sábado, 11 de junio de 2011

ÚLTIMOS CAPÍTULOS


Capítulo 7: EL NUEVO ORDEN MUNDIAL.

La manipulación en la confusión.

Es el último paso hacia el establecimiento de la cultura sin Dios. Ya todos los pasos están dados, sólo hay que darle una forma aparentemente coherente al desorden organizado. En poquísimas palabras, el nuevo orden mundial que están proponiendo los organismos internacionales deberá estar basado en la Carta de la Tierra (que deberá sustituir a los Mandamientos de la Ley de Dios).

 Los principales planteamientos de este nuevo orden mundial presentan a la naturaleza como buena y el hombre como depredador de la misma; un desarrollo sustentable (que acepta matar niños si es necesario para salvar a las ballenas); un dios impersonal y cósmico que se confunde con el universo y para el que todas las religiones son iguales; el bienestar espiritual significa “sentirme bien conmigo mismo” “lograr la paz interior y la armonía con el Universo” y… poco más que eso.


Capítulo 8: CONCLUSIÓN.

¿Cómo debemos actuar?

¿Qué debemos hacer los cristianos ante este ataque frontal y estratégico, ante esta buscada destrucción de la sociedad cristiana?

Simplemente frustrarles su plan, no dejar que se apoderen de nuestras mentes:

1. Abrir los ojos. Estar muy atentos para no dejarnos influir por las ideas materialistas, humanistas, naturalistas, racionalistas, antinatalistas e inmanentistas que promueve el enemigo.

2. No trabajar para ellos. Evitar nuestra participación en los programas que ellos organizan (encuentros de religiones, eventos new age, conferencias de líderes agnósticos o ateos, etc).

3. Transformar las misiones y apostolados sin Dios que ellos organizan, en misiones y apostolados cristianos, en los que se predique el Evangelio y se hable de Dios sin reparos.

4. Mantenernos muy cerca de Dios con la oración y los sacramentos y denunciar al obispo los abusos litúrgicos que detectemos en las parroquias, en donde se estén impartiendo sacramentos sin Dios.

5. Volvernos impermeables ante las críticas y las burlas a la Iglesia y sus representantes. Que digan lo que quieran, que nosotros diremos lo que debemos decir y seguiremos creyendo en la Verdad y anunciando las maravillas de Dios a todos los hombres.

6. Eso último, ante todo: hablar de Dios, a diestra y a siniestra; a tiempo y a destiempo. Recordarle al mundo con nuestra vida, palabras y acciones, que Dios sí existe, que Dios es un Padre que nos ama, que los hijos son un don maravilloso, que existe una vida eterna, que su vida vale muchísimo no sólo para este tiempo, sino para una eternidad feliz.

7. Por último, unir fuerzas, no duplicar esfuerzos, no duplicar gastos en la Iglesia. Tenemos pocos recursos humanos y materiales, pero si nos unimos todos los cristianos que aún permanecemos fieles, de todas las congregaciones, órdenes y movimientos y compartimos entre nosotros los programas, subsidios, planes y estrategias que cada uno desarrolle, podremos igualar y superar la influencia del enemigo en los medios, en la política, en la economía, en la cultura y en la sociedad.

¿Es peligroso este plan? Sí, por supuesto, pues son muy poderosos y muy perversos… pero… ¿qué con eso? Ya Jesús se los había advertido a sus discípulos cuando los “motivaba” para la misión, con palabras que decían algo parecido a esto: Los mando como ovejas en medio de lobos. Se burlarán de ustedes, seréis perseguidos y os odiarán. Dirán contra vosotros todo género de mal por mi causa. Los entregarán a los tribunales y los azotarán. Seréis odiados y menospreciados por todos y los matarán.
Así que… ¿qué hay de nuevo? Nada.

Los cristianos no le tenemos miedo a la muerte, ni a las críticas, ni a las humillaciones, pues sabemos que nuestra recompensa será grande en el Cielo.

La Iglesia necesita santos, hombres valientes al estilo San Francisco Xavier, que proclamen al mundo sin temor, que Dios existe, que la vida eterna existe, que Jesucristo es nuestro Señor y Redentor y frustre con ello, desde la raíz, el plan del enemigo.

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