viernes, 29 de junio de 2012

Las virtudes (3)

LA VIRTUD DE LA FORTALEZA

Noción

La palabra fortaleza puede tomarse en dos sentidos principales:

a) En cuanto significa, en general, cierta firmeza de ánimo o energía de carácter. En este sentido no es virtud especial, sino más bien una condición general que acompaña a toda virtud, que, para ser verdaderamente tal, ha de ser practicada con firmeza y energía.

b) Para designar La tercera de Las virtudes cardinales, y en este sentido puede definirse:

«Una virtud cardinal, infundida con La gracia santificante, que enardece el apetito irascible y La voluntad para que no desistan de conseguir el bien arduo o difícil ni siquiera por el máximo peligro de La vida corporal».

Expliquemos un poco La definición:

a) Una virtud cardinal... puesto que vindica para sí, de manera especial, una de Las condiciones comunes a todas Las demás virtudes, que es La firmeza en el obrar.

b) Infundida con La gracia santificante... para distinguirla de La fortaleza natural o adquirida.

c) Que enardece el apetito irascible y La voluntad. .. La fortaleza reside, como en su sujeto propio, en el apetito irascible, porque se ejercita sobre el temor y La audacia, que en él residen. Pero influye también, por redundancia, sobre La voluntad para que pueda elegir el bien arduo y difícil sin que le pongan obstáculo Las pasiones.

d) Para que no desistan de conseguir el bien arduo o difícil... Como es sabido, el bien arduo constituye el objeto del apetito irascible. Ahora bien: La fortaleza tiene por objeto robustecer el apetito irascible para que no desista de conseguir ese bien difícil por grandes que sean Las dificultades o peligros que se presenten.

e) Ni siquiera por el máximo peligro de La vida corporal. Por encima de todos Las bienes corporales hay que buscar siempre el bien de La razón y de La virtud, que es inmensamente superior al corporal; pero como entre los peligros y temores corporales el más terrible de todos es La muerte, La fortaleza robustece principalmente contra esos temores, como aparece claro en La vida de los mártires que no vacilan en dar su vida por conservar o confesar La fe u otra virtud sobrenatural. Por eso el martirio es el acto principal de La virtud de La fortaleza.

Actos

La fortaleza tiene dos actos: atacar y resistir. La vida del hombre sobre La tierra es una milicia (Job 7,1). Y a semejanza del soldado en la línea de combate, unas veces hay que atacar para La defensa del bien, reprimiendo o exterminando a Las impugnadores, y otras veces hay que resistir con firmeza los asaltos del enemigo para no retroceder un solo paso en el camino emprendido.

De estos dos actos, el principal y más difícil es resistir (contra lo que comúnmente se cree), porque es más penoso y heroico resistir a un enemigo que por el hecho mismo de atacar se considera más fuerte y poderoso que nosotros, que atacar a un enemigo a quien, por lo mismo que tomamos La iniciativa contra él, consideramos más débil que nosotros. Por eso el acto del martirio, que consiste en resistir o soportar La muerte antes que abandonar el bien, constituye el acto principal de La virtud de La fortaleza.

La fortaleza se manifiesta principalmente en los casos repentinos e imprevistos. Es evidente que el que reacciona en el acto contra el mal, sin tener tiempo de pensarlo, muestra ser más fuerte que el que lo hace únicamente después de madura reflexión.

EI fuerte puede usar de La ira como instrumento para un acto de fortaleza en atacar; pero no de cualquier ira, sino únicamente de La controlada y rectificada por La razón, pues de lo contrario constituye un verdadero pecado capital.

Importancia y necesidad

La fortaleza es una virtud muy importante y excelente, aunque no sea La máxima entre todas Las cardinales. Porque el bien de La razón -que es el objeto de toda virtud- pertenece esencialmente a La prudencia; de manera efectiva, a La justicia; y sólo conservativamente (o sea, removiendo los impedimentos) a La fortaleza y la templanza. Y entre estas dos últimas prevalece La fortaleza, porque es más difícil superar en el camino del bien los peligros de La muerte que los que proceden de Las delectaciones del tacto regulados por La templanza. Por donde se ve que el orden de perfección entre Las virtudes cardinales es el siguiente: prudencia, justicia, fortaleza y templanza.

En La vida espiritual y en el camino hacia La perfección, La fortaleza, en su doble acto de atacar y resistir, es muy importante y necesaria.

Hay en el camino de La virtud gran número de obstáculos y dificultades que es preciso superar con valentía si queremos llegar hasta Las cumbres. Para ello es menester mucha decisión en emprender el camino de La perfección cueste lo que costare; mucho valor para no asustarse ante La presencia del enemigo; mucho coraje para atacarle y vencerle, y mucha constancia y aguante para llevar el esfuerzo hasta el fin sin abandonar Las armas en medio del combate. Toda esta firmeza y energía tiene que proporcionada La virtud de La fortaleza, robustecida, a su vez, por el don del Espíritu Santo de su mismo nombre: el don de La fortaleza, del que hemos hablado brevemente en otro lugar de esta obra.

Pecados opuestos

A La fortaleza se oponen tres vicios o pecados: uno por defecto, el temor o La cobardía, por el que se rehúye soportar Las molestias necesarias para conseguir el bien arduo o difícil; y dos por exceso: La impasibilidad o indiferencia, que no teme suficientemente los peligros que podría y debería temer, y La audacia o temeridad, que desprecia los dictámenes de La prudencia saliendo al encuentro del peligro.

(Tomado de "Ser o no ser santo, esa es la cuestión" de Royo Marín)

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