martes, 7 de junio de 2011

SESQUIPEDALIA VERBA

Traemos hoy un breve artículo hallado como por casualiadad al ojear algunos blogs. Está dedicado a aporrear un poco a esos personajes que creen que usando palabras raras pasan por eruditos.

El artículo está tomado de http://romera.blogalia.com/historias/39174

ARCHISÍLABOS

El decoro lingüístico -que no debe confundirse con el empleo decorativo de las palabras- no sólo aconseja usar términos y expresiones claras, correctas, precisas y adecuadas. Es también una cuestión de medida.

En el lenguaje hablado tan malo es pecar por defecto, quedándose en el balbuceo de los monosílabos y de las interjecciones parcas tan delatoras de pobreza léxica, como caer en los excesos de la palabra kilométrica. Más reprobable tal vez sea lo segundo.

Pero en nuestros días el habla de sociólogos, políticos, economistas y gritones de radio se está llenando de vocablos archisílabos (en afortunada denominación de Aurelio Arteta, quien los ha coleccionado a puñados) muchas veces espurios, que dicen menos de la cosa tratada que de la pedantería de quien los pronuncia. Saben ustedes a qué me refiero: «reglamentación» donde bastaría decir «regla», «culpabilizar» en vez de «culpar», «peligrosidad» en lugar de peligro.

Es la plaga de las «sesquipedalia verba», como ya las llamó el poeta Horacio en su Arte poética: palabras ampulosas, alargadas a base de la acumulación sufijos y prefijos, vestidas de una falsa pompa o de un dudoso cientifismo que al parecer las hace sabrosas para su emisor y cautivadoras para sus oyentes. Pero Horacio recomendaba no ponerlas en boca de los héroes de tragedias, pues en vez de llegar al corazón del espectador se distanciaban de él.

Abundan hoy los archisílabos empleados como juegos de pirotecnia, volutas de humo con las que distraer la atención, vocablos vacíos que resuenan en el hueco de la cabeza de quien los emplea para escucharse a sí mismo y no con el fin de hacerse entender por los demás. Pasan por los discursos políticos y por las tertulias ruidosas en rimbombante procesión y dejan en el aire el vago eco de los perfumes fatuos, de las apariencias ridículas, de la nada disfrazada de algo.

Palabras de charlatanes de feria ante las que hay que estar precavidos, porque casi siempre llevan escondido el mecanismo de un timo, de un embuste o de un robo de cartera.

Publicado en Diario de Navarra, 12.4.06

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