sábado, 4 de marzo de 2017

Sobre el nuevo totalitarismo



Mucho se ha escrito ya sobre el incidente con el bus de la fundación HazteOir de España. Como era de esperarse los grupos de personas pertenecientes a la izquierda han condenado la iniciativa de poner a rodar por las calles españolas un bus con ese mensaje, por considerarlo ofensivo contra la población lgbt. En realidad lo condenaron por ir contra la ideología de género que buscan imponer dictatorialmente, ya que dicha ideología anticientífica, antiética, anti-todo, afirma efectivamente que no hay nada de malo, ni anormal, ni siquiera nada un poco extraño en afirmar que una niña puede tener pene y un niño puede tener vagina. Así de demencial es la cosa.

Decíamos antes que también las redes sociales, que son una especie de sub-universo en el que se dan cita todo tipo de personajes, pero que en el fondo no es sino una aglomeración indiscriminada de una masa de gritones, se pronunciaron contra el bus y su mensaje, por similares razones a las antes mencionadas: discriminación contra población lgbt.

¿Qué queda claro de todo esto, a parte de lo ya apuntado? 

Queda claro lo que siempre ha estado claro desde el tiempo de los pregoneros de libertades durante la Revolución Francesa, que al mismo tiempo que guillotinaban adversarios daban bellos discursos sobre libertad, igualdad y fraternidad: el discurso de los derechos y las libertades es usado como arma política, como trampolín, como puro medio propagandístico de seducción de masas, puesto que una vez obtenido el fin, que es el poder y el control de una sociedad, dichos derechos y dichas libertades pasan a ser de uso exclusivo de quienes comulguen con la línea de pensamiento dominante, lo que se llama pensamiento único o pensamiento políticamente correcto, y para los demás, para los que se aparten de dicha línea, no ofrecen otra cosa más que represión total.

En otras palabras. Llegan con el discurso de los derechos y las libertades, seducen masas, arrastran voluntades, obnubilan inteligencias y obtienen influencia social. Desde dicha influencia avanzan en la consolidación de su imagen como salvadores natos de la sociedad, condenan al resto como fascistas, nazis, homófobos, etc., y se convierten de a poco en la única opción política sana, los únicos decentes del panorama social. Apoyados en dicha 'imagen' dan el salto a lo político y ganan puestos aquí y allá, hasta controlar lo suficiente como para no tener ya que disimular más su verdadero rostro totalitario. Es entonces cuando se revelan como verdaderamente son: la nueva policía del pensamiento, al mejor estilo orwelliano. 

Y es lo que vemos hoy. Aún así son legión los que siguen comprando el discurso sobre los derechos y las libertades. Muy bien obró la iglesia cuando en su misma cuna condenó el nacimiento, contenido, forma e intención de los derechos humanos durante la Revolución Francesa, pues un secreto instinto le decía que sin lugar a dudas se convertirían en el Caballo de Troya que abriría las puertas a los desmanteladores de la civilización cristiana. Y no se equivocaron. 


Leonardo Rodríguez