lunes, 9 de diciembre de 2013

EL PROBLEMA DE LOS UNIVERSALES




La universalidad de nuestros conceptos es difícil de explicar. Hemos visto la escolástica por ser la más satisfactoria de las dadas hasta hoy. Pero como el problema es complejo, conviene, al menos, mencionar que hay otras teorías y hacer ver dónde está la falla de cada una. Porque todas las teorías destacan un aspecto verdadero de la cuestión, pero dejan fuera otro que no debería faltar. Son explicaciones reduccionistas, es decir, incompletas.

La dificultad se nos hace patente cuando observamos que lo real es siempre singular, jamás universal; mas lo comprendemos a través de conceptos universales, jamás singulares. ¿Nos engañamos al pensar? Si digo que Juan es hombre, chileno, estudiante, inteligente, alto, rubio, etc., puedo apreciar que todos los términos que he empleado son universales, incluso el nombre propio, si bien, éste, por naturaleza, designa siempre a un individuo. ¿Sólo Juan es Juan, chileno estudiante, etc.? ¿De cuántos podría decir lo mismo? Los demás vocablos no sirven para designar individuos, a menos que los juntemos de modo de que se puedan aplicar a uno solo. Lo más fácil sería, como en el ejemplo, unirlos a un nombre propio.

Pensamos en universal, imaginamos en singular; la realidad, empero, es siempre singular.

Las palabras, por ser signos de los conceptos, son universales en su significación (in significando), mientras los conceptos lo son propiamente, por naturaleza. Decíamos que los lógicos distinguen al concepto formal o mental del concepto objetivo. Sostienen que aquél es universal en la representación (in repraesentando), mientras éste es universal en la predicación (in praedicando, o bien in essendo). Es fácil ver que todos los tipos de universalidad vistos emanan del universal en el ser o en la predicación; si éste se explica y según cómo se explique, todos los demás quedan aclarados.

Nuestro problema pues se reduce a aclararnos cómo puede algo uno predicarse de muchos. ¿Es que puede, al mismo tiempo, estar en muchos? En ese caso, ¿Qué tipo de realidad tiene, si hemos visto que todo lo que existe es singular? No profundizaremos esta difícil cuestión sino que nos limitaremos a señalar las principales respuestas.

•     RACIONALISMO

Algunos autores han dado este nombre a la posición filosófica que consiste en separar nuestros conceptos de la realidad exterior. De este modo, nuestro concepto, si bien significa algo, no alcanza a la realidad exterior, sino que se limita a lo que aparece en mi interior, en mi razón. De ahí su nombre. Esta postura suele unirse a la que en metafísica se conoce con el nombre de idealismo, si bien no se aplica al llamado idealismo absoluto, que viene a ser una exageración de aquél. Su mejor representante es Manuel Kant, más también suele aplicarse a Descartes, que más bien es considerado su padre, a Guillermo Leibniz y a otros. La corriente más influyente en los tiempos modernos está impregnada de este espíritu.

•     NOMINALISMO

Para sus representantes, los universales son meros nombres, simples etiquetas que nos permiten englobar o catalogar muchas experiencias; pero nada real es universal, ni en la realidad, ni en el pensamiento. Esta posición se atribuye, en la antigüedad, a los sofistas y a los escépticos; en la edad media a Roscelino a Abelardo y a Guillermo de Occam; en la modernidad a Jorge Berkeley y a David Hume; en la edad contemporánea, al positivismo de A. Comte, a Henri Bergson, y al empirismo lógico.

•     REALISMO EXAGERADO

Considera que existen entes universales en sí mismos, no en esta tierra, naturalmente, sino en un mundo ideal, o bien en Dios; mundo a los que, de alguna manera, el hombre tiene acceso. El más típico representante de este realismo, en la antigüedad, es Platón y, en cierta medida, Plotino. En la edad media se dieron posturas más semejantes a la de Plotino que a la de Platón, al pensar que, de algún modo, conocíamos las ideas ejemplares según las cuales Dios hizo las cosas. Estas eran universales como todo modelo. El más conocido defensor de esta interpretación es Guillermo de Champeaux y la escuela de Chartres. En la modernidad, Nicolás Malebranche y en la contemporánea, los ontologistas.

•    REALISMO MODERADO

Sostiene que el universal, como tal, sólo existe en la inteligencia humana y es el concepto. Pero también en la realidad, aunque no de modo actual, es decir, como universal, sino potencial, es decir, es posible extraer de él el universal. Por eso se suele distinguir un universal material, que es la esencia de un ente en cuanto es la materia u objeto del concepto universal; un universal potencial, que es esa misma esencia en cuanto de ella se puede extraer el concepto universal, y finalmente el universal actual, que es el concepto en cuanto es universal en acto después de haberse universalizado la esencia real, la que existe en el ente.

Esta explicación del universal fue inventada por Aristóteles y continuada por sus discípulos durante la antigüedad. En la edad media la aceptaron, con algunas variantes, la mayoría de los filósofos del mundo musulmán, fuesen o no musulmanes, y la transmitieron a los cristianos, entre los que sobresalen san Alberto Magno y santo Tomás de Aquino. Sus discípulos la han mantenido hasta el día de hoy. Es la explicación que más partidarios ha tenido a lo largo de la historia de la filosofía. Es la que hemos adoptado en este libro por ser la que mejor respeta todos los datos que la experiencia nos aporta, como veremos más adelante.


(tomado de "Aprendiendo a pensar" de Ossandón Valdés)


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