miércoles, 21 de enero de 2026

Importancia de estudiar historia

Lux veritatis, vita memoriae, magistra vitae... esto decía Cicerón en una de sus obras hablando de la importancia de la historia, la llamaba luz de la verdad, vida de la memoria y maestra de la vida. Y no exageraba el ilustre romano, pues verdaderamente la historia nos puede enseñar tantas cosas que iluminan nuestro presente y nos dan criterios para el futuro, que descuidar su estudio no puede hacerse sin graves riesgos y una muy culpable negligencia.


En días pasados terminé la lectura de un libro sobre la Revolución Francesa, escrito por Claude Quetel, el libro se llama "Creer o morir, historia políticamente incorrecta de la revolución francesa". Desde ya adelanto que recomiendo su lectura, aunque se trata de un libro de grandes dimensiones, alcanza las casi 600 páginas, vale mucho la pena, ¿por qué?


Primero habría que decir que, respecto de la historia en general, su estudio para el católico es relevante en la medida en que la iglesia es efectivamente una realidad histórica que vive y se desarrolla en el tiempo, y por lo tanto, se ve sujeta a los avatares propios de cada momento histórico, además de las singularidades de cada lugar y espacio cultural específico. Los grandes acontecimientos influyen en la vida de la iglesia de manera inevitable, e incluso no pocas veces ha sido ella misma protagonista de ellos. Conocer este devenir histórico ayuda al católico a ubicar correctamente su fe, comprenderla mejor y vivirla de una manera más cercana y consecuente.


Pero es que, además de las consideraciones anteriores, ocurren también coyunturas históricas de una especial relevancia, porque durante dichos momentos de, digamos, crisis y transformaciones, se producen acontecimientos que empujan la historia en una cierta dirección y, de forma inevitable, arrastran consigo también a la iglesia e influyen en su vida y en sus dinámicas propias. Precisamente una de esas coyunturas de importancia capital fue, sin duda, la Revolución Francesa. Esta Revolución, así con mayúscula, marcó un antes y un después en la vida de la humanidad, diríamos, y afectó también a la iglesia, a su rol en la sociedad y casi...su existencia misma, por lo menos dentro de Francia, lo que ya era mucho decir en ese momento.


Tal vez sobre pocas cosas se ha escrito tanto como sobre dicha revolución, verdaderos ríos de tinta han corrido desde todas las orillas ideológicas intentando entenderla, explicarla, interpretarla...y hasta usarla a su favor. Con respecto a la iglesia y a la fe, también mucho se ha escrito sobre lo que pasó por aquellos años (1789-1795 aprox.), la versión más extendida se limita a decir que, aunque se dieron excesos de los revolucionarios en contra de la fe, ello se debió al apasionamiento del momento, cosa perfectamente explicable en circunstancias similares. Pero libros como el que aquí estamos recomendando dejan claro que ello está lejos de ser tan sencillo como eso, y que todas las evidencias ahora disponibles apuntan más bien a que el anticatolicismo, la guerra a Dios y el odio a todo lo cristiano, perteneció desde el inicio a la esencia misma de la revolución. Y no solo eso, sino que todo lo que vino después en términos de cambio político y cultural, vendrá ya desde su nacimiento marcado por ese odio y por esa aversión hacia la fe, laicismo, naturalismo, racionalismo, en una palabra...descristianización.


Entonces animo a leer ese libro de Quetel, para formarse un criterio sólido sobre aquellos acontecimientos, criterio que permita enjuiciar con lucidez lo ocurrido, para poder iluminar, desde esa lucidez, lo que vino después y lo que vivimos hoy, herederos como somos de todo lo que en ese entonces sucedió.


Ahí les dejo entonces la recomendación.


¡A leer!


Leonardo Rodríguez Velasco


  



lunes, 19 de enero de 2026

¡Saludo 2026 y reinicio del blog!

Después de dos años de inactividad (el último post es de enero de 2024), quisiera, con el favor de Dios, retomar las publicaciones en este blog. Razón por la cual comienzo saludando a todos y deseándoles un ¡feliz y santo año de 2026! 


