viernes, 25 de marzo de 2016

8 señales de que perteneces a una secta


Todo lo demás es malo y errado. Solo la secta ha logrado conocer la verdad. Todo antes de ella estaba equivocado y debe ser rechazado.

Solo en la secta es posible conocer la verdad y vivirla. Por tanto si te sales de ella irás a la perdición.

La autoridad de los dirigentes de la secta NO SE CUESTIONA. Si tú cuestionas la autoridad absoluta de los dirigentes de la secta es porque aún eres mundano y tu conversión es imperfecta.

Se anima a cortar en lo posible relaciones sociales e incluso afectivas con personas que no pertenezcan a la secta. A lo mucho se tolerarán estas relaciones bajo la condición de intentar llevarlos a la secta. Si no existe esa posibilidad entonces son relaciones peligrosas para ti.

Debes entender que lo importante es pertenecer a la secta y obedecer a sus dirigentes.

Anulación de la inteligencia. Filosofía, teología, de nada sirven, son estorbos. Lo importante es la obediencia a los líderes de la secta, pues ellos son iluminados por Dios y nos transmiten lo que en realidad es necesario para nosotros.

Si vienes con dudas, objeciones, preguntas, cuestionamientos, etc., es porque aún no estás convertido, eres un imperfecto y es el diablo el que te está inspirando esos cuestionamientos. PROHIBIDO PENSAR.


Por lo tanto para demostrar que sí estás avanzando en tu proceso debes mostrarte en todo momento 100% obediente de todo lo que dicen los dirigentes de la secta.


Leonardo Rodríguez

domingo, 13 de marzo de 2016

La verdad en el exilio


Disculparán lo dramático del título. Pero es lo que uno percibe actualmente en las conversaciones que se elevan un poco por sobre las trivialidades de la vida cotidiana.

Porque en temas triviales poco importa la multitud de opiniones, pues todo se reduce a una 'cuestión de gustos', como se suele decir hoy día. Por ejemplo en temas de comida, bebidas, música, ropa, colores, olores, etc. Esa es la feria de los gustos, y cada uno tiene los suyos. Digamos que en esas esferas 'básicas' de la vida humana reina el relativismo, y quizá con justa causa. Son esferas bastante ligadas al mundo de los sentidos, y cada uno juzga allí según la buena, mala, correcta, incorrecta, cultivada o no, delicadeza de sus sentidos. Pues hay, por ejemplo en la esfera musical, personas que han oído con exclusividad música moderna, y su oído se ha vuelto así prácticamente incapaz de percibir la belleza, por ejemplo, de un concierto para piano de algún compositor clásico. 

Pero las cosas son distintas, o por lo menos debieran serlo, cuando ya no se trata de esos temas cotidianos sino de asuntos de mayor trascendencia: el alma humana, la moralidad de los actos, Dios, la religión, el orden natural, el orden sobrenatural, etc.

Es decir, el orden de las verdades que se elevan por encima del universo cambiante de los sentidos y pertenecen más bien al universo inteligible o espiritual, que también forma parte (y la más importante) de una vida humana integral.

El error de la edad moderna ha consistido en querer medir dicho universo trascendente, inteligible, espiritual, con el mismo criterio usado para medir y valorar el universo primario de los sentidos, de los sensible, de lo finito, de lo intrascendente. Se ha pretendido medir lo más con lo menos, y el resultado ha sido la progresiva animalización del hombre causada  por el rechazo de la especificidad propia de lo trascendente, entendido como un episodio más del reino sensible, donde el gusto humano es, a su manera, rey. Entonces ya no ha quedado en pie nada que diferencie esencialmente al hombre del animal, pues dicho reino sensible también está al alcance de este último, y de hecho de una mejor manera, pues los animales a nivel sensible aventajan notablemente al hombre: hay animales con mejor vista que la humana, mejor oído, mejor tacto, mejor gusto, mejor olfato, mayor velocidad, resistencia física, etc.

