lunes, 8 de abril de 2013

3 REFLEXIONES


El que teme a Dios no se contenta con huir del mal, que esto no tanto sería temer a Dios, como temer la pena y el castigo; se esfuerza también por  hacer el bien, porque el temor filial, cual debe ser el de Dios, quiere agradarle, y por consiguiente solicita hacer lo que le agrada. La prudencia, o por mejor decir la verdadera sabiduría, es inseparable de toda virtud cristiana.

Tenga uno en buena hora todo el ingenio imaginable, sin esta guía no dará paso que no sea en un precipicio; por el contrario, el más moderado entendimiento, dotado de mucha piedad, pocas veces dejará de caminar con acierto.

Desengañémonos, que no hay otra verdadera sabiduría sino la de la salvación eterna. La sabiduría del mundo es una necedad enmascarada, es una sabiduría insensata. Quien yerra en los principios, ¿Cómo puede acertar en lo demás? Algún día conocerán esos sabios de perspectiva, aunque lo conocerán muy tarde, que anduvieron errados y descaminados.  Ergo erravimus, nos insensati.

La verdadera sabiduría consiste en no equivocar el fin, y en acertar con los medios. Y pregunto: ¿son por ventura de este carácter esos discretos del mundo? No tienen pues que aspirar a esta verdadera gloria, ni crean que la sabiduría cristiana se halla en los sabios del siglo. Con toda verdad se puede decir que no hay rectitud, no hay bondad, no hay entendimiento sino en los buenos cristianos, ellos solos son los sabios verdaderos; ellos sí que logran la alegría, la quietud, y aun la felicidad de esta vida. Mientras viven son respetados, y esta gloria les acompaña hasta la sepultura. Es la estimación un tributo que se debe a la virtud. Ninguno se exime de pagarle. Aun los mismos que la persiguen, la respetan. No puede separarse la verdadera gloria de la verdadera piedad. ¡Buen Dios! ¿Qué inmortalidad puede esperar el que se condena?

TOMADO DEL "AÑO CRISTIANO" DE CROISSET

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