miércoles, 15 de febrero de 2017

Libro "Cartas a Tomás"


En Colombia pueden hacer su pedido personalmente al correo fosegenetos@gmail.com o al celular 3107902626.

Les dejo la tabla de contenido:

Tabla de contenido

Introducción   p. 11

Carta I.
¿Por qué he decidido escribirte estas cartas?   P. 17

Carta II.
De la importancia de conocer los orígenes del mundo actual   p. 19

Carta III.
¿Por dónde empezar? Érase una vez la edad media   p. 23       

Carta IV.
Dos monjes famosos: Tomás de Aquino y Guillermo de Ockham   p. 29

Carta V.
Ahora sí, Guillermo de Ockham…   p. 35

Carta VI.
¿Qué fue el renacimiento?   P. 41

Carta VII.
Martín Lutero, el fundador del protestantismo   p. 47

Carta VIII.
La aparición de la filosofía moderna: René Descartes   p. 53

Carta IX.
Racionalistas y empiristas   p. 59

Carta X.
¿A qué se llamó ilustración?   p. 67

Carta XI.
La revolución francesa   p. 71

Carta XII.
La aparición del liberalismo   p. 77

Carta XIII
Ahora sí… el liberalismo   p. 83

Carta XIV.
El liberalismo religioso   p. 87

Carta XV
Un filósofo exageradamente puntual   p. 93

Carta XVI
La ética de Kant   p. 99

Carta XVII  
Marx, el profeta del ‘proletariado’   p. 105

Carta XVIII.
La ciencia   p. 113 

Carta XIX.
Darwin y su teoría de la evolución   p. 119

Carta XX.
El súper hombre de Nietzsche   p. 125

Carta XXI.
Freud y el inconsciente   p. 131  

Carta XXII.
¿Qué enseñó la escuela de Frankfurt?   P. 137

Carta XXIII.
Unos señores llamados neopositivistas   p. 143

Carta XXIV.
Mayo del 68’ y su revolución   p. 149

Carta XXV.
La ideología de género   p. 155

Carta XXVI.
El relativismo   p. 163

Carta XXVII.
El ateísmo   p. 169

Carta XXVIII.
Una mirada muy personal al recorrido realizado   p. 175

Carta XXIX.
No dejes de interrogarte   p. 183

Carta XXX.
Defender la inteligencia   p. 187

Epílogo 



Homofobia

La palabra 'fobia' según el Diccionario de la Real Academia Española significa aversión o rechazo hacia algo o alguien, y es una de las palabras de mayor uso en los tiempos que corren debido principalmente a su uso en la terminología psicológica, dentro del conjunto de los trastornos de ansiedad (agorafobia, aracnofobia, etc.). Pero también es célebre por componer una palabra que hoy en día más que palabra es un arma arrojadiza, un boomerang poderoso que se lanza contra alguien con el objetivo de paralizarlo y anularlo, me refiero claro está a la palabra: homofobia.

En condiciones normales se diría que la palabra homofobia significa una aversión o rechazo hacia los homosexuales, también un miedo hacia ellos ya que la palabra fobia tiene igualmente ese significado. De manera que un homófobo vendría siendo alguien que siente una aversión, un rechazo o incluso un miedo hacia la persona homosexual.

Pues bien, he dicho arriba que se trata de un arma arrojadiza porque hoy se suele usar dicha palabra para anular a todo aquél que se oponga a la ideología de género con sus agendas homosexualistas, abortistas y lgbt...etc. Todos los que públicamente en redes sociales manifestamos nuestro desacuerdo con esas corrientes subversivas del orden natural de la sociedad y de las familias, somos inmediatamente catalogados como homófobos, y esa estrategia lingüística es tan efectiva que verdaderamente termina uno en ocasiones silenciado, condenado al ostracismo, casi que avergonzado por creer como cree y pensar como piensa. Es un arma de una efectividad tremenda.

Además es un arma de uso sencillo, ya que solo se debe etiquetar con ella al oponente: ¡eres un homófobo! Y listo, asunto arreglado, no se requiere argumentar, debatir, analizar, razonar, etc., con tan solo usar esa palabra está ganada la partida. Y si a eso le sumamos la rapidez con que hoy las redes sociales llevan de un extremo al otro del planeta todo tipo de noticias, la fuerza de esa arma se multiplica enormemente porque puedes ser tenido como homófobo a un nivel planetario. Y nadie quiere ser homófobo porque es una palabra que más allá de su significado etimológico, ha sido también cargado con una connotación sumamente negativa, al extremo de que ser llamado homófobo es en la imaginación de la gente tanto o más grave aún que ser llamado ladrón, deshonesto, corrupto, mentiroso, etc.

