jueves, 28 de noviembre de 2013

Naturaleza e importancia de la lógica



LA LÓGICA ESPONTÁNEA

La razón humana procede de acuerdo con un cierto orden en todos sus actos. Al dirigir la ejecución de un trabajo, un juego, un deporte, o cualquier otra actividad humana, la inteligencia impone una ordenación de unos actos con otros. El hombre no actúa, como los animales, por el simple impulso de sus instintos. Y para conocer la verdad, acto que máximamente compete a la inteligencia, el hombre ha de seguir también un orden, al que llamamos orden lógico, orden racional, o lógica espontánea.

La lógica espontánea es el orden que la razón humana sigue naturalmente en sus procesos de conocer las cosas. Ante la verdad caben varias actitudes: para enseñarla, es preciso seguir un orden pedagógico (por ejemplo, partir de lo que sabe el alumno); para convencer a otros, existe un orden retórico o persuasivo, en el que se ha de captar la atención, los sentimientos y el gusto de quienes nos escuchan; para conocerla, se ha de seguir el orden lógico (de logos, en griego: razón). Orden que primariamente brota de nuestra misma naturaleza: se trata de un modo de discurrir adecuado a nuestra inteligencia y a la realidad de las cosas, que se adquiere espontáneamente, por el uso natural de nuestra razón. Es la lógica natural humana, que si no se sigue, da lugar a un pensamiento confuso, ambiguo, o falso.

El orden lógico espontáneo es común a todos los hombres. El uso de la inteligencia es muy variado, según las diferentes ciencias, características individuales, culturales, etc. En la lógica espontánea, ciertamente, se mezclan muchos elementos culturales, que son resultado de nuestra civilización y de la educación recibida; el hombre primitivo tiene menos desarrollados los recursos lógicos. Aun así, todo hombre naturalmente conoce, tiene ideas, y razona de alguna manera: existe un modo de pensar común -base de la comunicabilidad humana- que se desprende de nuestra naturaleza, y que sin duda puede cultivarse y desarrollarse en sus virtualidades. El fin de la lógica espontánea, así como de cualquier lógica científica, es el conocimiento de la verdad. Esto es obvio, mas conviene tenerlo presente desde el principio: los procesos de pensamiento se ordenan a la verdad, a conocer las cosas como son. Por la debilidad de su inteligencia, puede el hombre apartarse de este orden, alejarse de la realidad y caer en el error. Pero con la reflexión, el que se ha equivocado podrá examinar sus actos y rectificar, volviendo a la verdad.

EL ARTE DE LA LÓGICA

A partir del modo espontáneo de discurrir, el hombre es capaz de adiestrarse para razonar con habilidad y maestría, y puede también tomar sus procesos cognoscitivos como objeto de estudio. En el primer caso tenemos la lógica como arte, y en el segundo como ciencia. La lógica es una y otra cosa a la vez: como arte tiene un fin práctico, que es el de servir de instrumento para conocer rectamente, para lo cual se constituye como saber normativo; como ciencia tiene un fin especulativo, pues intenta describir y desentrañar la manera de pensar del hombre.

Arte, para los antiguos, es sinónimo de lo que hoy entendemos por habilidad personal para realizar un tipo de actividad, como puede ser el hablar un idioma, conducir un automóvil, o ejecutar cualquier oficio.

En este sentido, Santo Tomás define a la lógica como el arte por el que se dirigen los actos de la razón, para proceder en el conocimiento de la verdad ordenadamente, con facilidad y sin error (cfr. In I Anal Post., proemium). Así entendida, es una habilidad que puede y debe mejorarse con el ejercicio, para que aprendamos a discurrir con soltura, a distinguir, concretar, sacar consecuencias, etc.

Todos necesitamos de la lógica, en la medida en que hemos de utilizar la inteligencia en cualquier faceta de la vida. Necesidad que es mayor para las ciencias, pues éstas emplean operaciones racionales con más amplitud y rigor.