Y lo más paradójico es que en este estado de cosas, aquellos que aún se atreven (como el sujeto de la foto que insiste en que dos y dos hacen cuatro) a proclamar en voz alta la existencia del reino inteligible, inmutable de la verdad, de las cosas verdaderas, de lo independiente del gusto humano, de lo que es como es porque así es y no porque el hombre desee que así sea, aquellos que se atreven, repito, a decirlo en voz alta, son tildados de mil cosas y excluidos del discurso social, que parece hoy un escenario de uso exclusivo de quienes digan lo que todos dicen y lo que todos desean oír: que no hay verdad y que todo es como a cada uno le parezca.

De ahí el título de esta reflexión: el exilio de la verdad. Porque ha sucedido tal cual, la verdad ha sido exiliada al no encontrar ya lugar entre las soberbias mentes 'postmodernas', y se ha ido a ocultar en espacios cerrados y al calor de inteligencias que aún contra la corriente, han decidido no renunciar a ella, porque algo en el fondo de sus conciencias les dice que aún vale la pena batallar por ella.


Leonardo Rodríguez


sábado, 12 de marzo de 2016

Todas las cosas, ¿son o no son buenas por bondad divina?



Objeciones por las que parece que todas las cosas son buenas por bondad divina:

1. Dice Agustín en el VIII De Trin.: Este y aquel bien. Elimina el éste y el aquél, y, si puedes, contempla el mismo bien. Así verás a Dios, no bueno por algún bien, sino bien de todo lo bueno. Pero cada cosa es bien de su propio bien. Por lo tanto, cada cosa es buena con el mismo bien que lo es Dios.

2. Boecio, en el libro De hebdomad. dice que todas las cosas son buenas en cuanto ordenadas a Dios, y esto por razón de la bondad divina. Por lo tanto, todas las cosas son buenas por la bondad divina.

Contra esto: está el hecho que todas las cosas son buenas en cuanto que existen. Pero no se dice que todas sean seres por el ser divino, sino por su propio ser. Por lo tanto, no todas las cosas son buenas por bondad divina, sino por su propia bondad.

Respondo: Nada impide que los seres que tienen relación, reciban su denominación por algo externo a ellos; así, se dice localizado por el lugar o medido por la medida. Pero por lo que respecta a los términos absolutos, ha habido diversas opiniones. Así, Platón estableció las especies separadas de todas las cosas; de este modo los individuos son llamados tales en cuanto son participaciones de las especies separadas. Ejemplo: Sócrates es llamado hombre en cuanto es especie separada de hombre. Además, así como mantenía la idea separada, por ejemplo, de hombre, y lo llamaba hombre por sí, o de caballo, llamándolo caballo por sí, del mismo modo mantenía la idea separada de ser y lo llamaba ser por sí; y de uno, llamándolo uno por sí. Y por eso, cada una de sus participaciones es llamada ser o uno. Y aquello que es ser por sí y uno por sí, él lo denominaba sumo bien. Como quiera que el bien se identifica con el ser y con el uno, decía que el bien por sí era Dios, siendo todas las demás cosas buenas por participación.

Aun cuando esta opinión pueda parecer sin fundamento, ya que no puede sostenerse que las especies separadas de las cosas naturales subsistan por sí mismas, como demuestra Aristóteles abundantemente, sin embargo, es absolutamente cierto que, tal como dijimos (q.2 a.3) y en eso se concuerda con Aristóteles, lo primero es aquello que es ser y bueno por esencia; y nosotros le llamamos Dios. De este primero, que es ser y bueno por esencia, todas las cosas pueden recibir su denominación tanto de seres como de buenas, pues, como dijimos (q.4 a.3) participan de él si bien lejana y deficientemente, con una cierta semejanza. Así, cada cosa puede ser llamada buena por bondad divina como principio primero, ejemplar, efectivo y final de toda bondad. Sin embargo, todo puede ser llamado bueno por la semejanza con la bondad divina que lleva inherente, que es formalmente su bondad, y por la que se le llama así. De este modo, hay una sola bondad de todo y, a un tiempo, muchas bondades.


A las objeciones: Está incluida en lo dicho.


Suma teológica - Parte Ia - Cuestión 6. Artículo 4