Se trata de una simple estratagema semántica, pero de gran efectividad. Al igual que pasaba hace algunos años con la palabra nazi, o fascista. Hoy el turno en el arsenal del marxismo cultural es para la palabra homofobia, y ni qué hablar cuando esas tres palabras se juntan en una sola ráfaga oral: ¡eres un nazi, homófobo y fascista! Se trata de una frase que nadie quiere ver usada en su contra, todo menos ser acusado de eso, cualquier acusación es preferible a eso. Su poder para anular, silenciar, apabullar al contradictor es inigualable. Sin disparar una sola bala, como sí hacía el marxismo clásico, anulas a tu oponente, lo reduces al silencio y le abres una ancha autopista de aceptación a tus propias ideas. Porque ese es el efecto secundario de esas palabras, que automáticamente las ideas de quien las usa para atacar a su contradictor quedan como 'santificadas', ¿por qué? Porque se supone que serán exactamente lo contrario de ideas homófobas, nazis o fascistas, y 'por lo tanto' deben ser muy buenas y muy excelentes ideas.

Se trata realmente de una estrategia ruin y despreciable, en ella se renuncia al debate de ideas para reducir todo a una andanada de epítetos eficaces para apabullar al otro, se gana la partida sin esfuerzo, sin siquiera la necesidad de presentar con claridad las propias ideas, pues con tan solo etiquetar a las del contrario de ideas fascistas se santifica las propias, aunque nadie sepa muy bien su contenido ni su finalidad última a nivel de deconstrucción de la sociedad natural y tradicional.

¿Qué hacer? En mi experiencia es una situación difícil ya que puedes pedir a tu contradictor que explique por qué considera que tus ideas son nazis o fascistas, y por lo general rehusarán darte esa explicación ya que están confiados en la mera potencia del adjetivo utilizado y razonarlo no es su fuerte. Sin embargo, si logras que intente explicar el adjetivo que lanza contra ti puedes comenzar a espigar debilidades en su discurso y por ahí reencausar la conversación racionalmente, lejos de los calificativos y más próxima al desarrollo argumentativo de la idea. Lo cual no siempre es posible con este tipo de contradictores, pues su fascinación por la fuerza del mero adjetivo les paraliza su capacidad argumentativa, pues como decían nuestros mayores: órgano que no se usa se atrofia, y llevan tanto tiempo haciendo callar a todo mundo con meras etiquetas, que la sola idea de detenerse a exponer sus ideas de base los agobia. 

¡Menos adjetivos, más silogismos!


Leonardo Rodríguez

martes, 14 de febrero de 2017

Sobre las manzanas podridas del clero

Por estos días es noticia, o más bien escándalo, en Colombia un caso de pedofilia que involucra a un "sacerdote" de la arquidiócesis de Cali. Como es ya común en este tipo de casos, la prensa se ha encargado de darle un tremendo cubrimiento a la noticia de tal manera que ha fomentado la indignación de miles de colombianos que no han ahorrado los calificativos más duros contra la iglesia.

Las cosas se han puesto aún peor a raíz de unas declaraciones del abogado de la arquidiócesis en las cuales afirma que no es la iglesia como institución la responsable de los hechos y que también los padres de familia de los menores abusados tienen parte de responsabilidad pues, según se parecer, descuidaron su deber de vigilar a sus hijos, es decir, fueron negligentes en el ejercicio de su paternidad. Lo anterior ha motivado en las redes sociales un tsunami de insultos de todo tipo contra la iglesia.

Ante todo quisiera dejar en claro una cosa: el abuso de un menor es un crimen horrendo que debe ser castigado con severidad, sea quien sea el abusador. Es una tragedia que no se le desea a nadie y que tiene consecuencias que duran toda la vida y que si no son tratadas apropiadamente pueden afectar el entero proyecto de vida de la persona abusada.

Pero aclarado eso hay que decir también que este tipo de episodios son utilizados por los enemigos de la iglesia con un doble fin: desprestigiarla un poco más y sacar algún provecho económico. Siempre han habido, hay y habrán enemigos de la iglesia, gente que siente hacia el catolicismo un odio abierto y una aversión inocultable. Y cuando estas cosas ocurren se lanzan sobre ello como aves de carroña y aprovechan para destilar todo su odio. Y el caso de lo ocurrido en Cali no está siendo la excepción. Una sencilla búsqueda sobre el tema en redes sociales permite en menos de cinco minutos leer cientos de insultos soeces contra la iglesia, como si la iglesia fuera la culpable y no el pedófilo indigno de pertenecer a ella.

