jueves, 14 de julio de 2016

Sobre el mal amor

Edward Feser es un muy interesante escritor y filósofo estadounidense,  sus escritos van en la línea aristotélico-tomista. Es autor de varios libros de diversos temas, en particular ha escrito una introducción a la filosofía de la mente, una introducción a Tomás de Aquino y un ensayo de refutación del nuevo ateísmo (nuevo porque busca apoyarse supuestamente en los más recientes avances de las ciencias). Tiene un estilo bastante sencillo y posee una notoria habilidad para hacerse entender, incluso cuando está hablando de temas que de suyo con complicados y difíciles de explicar.

Sigo su obra desde hace ya algunos años y en particular visito frecuentemente su blog - http://edwardfeser.blogspot.com.co/ - el cual recomiendo mucho a quien desee profundizar en estos temas y se le facilite leer textos en inglés.

Lo menciono aquí porque me ha llamado la atención el más reciente escrito que ha subido a su blog, lo ha titulado "bad lovin'", algo así como 'mal amor', o amar mal. Y en palabras sencillas resume las equivocaciones del modo moderno de entender el amor, en comparación con la concepción clásica que se tenía acerca del amor. Intentaré resumir aquí sus ideas.

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Lo primero que hace Feser es presentar lo que es el amor en la concepción clásica, es decir, la definición del amor. Dice, en efecto, que amar es querer el bien o lo bueno para el amado, querer el bien para quien se ama. Esta es una idea que la toma Feser directamente de un escrito de Aristóteles, idea que fue retomada del todo por los autores medievales como Tomás de Aquino.

En seguida señala que hay que considerar dos cosas: lo que se ama PARA el amado, y el amado mismo. Es decir, como el amor es querer el bien para el amado, o para lo que amamos, entonces hay ahí dos cosas: lo que amamos, y aquello que queremos o buscamos para el amado. Y Feser señala que en la concepción clásica esto da origen a dos amores diversos, porque lo que queremos PARA el amado lo amamos con un amor llamado amor de concupiscencia. Mientras que al amado mismo lo amamos con un amor llamado amor de amistad. Y este es el verdadero amor. Porque al amado lo amamos como fin en sí mismo valioso y amable, mientras que a lo que amamos PARA el amado, lo amamos solo como un medio. Y es más excelente lo que es fin, que lo que es solo un medio PARA un fin.

Luego de las anteriores consideraciones extrae Feser 4 conclusiones:

1) El amor es primariamente algo relativo al querer de la voluntad, más que algo relativo a los sentimientos, las emociones, las pasiones, etc.

Obviamente es agradable y placentero estar con alguien que se ama, por ejemplo. Pero ese sentimiento por sí solo es más bien un resultado del amor, no el amor mismo. Puesto que éste es aquella decisión o inclinación de la voluntad de querer y buscar el bien para el amado. De hecho es posible que se den al mismo tiempo el amor y sentimientos de suyo desagradables. Como cuando nos sometemos a una cirugía o a tomar alguna medicina amarga con el fin de buscar nuestra salud. Y también es posible que se den sentimientos o emociones de suyo agradables, en el mismo momento de estar cometiendo algo que en sí mismo es dañino para mí como persona, y por tanto es algo que va contra el verdadero amor que debería tenerme; como en el caso de una infidelidad al cónyuge.

De manera que los sentimientos o emociones agradables no significan de suyo que se esté experimentando el amor. Y experimentar sentimientos o emociones desagradables no significa tampoco de suyo que se esté lejos del amor. De hecho, por poner un ejemplo cristiano, Cristo en la cruz sufrió todos los dolores posibles e imaginables, y no obstante ese fue su máximo momento de amor hacia el hombre.

2) La segunda consecuencia se deriva de la anterior: las emociones agradables, los sentimientos positivos, las pasiones deleitables, etc., NO SON LA ESENCIA DEL AMOR. Pueden quizá darse JUNTO con el amor, como una redundancia suya, o como una consecuencia suya, PERO no son la esencia del amor. La esencia del amor es SER UNA DETERMINACIÓN DE LA VOLUNTAD DE BUSCAR Y QUERER EL BIEN PARA EL AMADO.

El placer, el gozo, el deleite, etc., que se pueden experimentar junto con o gracias al amado, son consecuencias del amor. Incluso consecuencias que a veces faltan o no se dan, y no por eso significa que se haya acabado el amor. Como cuando una madre debe corregir a su hijo y hablarle fuerte y firme contradiciendo quizá los caprichos de éste. Lo más seguro es que en ese momento la madre no esté en un estado placentero o grato, pero seguramente sí está amando a su hijo. O poniendo un ejemplo un poco extremo: cuando un hombre se une a una mala mujer. Biológicamente hablando tendrá la sensación de placer que buscaba, pero no por eso diremos que la amó o que "hicieron el amor".