Como arte, la lógica es instrumento de las ciencias. Los escolásticos la llamaban ars artium, arte de las artes, pues interviene en cualquier otra ciencia o tarea práctica del hombre. Pero como todo instrumento, debe usarse en función del fin, sin rigideces o abusos que obstaculizan el curso espontáneo del pensar. Para razonar bien no siempre es preciso formular explícitamente todos los pasos lógicos que se están dando.

La lógica artística puede desarrollarse también como una técnica. Arte es una cualidad personal, subjetiva; pero toda habilidad supone un conjunto de procedimientos objetivos, a los que llamamos técnica. Estos procedimientos muchas veces van más allá del alcance ordinario de cualquier persona, utilizan recursos ingeniosos, instrumentos aptos que son fruto de la inventiva humana (por ejemplo, los métodos mnemotécnicos para recordar). La lógica puede apelar también a ciertas técnicas objetivas -como hace la actual lógica simbólica- no para sustituir el pensamiento espontáneo, sino para potenciarlo y permitirle realizar procesos racionales particularmente arduos.

LA CIENCIA LÓGICA

Dejamos de lado el aspecto práctico de la lógica, para centrar nuestra atención en la lógica como ciencia. Y como una ciencia se especifica por su objeto propio, hemos de determinar el objeto de la lógica científica.

En una primera aproximación, digamos que la lógica se ocupa del complejo mundo de nuestras ideas, juicios, razonamientos, procesos de distinguir, abstraer, concretar, relacionar, etc., en la medida en que con esas operaciones conocemos las cosas o nos acercamos a su conocimiento.

Más precisamente, el objeto de la lógica son los actos del pensamiento en cuanto éste se ordena a conocer la realidad. Al conocer las cosas externas, éstas entran de algún modo en nuestra mente y adquieren en ella un nuevo status. A su vez, nuestros actos de pensamiento al conocer las cosas externas tienen ciertos contenidos que sólo existen en el pensamiento. En ambos casos, se obtiene como consecuencia del conocimiento algo que no existe en las cosas reales, sino únicamente en nuestro conocimiento. Por ejemplo, en el juicio «la piedra es redonda», piedra adquiere el status de sujeto, y redonda el de predicado. En la realidad, la piedra no es un sujeto, ni su redondez un predicado. En el mundo real no hay predicados, premisas, ideas unívocas o análogas, etc. Más aún: hay también ideas que ya nada significan en la realidad, sino que sirven para enlazar unas ideas con otras (por ejemplo, o, y, por tanto). Estas propiedades nada serían sin el conocimiento racional. Son consideradas, por ello, como un efecto específico de la razón. Por eso se llaman propiedades lógicas (propiedades exclusivas de nuestro conocimiento de las cosas, inexistentes en las cosas mismas) y son sin duda alguna el objeto propio de la lógica como ciencia.

La lógica se propone, pues, profundizar en el conjunto de relaciones que se producen en nuestro pensamiento al conocer las cosas: relaciones entre los conceptos o con la misma realidad. Se puede decir en pocas palabras que su objeto son las propiedades o las relaciones lógicas.

Las propiedades o relaciones lógicas son un tipo de entes de razón. Entes de razón son las elaboraciones de la mente que sólo pueden existir en la inteligencia humana (por ejemplo, los números negativos). La lógica no estudia todo ente de razón, pero su objeto -las entidades o propiedades lógicas, como hemos dicho-constituye una clase de entes de razón (cfr. In IV Metaph., lect. 4). Una proposición, por ejemplo, no puede existir en la realidad, sino sólo en el espíritu humano. Como es obvio, las propiedades lógicas tienen una correspondencia con la realidad, pues sirven para conocerla: la frase «Pedro corre» significa el correr natural de Pedro.

