sábado, 22 de junio de 2013

Las seis características del sabio



Cuando Aristóteles quiere precisar una noción, parte siempre del sentido corriente de las palabras, a saber, de la opinión común. Así se conduce en los comienzos de la Metafísica en lo referente a la noción de sabiduría: «Nosotros estimamos que en toda empresa los arquitectos son más sabios que los obreros manuales, porque conocen las razones del trabajo, mientras que los últimos trabajan sin saber lo que hacen. No es la habilidad práctica la que hace ser más sabio, sino la comprensión y el conocimiento de las causas».

Señalemos, pues, los juicios emitidos comúnmente acerca de lo que es el sabio. Aristóteles recoge seis rasgos característicos que santo Tomás, en su comentario, expone como sigue:

1. Poseer la ciencia de todas las cosas, sin que para ello sea necesario conocer cada cosa en concreto, que por lo demás es imposible. «Communiter omnes accipimus sapientem máxime scire omnia, sicut eum decet, non quod habeat notitiam de ómnibus singularibus: hoc enim est impossibile cum singularia sint infinita, et infinita intellectu comprehendi non possint».

2. Lograr el conocimiento de cosas difíciles por medio de la penetración de su inteligencia.

3. Obtener, respecto de lo que se conoce, la mayor certeza posible.

4. Ser capaz de hallar las causas en toda cuestión estudiada, y, en consecuencia, ser capaz de enseñarla, «lllum dicimus magis sapientem in omni scientia, qui potest assignare causas cuiuslibet quaesiti, et per hoc docere».

5. Buscar el saber por sí mismo, y no por sus resultados prácticos.

6. Ser capaz de ordenar, en la doble acepción de la palabra: poner orden y dar órdenes. «Sapientem, secundum omnem opinionem, non debet ordinari ab alio, sed ipsum potius alios ordinare».
Reuniendo estos diversos rasgos, obtenemos una descripción de lo que es el sabio: «Ex quibus omnibus potest quaedam descriptio sapientiae formari: ut ille sapiens dicatur qui scit omnia, etiam difficilia, per certitudinem et causam, ipsum scire propter se quaerens, alios ordinans et persuadens».

(tomado de "Introducción general y lógica" de Roger Verneaux)


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