martes, 27 de marzo de 2012

A propósito de la fraternidad sacerdotal San Pío X



En Internet se puede leer de todo acerca de la FSSPX, hay sitios amigos, sitios indiferentes y también hay algunas páginas abiertamente hostiles.

Cuando hace un par de años se anunció públicamente el inicio de unos acercamientos entre las autoridades actuales del Vaticano y la FSSPX, en forma de diálogos doctrinales, se desató una oleada enorme de reacciones que venían de todas partes. Algunos criticaron fuertemente al papa Benedicto XVI por abrir semejante escenario y consideraban que se estaba con ello retrocediendo en la obra del Vaticano segundo; lo vieron como una especie de traición a la "primavera" conciliar.

Otros, un poco más moderados, dejaron entrever poco su malestar por la determinación papal y se limitaron a señalar con timidez sus reparos, haciendo votos, no obstante, por la "plena unidad eclesial" de la FSSPX.


También estuvieron los entusiastas, es decir, aquellos cuya particular "sensibilidad litúrgica", les hacía sentir una cierta simpatía por la tradición y añoraban poder participar en ceremonias con latín y canto gregoriano. Estos no veían más allá.

El tiempo que ha transcurrido desde aquel anuncio ha sido rico en acontecimientos y reflexiones. Y aunque la beligerancia de algunos no ha mermado en nada, sin embargo se dejan oír y leer de vez en cuando posturas equilibradas, las cuales vienen a ser como esas golondrinas solitarias de Aristóteles que no hacen verano, cuya voz termina por perderse en el inmenso barullo causado por los alborotadores de siempre.

Y en medio de todo esto, del lado de la fraternidad, ¿qué ha pasado con los fieles? La respuesta no podría ser más sencilla y contundente: los fieles de la FSSPX ha seguido haciendo lo mismo que vienen haciendo desde hace 40 años, es decir, asistiendo a misa los domingos y fiestas de guardar, y entre semana cuando el deber de estado lo permite; confesando ser al menos una vez al año por Pascua florida y cada vez que se ha de comulgar; bautizando a los recién nacidos; confirmando a los jóvenes; las parejas contrayendo matrimonio en el compromiso de una vida cristiana y una cristiana educación de su prole; leyenda de familia las vidas de santos; bendiciendo la comida; entronizando en los hogares el sagrado corazón; portando con orgullo el Santo Rosario y rezándolo en compañía de los seres queridos y siempre antes de cada misa; llenando de vocaciones femeninas y masculinas los seminarios y casas religiosas alrededor del mundo; confiando en la misericordia de Dios, apoyándose en su gracia y arrodillándose ante el confesor cada vez que han tenido la desgracia de perderla; y todo lo anterior fortalecido por una inquebrantable devoción y un amor acendrado a la santísima virgen María, madre de Dios.

En pocas palabras todo ha venido sucediendo como si de un lado transcurriera impávida, hermosa y católica la vida misma de la feligresía de la FSSPX, alejada del mundo de las controversias, los debates, las provocaciones, las falacias, los engaños, las descalificaciones mutuas, etc. y de otro lado la curiosa vida de quienes mueven controversias sólo para alimentar su vanidad; inician debates sólo por un falso afán de ciencia; provocan a los "otros" con el único deseo de dividir lo que está unido; se valen de falacias y engaños sólo para confundir a los demás; y coronan su "apostolado" emitiendo descalificaciones irresponsables que pecan abiertamente contra la caridad.

Quien conozca a la FSSPX sólo por lo que se lee en Internet, tiene entonces una imagen muy distorsionada de la realidad, y si fuera honesto, debería empezar sus juicios afirmando "leí en una página que..." y nunca "la FSSPX...".

Y no vayan a creer que esa cierta indiferencia que ilustro más arriba, y que es la actitud de la inmensa mayoría de los fieles de la FSSPX hacia los acercamientos con la Roma actual y hacia la tormenta de opiniones desatada en torno; sea causada por indiferencia hacia la Iglesia o por indiferencia hacia la "plena unidad eclesial", NO, no es esa la razón.

La causa de esa cierta indiferencia radica en una firme convicción, en una certeza, en una fe: nunca en cuatro décadas de existencia de la FSSPX sus autoridades o su feligresía han creído que estaban fuera de la Iglesia o que carecían de la "plena unidad eclesial", tan sencillo como eso.

¿En qué fundan tal inconmovible certeza? En saber se fieles a la tradición bimilenaria de la Iglesia; en saber ser fieles a 20 siglos de magisterio ininterrumpido; a saber herederos de la doctrina filosófica, teológica, litúrgica y moral que la Iglesia sancionó y consagró durante 20 siglos; a eso deben su certeza, y es en verdad, una certeza que nadie les puede arrebatar.

Así las cosas, para el fiel de la FSSPX los acercamientos con la Roma actual no generan el mismo apasionamiento que entre los demás; respecto a tal acercamiento el fiel de la FSSPX no es ni optimista ni pesimista. No es optimista puesto que no espera obtener algo que no posea ya; y no es pesimista porque sabe que en el fondo, sin importar cuál sea el resultado, no tiene nada que perder.

El fiel de la FSSPX se ubica lejos de las controversias, en el puro deber de estado, no dejándose arrastrar a vanas discusiones que nunca van a parte alguna y sólo generan confusión y vanidad.

Una anécdota entre mil bastará para ilustrar lo que quiero decir:

Hace un tiempo hablando con un amigo "cercano" a la FSSPX, es decir que no es fiel, pero "simpatiza" con su apostolado; pasé 20 minutos oyéndolo despotricar contra la nueva teología, la nueva eclesiología, la nueva cristología, la nueva mariología, hasta la nueva demonología y varias "logias" más. Y en verdad no le faltaba talento y cierta erudición, al finalizar cuestionaba la actitud de monseñor Fellay alegando no sé qué razones que me olieron a un cierto sedevacantísmo en ciernes. Y terminaba su "intervención" preguntando mi "opinión". Guardé silencio por un instante, luego le dije muy seriamente ¿cuándo fue tu última confesión?, La respuesta que recibí ilustra perfectamente lo que he dicho más arriba. Mi amigo pareció un poco extrañado por la pregunta pero decidió contestar y dijo: "hace más de un año que no me confieso y de hecho llevo ya unas cuantas semanas sin ir a misa".

¡Eureka!, Dije para mis adentros, he ahí la diferencia entre un fiel de la FSSPX y uno que no lo es y que sólo hablo por hablar, por mostrar su "erudición", por triunfar del otro, por ganar una insulsa contienda doctrinaria.

El fiel de la FSSPX sabe que sólo hay una cosa necesaria, la fidelidad, la perseverancia, el cotidiano vencimiento de sí mismo en el cumplimiento de las exigencias de nuestro bautismo. Y deja a los demás el afán humano de la controversia, del debate y la polémica.

Sin importar cuál sea el resultado último de los acercamientos doctrinales con el Vaticano actual, sin importar quién salga victorioso de las innumerables "batallas" dialécticas desarrolladas en la "web", el fiel de la FSSPX continuará siendo simplemente católico y nada más.

Deja en manos de los superiores de la FSSPX el manejo de tales acercamientos, pues conoce bien las gracias de estado, y su alma la deja sólo en manos de Dios, pues conoce bien su catecismo.

Laus Deo Virginique Matri

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