El método de la lógica es reflexivo. Nadie empieza conociendo ideas, y más tarde alcanza la realidad. Al revés, el primer movimiento de la inteligencia es directo, tendiendo a las cosas mismas, y sólo en un segundo movimiento de orden reflexivo podemos explorar los propios actos de conocer, para conocer cómo conocemos (cfr. ibidem). El acto por el cual investigamos nuestros modos de conocer se llama reflexión lógica (por ejemplo, estudiar las características de nuestra idea de Dios, cómo demostramos que el alma humana es inmortal, etc.).

Los conocimientos directos se denominan primeras intenciones, pues responden al    primer    movimiento o intención de la mente (de tendere in). En segundo lugar vienen los   conocimientos reflejos, que resultan de la reflexión lógica, y que reciben el nombre de segundas intenciones. Por ejemplo, la frase «el cielo es azul» es de primera intención; en cambio el juicio «el cielo es azul es una proposición verdadera» es de segunda intención. Puede decirse entonces que la lógica tiene por objeto las segundas intenciones, o los entes de razón de segunda intención.

La lógica realiza un análisis del lenguaje. Como nuestro conocimiento se expresa en el lenguaje, el método más eficaz de la reflexión lógica es observar las estructuras del hablar del hombre, determinar sus elementos y funciones, el modo en que tales elementos se relacionan, etc. De ahí la necesidad continua de la lógica de expresar sus conclusiones con ejemplos tomados del lenguaje ordinario o científico. La reflexión sobre el lenguaje la entenderemos aquí en un sentido exclusivamente lógico (no gramatical, filológico, etcétera).

Esto no hace a la lógica relativa a un tipo de lengua. Se toma la lengua no en sus aspectos convencionales, culturales, etc., sino en cuanto sirve de base para analizar nuestro modo de conocer, que es un fenómeno universal. Claro está que unos idiomas pueden  poner de relieve ciertos aspectos del orden racional con más claridad que otros, pero esto es sólo un condicionamiento accidental. Si las diversas lenguas no tuvieran algo en común, no sería posible ninguna traducción, ni los hombres de hablas   diferentes podrían comunicarse. Además la lógica no está sujeta a la lengua, pues detecta modos de expresarse confusos, inapropiados, imprecisos, etcétera.

UTILIDAD DE LA LÓGICA

En su vertiente artístico-técnica, la lógica por definición resulta útil ya que se propone asegurar la rectitud del conocimiento humano, su mayor simplicidad, claridad, eficacia demostrativa.

Sin ser absolutamente necesaria, la lógica es útil y conveniente para la perfección del quehacer científico. No es indispensable estudiar lógica para hacer ciencia (basta en muchos casos la lógica espontánea), del mismo modo que el artista no ha menester de reflexiones estéticas para realizar su obra, sino que le es suficiente dejarse llevar por su inspiración. Pero un científico no podrá elaborar con perfección los conocimientos de su especialidad sin recurrir al instrumento de la lógica. Su utilidad concreta consiste en su aplicación oportuna y elástica a las ciencias. Estas necesitan ordenar sus nociones, utilizar la definición, obtener conclusiones demostrativas, y eliminar los errores señalando los sofismas y ambigüedades. La filosofía, la matemática, la física, etc., necesitan -cada una en su modo propio- del instrumento lógico, cuando pretenden constituirse como ciencias en su estado perfecto, apto para ser enseñadas.

La lógica no es el fundamento del conocer científico, sino sólo su instrumento. Si el pensamiento humano fuera la base de la realidad, entonces la lógica ciertamente sería el criterio de validez absoluto de las ciencias. Mas la experiencia demuestra que la lógica, la coherencia del discurso, no son suficientes: si se parte de premisas falsas, el raciocinio concluirá falsamente. La lógica sólo asegura la corrección formal, no la verdad. Ni sirve tampoco como instrumento de investigación o de descubrimientos científicos: su misión es organizar y precisar mejor los conocimientos adquiridos, y sacar de ellos todas las consecuencias posibles.



(Tomado de "Lógica" de Juan José Sanguineti)

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