3) Insiste Feser en la definición del amor, pero resaltando un matiz: amar es querer LO QUE ES BUENO para el amado. De manera que no busca el que ama cualquier bien para el amado, sino aquél bien que es tal PARA el amado. Seguramente algo que es bueno para una persona no lo será para otra, todo dependerá de las circunstancias y condiciones de cada quién. Incluso las madres tratan de manera diversa a sus hijos, pues comprenden con esa sabiduría superior que las adorna, que no todos sus hijos necesitan lo mismo, sino que cada uno va teniendo a lo largo de su desarrollo distintas necesidades. 

Y, lo cual es obvio, el amor busca LO  BUENO, no LO MALO.

4) Finalmente afirma Feser que amar a alguien por sí mismo, es superior a amarlo solo por algún beneficio que de él obtenemos. En el primer caso lo amamos como a fin en sí mismo, en el segundo lo amamos solo como a medio PARA nuestro beneficio.


Luego de haber caracterizado a grandes rasgos la idea clásica sobre el amor, pasa Feser a señalar los errores en que el hombre moderno ha caído respecto del amor.

En primer lugar señala Feser que quizá el error principal en este tema ha sido confundir el amor con el sentimiento, es decir, creer que el amor es ese conjunto de sentimientos placenteros o agradables que se experimentan de vez en cuando junto a alguien o a algo que "amamos". De manera que si experimentamos o sentimos cosas agradables, seguramente es amor. Y si no experimentamos dichos sentimientos placenteros, es porque seguramente el amor ya se acabó.

Y no se crea que estamos aquí hablando en contra de experimentar tales sentimientos o emociones. No. De hecho lo más normal es que ellos se den JUNTO al amor, como sus colaboradores cercanos, para decirlo de alguna manera. De forma tal que si en una relación, por ejemplo, tales sentimientos se enfrían o tienden a desaparecer, es señal de que algo quizá está andando mal. PERO lo que rechazamos es el reducir el amor a dichos sentimientos placenteros, al punto de olvidar que lo esencial del amor es la búsqueda del bien del amado.

De hecho Feser afirma allí que un "amor" reducido a sentimentalismo es un amor infantil, porque precisamente los niños se guían más por sus emociones que por el pensamiento racional y maduro.

Otro error moderno respecto del amor que señala Feser, es que a causa de haber olvidado el amor de amistad, es decir, el amor que consiste en buscar el bien para el amado, a causa del valor del amado mismo y no por beneficio propio. Se ha tendido a privilegiar exclusivamente el otro tipo de amor del que hablaban los medievales, el amor de concupiscencia. Y este amor es un amor que busca el beneficio propio sobre todo por medio de la búsqueda de lo placentero PARA MÍ, de mi placer, de mi gusto, de mi satisfacción.

De tal manera que mi relación con los demás dependerá siempre de qué tanto placer o beneficio sacaré de ellos.

Toda mi vida de relación estará guiada por el egoísmo, primero yo, segundo yo, tercero yo. Las personas a mi alrededor deberán aportarme algo, algún beneficio, algún placer. O no merecerán estar en mi vida, pertenecer a mi grupo de amigos, ni mucho menos ser mi cónyuge.

Ya al final de su análisis llega Feser al corazón de lo que quería exponer. Decía al inicio que amar era buscar el BIEN para el amado. Pero resulta que una de las características de la sociedad actual es un relativismo y un subjetivismo total. Nada es bueno, ni malo. Todo es según la opinión, el deseo o el querer de cada uno. Y esa es la estocada final que la sociedad moderna le da a la idea del amor: ya no hay un BIEN objetivo que se deba buscar para el amado. Todo se reduce a lo que cada uno considere. De hecho hay violadores en serie que han mantenido a su víctima secuestrada por años en oscuros sótanos, sujeta a múltiples abusos, subjetivamente CONVENCIDOS de que eso era lo mejor para ellas. Es un ejemplo extremo, pero sirve para ver la diferencia entre lo que es bueno para alguien, objetivamente hablando, y lo que es "bueno" en la perspectiva enferma de alguien que ha perdido el contacto con la realidad.

Entonces, el hombre moderno en lugar del querer de la voluntad, pone los sentimientos y emociones. Y en lugar del bien, pone la libre decisión de cada uno acerca de lo que es bueno o conveniente. Con esas dos transformaciones queda completamente desfigurado el amor, ya no es QUERER el BIEN para el AMADO, sino más bien buscar EXPERIMENTAR la mayor cantidad posible de SENSACIONES placenteras en mis relaciones con los demás, que serán así simples medios de mi propio egoísmo.

Si a lo anterior sumamos la tendencia actual de igualar todo tipo de amor, como si todo capricho humano valiera lo mismo. Tenemos ya los ingredientes suficientes para el desastre actual que son las familias jóvenes y los adolescentes desorientados en busca de nada.

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Urge, como un imperativo individual, familiar y social, recuperar el verdadero rostro del amor. Pues solo cuando, lejos del egoísmo relativista y hedonista, comprendamos que el amor se construye en la búsqueda desinteresada del bien de aquellos a quienes amamos, podremos aspirar a la construcción de familias sólidas y de una patria que camine con paso seguro hacia la construcción de una verdadera paz, la cual solo es tal si nace de los corazones como fruto del amor, del verdadero amor.


Leonardo Rodríguez


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