Ante esto caben las siguientes apreciaciones:

1) La responsabilidad penal en un caso como este es exclusiva del individuo, a no ser que se pudiera probar que la iglesia en sus seminarios y luego en las parroquias incita por medio de su normativa o de su enseñanza a que sus sacerdotes cometan actos de abuso a menores. De no ser así, y aún más de saberse como se sabe que la enseñanza de la iglesia y su normatividad es clara respecto a la pureza del cuerpo, no hay forma de responsabilizarla a ella de lo que hacen sus manzanas podridas.

2) Sería como querer, ante un asesinato por ejemplo, averiguar primero a qué empresa pertenece el sospechoso para proceder a acusar a la empresa de asesinato.

3) En el fondo lo que se mueve muchas veces es simplemente ansia de sacar tajada económica. En el caso de las familias de Cali la reclamación que están haciendo por medio de su abogado asciende a los 8900 millones de pesos. Una suma bastante interesante capaz de atraer la atención y los servicios de un buen número de abogados deseosos de quedarse con el treinta por ciento de esa cantidad.

4) Es sabido que en EEUU hoy en día todavía hay abogados que se dedican a contactar a supuestas víctimas de abuso por parte de miembros del clero, sin importar si los hechos ocurrieron hace diez, veinte o treinta años. La promesa de sacar una buena tajada hace que muchas de estas personas presenten incluso testimonios falsos con tal de armar el caso contra alguna diócesis. Y las demandas las hacen subir a millones.


Urge una reforma de la formación del clero, un filtro más severo en la elección de candidatos al sacerdocio. Lamentablemente sabemos que eso no pasará porque el modernismo que aqueja a la iglesia postconciliar es como un virus que tiene adormecida toda señal de verdadera vida. De manera que esto lamentables casos seguirán ocurriendo y las aves de carroña de siempre seguirán lanzándose contra al institución, culpándola de los desmanes de sus miembros y buscando sacar algún dinero de paso.

¿Qué nos corresponde a nosotros? Lo que siempre nos ha correspondido: ¡rezar! 

Quiera Dios seguir bendiciendo a su iglesia.


Leonardo Rodríguez  


martes, 7 de febrero de 2017

Un 'feminismo' paradójico

Hace cien años las que entonces se llamaron feministas luchaban por el derecho al voto, a tener una educación universitaria similar a la de los varones y a participar en la vida laboral en condiciones de igualdad con respecto a los hombres. Poco más o menos a eso se reducían sus aspiraciones. Aspiraciones que a fin de cuentas iban a terminar golpeando a la familia, por cuanto tendían a apartar a la mujer de su sitial de honor en el hogar como formadora de sus hijos, para lanzarla a la 'vida profesional'. Pero en cierta manera no había nada de intrínsecamente perverso en sus aspiraciones e incluso desde cierto punto de vista eran justas y coherentes con el nuevo aspecto que iba tomando la sociedad.

Pero de eso hace ya cien años...

Las cosas hoy en día con las feministas actuales son bastante diferentes, de hecho son radicalmente diferentes, tanto que estoy seguro de que si una feminista de esas pioneras de hace un siglo volviera de repente a caminar entre nosotros, quedaría perpleja ante lo que hoy se conoce como feminismo, no lo reconocería y hasta pasaría a formar parte de los críticos de ese movimiento verdaderamente subversivo de la sociedad contemporánea.

¿Qué ha pasado?

Ha pasado que en algún punto del camino el movimiento feminista se desvió de sus intereses originales, o le parecieron insuficientes, y se dejaron contagiar de ideologías de odio que solo buscan la destrucción de la sociedad tradicional y la promoción del conflicto permanente de unos contra otros.

