viernes, 10 de marzo de 2017

Discurso dominante



Se ha establecido un discurso dominante que, 'curiosamente', coincide con los postulados del progresismo marxista, y más específicamente del progresismo neomarxista, ese que huele a Gramsci por donde se le husmee. Los liberales atacan al engendro neomarxista desde sus propios postulados 'libertarios', acusando al neomarxismo de inocular la estrangulación de los, para ellos, sacrosantos derechos del individuo, y traer tras de sí la tiranía del Estado, cuando para el buen liberal lo mejor sería que ni existiera el Estado o se limitara a ser como el abuelo que mira desde lejos jugar a sus nietos, libremente, sin inmiscuirse demasiado en las travesuras de los pequeños, ya que ellos se las arreglan solos.

Pululan hoy en ese subuniverso que han venido a ser las redes sociales, los proponentes de un liberalismo a rajatabla, considerado única salida y salvación posible frente al tsunami de neomarxismo o marxismo cultural que se nos vino encima, pasito a pasito, casi sin darnos cuenta, adormecidos como estábamos (y estamos) por las 'comodidades' (para el cuerpo, espinas para el alma) que esta sociedad moderna ofrece a raudales. El liberal divide entonces las cosas en blanco y negro, el neomarxismo es todo lo malo, el liberalismo es todo lo bueno. El católico atento sonríe.

Porque tan lejano está del catolicismo y su propuesta socio-político-cultural el marxismo, como lo está el liberalismo, es que no es que el uno sea bueno y el otro malo, es que ambos son malos en tanto que nacen ambos de igual divinización de la libertad humana, en su versión individualista o colectivista, poco importa.

La iglesia condenó el marxismo, por supuesto. Pero también condenó el liberalismo, eso es clarísimo y bastaría con revisar algunos de los más representativos documentos que la iglesia fue emitiendo desde su suprema autoridad durante ese fatídico siglo XVIII, pésimamente llamado siglo de las luces, y durante todo el XIX, para tener ocasión de comprobarlo. Ahí están las encíclicas de Pío IX, de León XIII, etc. ¿Que está condenado el marxismo? Por supuesto, pero también el liberalismo está condenado.

Hablan hoy de que lo que la iglesia condenó fue un 'liberalismo moral' (relativismo), y que lo de ellos frente al marxismo cultural es un liberalismo económico y político. Es decir, su liberalismo sería solo libre mercado y capitalismo, por un lado, y primacía de los 'derechos' del individuo frente a toda indebida intromisión del Estado, como garantía contra toda tiranía o gobierno despótico, por otro. Bien, si solo fuera eso. Porque es claro que la iglesia postula el derecho a la propiedad privada, claro que sí, pero con ello no santifica los monopolios ni la explotación del hombre por el hombre, ni la búsqueda de la riqueza por la riqueza misma. Y claro que la iglesia rechaza la absolutización del Estado, ni más faltaba, pero con ello no santifica el individualismo enemigo de todo orden social y de todo ejercicio legítimo de la autoridad.

Lo que pasa es que se confunden las cosas a beneficio propio. Pareciera que todos quieren emparentar con el cristianismo, entonces los 'intelectuales' marxistas escriben libros proclamando a Cristo como el primer obrero revolucionario contra la tiranía de los poderosos, y construyen la 'teología' de la liberación para difundir su idea. Y también los liberales adelantan el mismo intento, buscan teorizar sobre la dignidad humana y la libertad del hombre, claramente defendidas por el cristianismo, para con malabarismos mentales emparentar dichas causas con sus propias versiones de lo que es la libertad y la dignidad. Como mezclar el agua y el aceite. Pero a nivel de discurso les funciona y a los ojos de muchos logran emparentar con el cristianismo, hasta el extremo de que para algunos el liberalismo fue verdaderamente fruto del catolicismo, fruto natural para más.

Algo tiene de importante el cristianismo cuando todos quieren emparentar con él. Pero son solo sueños, tanto la tiranía marxista como la pseudolibertad del liberalismo (que está a la base de todas sus versiones, sean estas económicas, políticas o morales) están condenadas con igual condena, y permanecen por igual lejos del dogma católico, que en estos temas conserva con gallardía un justo medio, como diría Aristóteles, justo medio entre dos extremos igualmente viciosos.

Lo que pasa es que la doctrina de la iglesia sobre estos asuntos es desconocida, y lo que se conoce de ella son las versiones que dan eclesiásticos extraviados a un lado o a otro, porque cuando no se trata de hombres de iglesia pletóricos de marxismo, se trata entonces de 'curas' liberales amigos de los "inmortales principios del 89". Y ni los unos ni los otros aciertan, se equivocan ambos. Pero es lo que llega al público en lugar de lo que debería llegar: la verdad.

Por ahora parece que el pulso entre estos dos errores simétricos, liberalismo y marxismo, lo está ganando el marxismo cultural. Lo vemos a diario y nos asusta el futuro que se anuncia entre negros nubarrones. No que el triunfo de los liberales nos asustara menos, sino que más bien nos angustia que de las dos opciones que actualmente se disputan el panorama, ambas serán catastróficas para la fe. Dios nos agarre confesados.


Leonardo Rodríguez