Este blog ha querido ser desde sus inicios un espacio de difusión, ¿difusión de qué? De doctrina católica, por sobre todo. Si bien se abordaron a lo largo de los años todo tipo de temas, según indicaban las coyunturas personales, nacionales y hasta globales del momento, el hilo conductor que se procuró mantener siempre fue la fidelidad a la iglesia, a su doctrina, a su historia, a su teología, etc. Esperamos haberlo podido hacer así y, si en algún momento nos salimos de su pensamiento, rechazamos y nos apartamos de dicho error y declaramos querer permanecer en todo momento en su seno.


Múltiples ocupaciones personales, laborales y sociales, hicieron que parara de actualizar este espacio con nuevas publicaciones, lo cual lamento pues considero que, por lo menos a nivel personal, era un oasis en donde podía compartir y transmitir un poco de lo mucho que la Divina Providencia me ha permitido investigar a lo largo de los años y del desarrollo y maduración de mi vida de fe y de estudio, principalmente en la escuela de santo Tomás de Aquino.


Precisamente una de las iniciativas que puso en suspenso la continuidad de este blog fue el inicio de otro proyecto, también de difusión del tomismo, que empecé por medio de la plataforma de YouTube, hace ya cinco años y que ha ido creciendo gracias a Dios. Allí, en YouTube, me he propuesto, un poco atrevidamente, presentar una exposición lo más amigable posible del tomismo (más bien del andamiaje filosófico subyacente a la teología tomista, pues de la teología tomista propiamente dicha no me considero capaz de hacer una exposición), y para ello he venido siguiendo el orden que normalmente aparece en los manuales de filosofía tomista: biografía, obras, lógica, filosofía de la naturaleza, antropología filosófica, ética y metafísica. Actualmente me encuentro exponiendo (o tratando de) la parte ética del tomismo, siguiendo para ello el texto de las primeras cuestiones de la "Prima secundae". Disculpará el santo doctor todas mis falencias como expositor de su pensamiento, no se me ocurre otra disculpa que decir que nace mi pobre esfuerzo desde una buena intención, al menos.


El punto es, querido lector, que he decidido retomar las publicaciones en este blog, con el fin de apoyar con escritos el trabajo que estoy desarrollando en el canal de YouTube, pues hay interesados en el pensamiento de santo Tomás que se sienten mucho más cómodos (yo entre ellos) con un texto, que con material multimedia. Entonces la idea será ir publicando regularmente textos que sirvan de apoyo a los videos que se irán subiendo al canal, sin que ello signifique que no pueda, cuando sea conveniente y útil, dedicar algún escrito a un tema particular o simplemente a la exposición de algún punto de interés para la formación del católico en general.


Confiamos desde ya este empeño a santo Tomás de Aquino, patrono de mis estudios y a la santísima virgen María, sede de la sabiduría, seguro de que con tan altos patrocinios podremos desarrollar seguramente una tarea provechosa para el prójimo y agradable a los ojos de Dios.


No siendo más, nuevamente les deseo a todos un feliz y santo año 2026, que el buen Dios y su santísima madre los bendigan siempre.



Leonardo Rodríguez Velasco


lunes, 8 de enero de 2024

La "Suma de teología", edición bilingüe en 16 tomos. Un tesoro.

Después de un largo periodo de tiempo sin publicar nada, retomamos este 2024 con este inmejorable regalo; se trata de la edición bilingüe de la "Summa", de la editorial BAC, en 16 tomos. Una verdadera joya.

(CLIC en la imagen)


miércoles, 21 de junio de 2023

La importancia del lenguaje

No es este, en realidad, un artículo para disertar a favor del correcto uso del lenguaje, de esos abundan y escritos por gente mucho más autorizada que yo. Más bien es un desahogo, quizá excesivamente personal, un desahogo ante una realidad que por momentos agobia.