Se dice que el giro lo dieron cuando el feminismo fue permeado por el marxismo. Como es sabido el marxismo es una ideología que se basa en la promoción de la lucha entre clases sociales, si esta lucha existe el marxismo la aprovecha para exacerbar los ánimos y sacar ganancias políticas. Si esa lucha no existe el marxismo la inventa. Pero como de unos años a esta parte las condiciones en términos generales de los asalariados fueron mejorando (con todo y lo deficientes que aún son) y ya los obreros no estaban muy interesados en una revolución proletaria para tomar el poder, ya que la sociedad industrializada  capitalista les ofrecía ciertas comodidades que les adormecía su 'conciencia de clase', los teóricos del marxismo tuvieron que buscar nuevas clases sociales que pudieran usar para enfrentarlas unas contra otras. Y decidieron para ello utilizar a diversos grupos como las mujeres, los homosexuales, los grupos indígenas, ecologistas, animalistas, etc. De manera que esos grupos sociales cumplieran la misma función que en el marxismo clásico tenían los obreros, el proletariado del que hablaba Marx. Y en adelante esos grupos pasaron a ser el caballo de batalla del marxismo, en su afán por crear hostilidad y conflicto al interior de las sociedades, para luego poder pescar en río revuelto. Y una vez instalados en el poder aferrarse a él como náufrago a su tabla.

El punto es que las mujeres, o mejor dicho, las feministas se convirtieron en la presa ideal de estos nuevos marxistas. Las luchas del feminismo, en un inicio justas como ya se dijo, pasaron a ser el arma predilecta de lo que se conoce como 'nueva izquierda', pues significaban la posibilidad de abrir varios frentes de batalla: aborto, anti-concepción, lesbianismo, homosexualidad, 'derechos' lgbt, 'salud sexual y reproductiva', patriarcado y un cada vez más largo etcétera. Todo ello pasó a engrosar la munición del marxismo contra la sociedad tradicional, pues a partir de las ideas de marxistas como el italiano Antonio Gramsci, el marxismo abandonó la idea de tomarse el poder por la fuerza y más bien aspiraron a conseguir un cambio de mentalidad en las personas, de tal manera que sin necesidad de recurrir a la fuerza, ellas mismas casi que voluntariamente aceptarían los principales postulados del marxismo sobre la sociedad. Sería una conquista sin disparar una sola bala, una conquista cultural, una invasión 'pacífica' por medio de la batalla cultural.

Bien. Dicen que allí estuvo el punto de quiebre del feminismo. De ese momento en adelante vemos que 'los y las' escritores del feminismo van a proponer en sus textos una guerra abierta, total, cultural, contra las ideas tradicionales acerca de la feminidad, la masculinidad, la sexualidad, etc. Todo ello en el sentido de derribar las ideas tradicionales sobre esos temas y ubicar en su lugar un conjunto de ideas aberrantes que componen lo que se conoce hoy como ideología de género, que es en pocas palabras una ideología que busca ya no cambios aquí y allí, sino una total transformación de la manera de entender lo que es ser hombre o ser mujer, y por consiguiente la manera de vivir la sexualidad. Se dirá entonces que no se nace mujer ni hombre, sino que eso es algo que queda en poder del individuo, el cual puede a placer decidir en cada momento de su existencia qué desea ser, mujer hoy hombre mañana, dinosaurio, delfín o mariposa pasado mañana. Y la sexualidad dejará de ser exclusivamente heterosexual, para pasar a ser un continuo fluido de opciones, preferencias, gustos, elecciones, cada una más descabellada y aberrante que la anterior.

El feminismo de hoy nada tiene ya que ver con el feminismo de hace cien años, ha sufrido un cambio de rumbo radical, una transformación absoluta. Y de un movimiento reivindicador de derechos, ha pasado a ser el caballo de batalla del marxismo cultural en contra de la sociedad tradicional.

Lo paradójico del asunto es que es un feminismo que en el fondo es verdaderamente enemigo de la mujer, porque en lugar de proteger la identidad femenina, su particularidad, su ser, su identidad. Busca por el contrario diluirla en lo indefinido, en lo masculino, en lo vago, en lo supuestamente opcional. Es un feminismo que mata lo femenino, es un feminismo contra la mujer. 

Y esto es fácil comprobarlo con tan solo observar a las modernas feministas: feas, desaliñadas, desgreñadas, grosera y voluntariamente obesas, dueñas de una apariencia exterior que refleja a la perfección la fealdad de las ideas que corroen su interior. Todo lo que les huela aunque sea de lejos a feminidad, a belleza, les resulta insoportable y lo convierten de inmediato en blanco de sus críticas. Una mujer hermosa, vanidosa y delicada es lo más contrario que puede existir al feminismo.

Tener estas cosas en cuenta ayuda a ver con claridad y permanecer en guardia ante el tsunami de marxismo cultural que amenaza con anegarlo todo.


¡Dios bendiga a la mujer!


Leonardo Rodríguez