martes, 11 de abril de 2017

¿Por qué el tomismo?

Yo conocí a Tomás de Aquino hace ya algunos años, unos catorce más o menos, y lo conocí por casualidad. No voy a contar aquí de nuevo esa historia, pues ya está contada en otra parte y no soy partidario de andar repitiendo las cosas (aunque los que me conocen dicen que sí). Aquí me gustaría más bien referirme al tomismo y su justificación como guía de pensamiento para el momento actual.

Dicen los entendidos que una de las características principales del pensamiento moderno, entendiendo por moderno todo lo que viene después de Descartes en el siglo XVII, es el inmanentismo idealista o idealismo inmanentista. Lo anterior significa que el pensamiento moderno se construye en torno al sujeto, en torno a los 'contenidos de conciencia', en torno a las ideas del sujeto entendidas como meras construcciones intrasubjetivas sin ningún asidero extramental comprobable.

Lo anterior significa, en palabras menos enredadas, que la filosofía que se construye a partir de Descartes tiende de suyo a prescindir de la realidad, tiende a hacer depender lo real de las construcciones mentales del sujeto, da la primacía a la subjetividad sobre la objetividad. Y pasa tanto en la vertiente racionalista como en la empirista, de distintas formas evidentemente pero con iguales resultados de fondo.

Ahora bien, de una filosofía de ese tipo, centrada en el sujeto y que se construye en grados diversos de espaldas a lo real, se derivan una serie de consecuencias que los autores de los siglos posteriores fueron extrayendo pacientemente hasta llegar ya sea a los idealismos absolutos de corte alemán como a los positivismos radicales de corte inglés. Ambos destructores de la objetividad del pensamiento. Y las consecuencias las podemos encontrar en el campo de la epistemología obviamente, pero también en la metafísica, en la teología natural, en la ética, etc. No hay rama del saber filosófico que no reciba el efecto del inmanentismo idealista moderno.

Para reducirnos al campo ético el inmanentismo idealista engendra el relativismo, del que ya hemos hablado abundantemente en otras ocasiones. Si el sujeto construye la realidad, si la realidad es ante todo el contenido de conciencia del sujeto, su mundo ideal, sus construcciones subjetivas, etc., entonces la ética igualmente se edificará sobre meros contenidos subjetivos de conciencia. Lo bueno y lo malo, lo correcto y lo incorrecto, serán determinaciones de la voluntad libre individual y ya no reflejos de un orden natural extramental y objetivo que se impone con la fuerza de lo real al sujeto cognoscente.

Del relativismo como pseudo sistema ético se derivan prácticamente todas las calamidades públicas que hoy padecen las sociedades, así como también todas las calamidades privadas que padecen las familias y los individuos.

Frente a tal estado de cosas se levanta el tomismo como tabla de salvación de la inteligencia humana, por tanto del hombre, por tanto de las familias y de las sociedades. El tomismo es la filosofía del sentido común, la filosofía de lo real extramental, la filosofía de la humildad ante la naturaleza de las cosas, de la humildad ante el Creador de dicha naturaleza.

Si hay posibilidad de rehabilitar la teología natural ello no se hará sino bebiendo en las fuentes del tomismo. Lo mismo dígase de la rehabilitación del pensamiento ético, epsitemológico, metafísico, etc. ¿Por qué? Porque lejos de su anclaje en lo real extramental la inteligencia muere de frío en la cárcel vacía de sus 'contenidos de conciencia', como condenada a contemplar solo sombras. Como en el mito platónico de la caverna, salvadas las distancias.

¿Que por qué el tomismo? Por todo lo anterior y por más: porque es el sistema filosófico recomendado por siglos por las más altas jerarquías eclesiásticas como conforme naturalmente con el dogma (signo externo pero indudable de su verdad intrínseca). Papas, santos, concilios, teólogos y filósofos de todos los tiempos lo han recomendado encarecidamente a los estudiosos. 

Pero sobre todas las cosas el tomismo se justifica hoy porque solo en el encuentro con lo real la inteligencia alcanza su fin, su razón de ser, y dicho encuentro con lo real en toda su extensión lo garantiza el tomismo en forma excelsa y única.

Por eso y más difundimos el tomismo.




Leonardo Rodríguez


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