Desde pequeños se nos dijo que las palabras eran un maravilloso instrumento creado por la razón humana para nombrar la realidad, expresarla, comunicarla, aprehenderla, estudiarla y decirla. Tiempo después, al estudiar la lógica, aprendimos que los conceptos con que expresamos la realidad, tienen dos características muy interesantes, la comprensión y la extensión. La comprensión abarca el conjunto de determinaciones que el concepto nos da a conocer sobre la cosa, y la extensión es el conjunto de cosas de las cuales dicho concepto se puede predicar. Por ejemplo, el concepto americano, su comprensión sería hombre nacido en América. Mientras que su extensión serían todos los hombres de los cuales pudiera decirse que son, efectivamente, americanos. Algo interesante de esas dos características es que se relacionan en forma inversamente proporcional, es decir, a mayor comprensión, menor extensión, y viceversa. 'Colombiano' es un concepto que le agrega al de americano el haber además nacido en suelo colombiano, tiene por tanto mayor comprensión, pero por eso mismo menor extensión, pues hay menos colombianos que americanos, evidentemente.

¿Y qué tiene que ver esto con el lenguaje o con la sensación de agobio de la que hablaba más arriba? Todo. 

Presenciamos actualmente una transformación gigantesca en las estructuras sociales, sobre todo en lo que tiene que ver con nuestra manera de entender ciertas realidades fundamentales, tan es así que hoy en ciertos círculos sociales y políticos se quiere renunciar a saber lo que es una mujer o un hombre. Se quiere, digo, porque no es un movimiento natural el no querer saber algo, al contrario, y como decía el viejo Aristóteles, todo hombre desea por naturaleza saber. Entonces, ¿por qué quieren no saber? No es tanto que quieran no saber, sino que fingen no saber, o más bien, dicen que dar una definición de validez universal sobre lo que son la mujer y el hombre es imposible, pues ser mujer o hombre es una "experiencia" (sic). ¿Cómo así? Pues que si tú te "sientes" mujer es porque lo eres, y punto. Poco importa tu cromosoma 'Y', tu barba, tu manzana de Adán y...por supuesto, tu pene. Esos son detalles menores, pues lo relevante es lo que "sientes".

Estamos entonces ante el vaciamiento de los conceptos de hombre y mujer, lo que implica su desaparición, ¿por qué? Porque las cosas se cargan de presencia social en la medida en que son nombradas y dicho nombre remite a una realidad. Pero si se nos dice que tal nombre no refiere a nada más que a experiencias y sentires subjetivos, pues eso es, ni más ni menos, la desaparición del concepto y de la cosa.

Lo mismo podríamos decir acerca de los conceptos de verdad, libertad, amor, etc. Y tanto más grave es esta operación de revuelta semántica, cuanto más relevante sea el concepto involucrado, pues si de lo que se trata es de cambiar el sentido al término "maíz", estaremos de acuerdo en que sería molesto y engorroso, pero poco más. Pero si se trata de los conceptos de amor, libertad, verdad, hombre, mujer, familia, etc., no estamos simplemente ante algo engorroso y ya, sino ante una verdadera revolución de alcances sociales incalculables.

Decía el gran Nicolás Gómez Dávila, que hay épocas en que la inteligencia humana debe consagrarse ante todo a restaurar definiciones, y sin duda la nuestra es una de esas épocas; lo que está en juego no es poco, sino que es lo fundamental de la manera occidental y cristiana de entender la vida, el hombre y la sociedad.

¿No estaremos exagerando al decir que la revolución semántica conlleva la desaparición de la cosa referida por el concepto? No lo creemos, porque si un hombre puede decir que es mujer, entonces, ¿qué es ser mujer? Si cualquiera puede ser mujer entonces es porque ser mujer no significa nada concreto: comprensión y extensión, el concepto de mayor extensión será al mismo tiempo el de menor comprensión.

La tarea entonces en esta época será, como decía Gómez Dávila, restaurar definiciones, y ante el tsunami de guerra semántica que se nos vino encima, esforzarnos por sostener el sentido real de los términos, único antídoto ante la demencia lingüística en la que algunos nos quisieran ver sometidos.


Leonardo Rodríguez Velasco