domingo, 7 de abril de 2013

2 REFLEXIONES


Jamás falta el ánimo a quien quiere. No solo esto,  sino que siempre tiene mucha fuerza el que es fiel a la gracia. No hay que atribuir nuestra flaqueza y nuestra cobardía sino a nuestra falta de resistencia. Los santos no tuvieron ni menos estorbos, ni menos poderosos enemigos que nosotros; pero fueron más perseverantes en la oración, más fieles a la gracia, y tuvieron mayor confianza en Dios.

¡Qué maravillas no haría cada uno de nosotros en su estado, si solamente siguiera las inspiraciones del Espirita Santo, si la gracia fuera el móvil de todas sus acciones, si no tuviera otro principio que la mayor gloria de Dios! Pero es muy  poco lo que hacemos porque tenemos demasiada parte en todo lo que obramos.

Es cosa verdaderamente admirable que tanta diversidad, tanto número de gentes hubiesen conspirado contra san Esteban; pero nunca la muchedumbre se declaró por la piedad. Mas, ¿y qué puede esta misma muchedumbre contra la virtud verdadera? Envidias, celos, calumnias, autoridad, tarde o temprano todo cede a la prudencia cristiana, aunque no todo se rinda.

Empléense en hora buena todos los artificios para desacreditar, para deslucir, para oprimir a los justos, no se les tocará ni un pelo, porque están contados por el Señor todos los cabellos de su cabeza. La más fea malicia solo conseguirá rabiar ella de despique, arrojar espumarajos, y dar diente con diente de pura cólera. Fue apedreado san Esteban, es verdad; ¿pero qué importa, si al mismo tiempo estaba viendo los cielos abiertos; si logró tener a Jesucristo por testigo de su combate; si estaba mirando en la gloria al mismo Dios que iba a ser la recompensa de sus trabajos? ¿Se puede por ventura decir que se pierde la vida cuando se da a tan alto precio? ¡Ah, y cuánta verdad es que un volver los ojos hacia el cielo es capaz de extinguir todo el fuego de la persecución más sangrienta! Nunca está lejos Jesucristo de los que combaten por él. Y quien combate a vista de tan generoso dueño, ¿qué tendrá que temer? Fácilmente se perdonan las injurias cuando se tiene presente a Jesucristo.

TOMADO DEL "AÑO CRISTIANO" DE CROISSET.




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