se llama 'apetito' en filosofía?: breve léxico tomista

Apetito natural:

En su acepción más amplia, apetito es lo mismo que inclinación o tendencia a un fin. Por apetito natural se entiende la inclinación innata de una cosa hacia un determinado fin, que es su bien. Todos los seres poseen una inclinación, identificada con su propia naturaleza, hacia aquello que les conviene. Así el hierro en presencia del imán tiende o se mueve hacia éste, la piedra gravita hacia abajo. Las leyes físicas y químicas son la expresión de esta tendencia o apetito natural.

En contraste con el apetito natural se encuentra el apetito elícito, es decir, una inclinación que sigue al conocimiento. Se divide en:

1. Apetito sensitivo, que implica la inclinación a un bien aprehendido por los sentidos,
Y
2. Apetito intelectivo, o voluntad, que importa la inclinación a un bien percibido por el entendimiento.


En el apetito elícito se distingue el acto de la potencia o facultad, no así en el apetito natural.

(Texto tomado del breve léxico puesto al final de la edición de la Summa Teológica de la BAC)


Leonardo R.