miércoles, 18 de mayo de 2011

SUPUESTOS DEL RELATIVISMO CULTURAL


(ARTÍCULO TOMADO DE http://www.arbil.org/101sanz.htm )


Cuando al conocimiento se le desposee de toda intencionalidad y pierde toda referencia a la realidad objetiva deja de ser ya conocimiento y esto es lo que viene pasando desde hace unos lustros. Por este camino se llegaba a la conclusión de que no hay hechos sólo existen representaciones. A partir de aquí ya viene todo lo demás que de forma insistente y preocupante se viene repitiendo: La verdad no hay que buscarla sino que hay que crearla, todo es opinable porque las cosas acaban siendo como a cada cual le parece. Preocupante, digo, porque si no existen verdades inamovibles en las que a modo de pilares puedan servir de asidero, todo se desmorona. Si no existe ningún referente seguro en nuestro horizonte mental y espiritual estamos condenados a vivir perdidos y desorientados en una existencia sin sentido.

Voces como la de Marcelo Pera ( Presidente del Senado italiano y catedrático de filosofía de la ciencia) se han hecho oír para gritar que “Los males que corrompen a Europa están en relación con el relativismo”. Estamos siendo testigos de un intento de acoso y derribo de todo lo que suene a principios inamovibles y patrones universales válidos para todos los tiempos y lugares, principios en los que se han venido sustentando las naciones, las sociedades, las familias, las instituciones, las personas.

Esta oleada de relativismo hace tiempo que comenzó a detectarse en el ámbito cultural. Con John Dewey fue tomando cuerpo la idea de que culturalmente hablando nada hay fijo universal e inmutable, sino que todo es cambiante en consonancia con las circunstancias; pero habría de ser Oswald Spengler quien de forma aún más rotunda y manifiesta diera expresión al relativismo cultural. Para este pensador alemán nada hay absoluto ni universalmente verdadero, no lo son la filosofía, la ciencia ni siquiera la matemática. No hay verdades eternas, cada época y cada cultura tiene su propia verdad. Este es el mensaje que se desprende de su famoso libro “La Decadencia de Occidente”. De verdades sólo se puede hablar en sentido referencial, dentro de un contexto determinado, como producto creado por una determinada cultura lo que nos coloca dentro del igualitarismo multicultural que nos lleva a tener que afirmar que todas las culturas son igualmente recomendables.

Para este tipo de relativismo los distintos elementos culturales cumplen la misión que puede cumplir el idioma en cada pueblo y así como no tiene sentido preguntarse si un idioma es más verdadero que otro, tampoco lo tendría el preguntarse si una cultura inspirada en el Vudú es más verdadera que la inspirada en la cultura greco –romana . Si queremos evaluar las distintas manifestaciones culturales hemos de hacerlo teniendo en cuenta el sistema en el que están inmersas y ello haría que cada cultura a su modo fuera igualmente portadora de verdad. Se trata de mundos a parte que hay que juzgarlos en razón de su coherencia interna, ya que no existe un criterio válido de verdad que podamos utilizar como patrón universal. Por esta misma razón los distintos conocimientos en el campo de la filosofía y de la ciencia van siendo diferentes según las épocas históricas.

Para los relativistas, el que algo sea considerado como verdadero o no, depende del momento y las circunstancias. Lo que en el pasado se han venido dando como verdades intemporales y universales lo fueron ciertamente; pero sólo dentro de un paradigma, que se mantuvo en pie durante un tiempo limitado, mientras duró el consenso de la comunidad intelectual que le mantuvo en pie; pero cuando sus miembros fueron muriendo fue acabándose también dicho paradigma. Incluso proposiciones incontestables como parece serlo, que 4 es la mitad de ocho y el doble de dos, serían verdaderas en el contexto humano; pero en otro contexto no lo serían. El relativismo cultural a lo más que llega es a admitir una verdad supraindividual, una verdad perteneciente a una cultura; pero nunca una verdad universal, incluso las propias verdades culturales llevan impresas su fecha de caducidad que vienen marcada por su sitio de procedencia.

Las filosofías de Kuhn y sobre todo de Karl Popper han encajado perfectamente en este marco. Según la teoría de falsación de este último un solo caso es suficiente para echar a bajo una teoría científica; pero miles de casos contados durante siglos son insuficientes para alcanzar la plena certeza. Lo que quiere decir que nunca las adquisiciones científicas son definitivas, sino provisionales. Siempre hay que estar a la expectativa con esa ley científica, supuestamente bien probada, por si pudiera producirse un fallo en cualquier momento. Si esto es como nos dice Popper, en las leyes naturales se pueden producir en cualquier momento estrepitosos fallos. ¡Ojalá que esto no suceda cuando volamos a 90000 metros de altitud!

Así las cosas se ha llegado a la conclusión de que lo que llamamos filosofía o ciencia no son más que hipótesis teóricas, que en nuestra sociedad representan el mismo papel que las hipótesis mágicas representan en las sociedades primitivas. No habría entonces diferencias notables culturalmente hablando, sino que todas las culturas son iguales, expresión ésta que puede leerse en una enorme placa a la entrada del Museo Nacional Antropológico de la ciudad de Méjico. Éste es también el sentimiento que comparten la gran mayoría de los antropólogos “progres” en consonancia con el espíritu de ésta nuestra época marcadamente multiculturalista, antiimperialista y muy proclive a la tolerancia y al máximo respeto por el otro. Nada peor visto hoy día que la descalificación cultural. Salvaje diría Levi-Strauss solamente es quien llama salvaje al otro”.


por Ángel Gutiérrez Sanz

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