jueves, 10 de noviembre de 2022

Por un tomismo tomista

Suele suceder que aquel que se encuentra con santo Tomás de Aquino, ya no lo abandona más. Encontrarlo, es decir, encontrar sus obras, conocer su vida, adentrarse en las profundidades de su pensamiento filosófico y teológico (fue ante todo y sobre todo un teólogo, pero sabía bien que la teología, ciencia de Dios y de todas las cosas en su relación con Dios, debe construirse sobre la más sólida base filosófica), es hallarse sumergido en un universo conceptual de tal riqueza, de tal amplitud, de tal verdad, que difícilmente se puede hacer a un lado y continuar la búsqueda, pues se percibe haber llegado ya a puerto seguro. La inteligencia descansa con serenidad en las páginas de su Summa theologiae.

Pero suele suceder también, por desgracia, que muchos se quedan con una versión, como si dijéramos, light del tomismo, un tomismo fast food, en expresión gráfica del querido padre Álvaro Calderón.

¿Qué queremos decir? Queremos decir con ello que el pensamiento de santo Tomás de Aquino es exigente, arduo, profundo y requiere una sólida disciplina de la inteligencia: estudio, reflexión, apuntes, relecturas, maduración… Y después de todo ello sucede que nos vemos aún apenas comenzando, siempre discípulos, descubriendo en cada nueva lectura matices de los cuales no nos habíamos percatado antes, o perspectivas nuevas que se abren y dan más luz a temas que creíamos ya asimilados. Nunca se deja de ser tomista.

Quizá esa es una de las diferencias más notables con lo que se ha denominado “filosofía” moderna, que en ella todos han querido ser maestros, nadie ha querido ser discípulo, y ello ha conllevado una multiplicación casi ‘ad infinitum’, de escuelas, corrientes, posturas, alternativas… La disolución de la inteligencia so capa de pluralidad y apertura.

Ante el panorama desolador del perspectivismo de los modernos, donde la verdad desaparece al ser reemplazada por posturas y opiniones, contradictorias entre sí y nunca seguras de haber arribado a nada seguro; el tomismo es un faro firme que indica al navegante los escollos a evitar y el rumbo inequívoco que debe seguir para llegar a puerto.

Pero ocurre entonces que al tomista principiante le sale al paso una tentación contra la cual debe luchar si es que quiere en verdad ingresar en el castillo del pensamiento tomista y recorrer con fruto todas sus habitaciones y pasillos, repletos de tesoros admirables: la tentación de quedarse con un mero barniz de doctrina e instalarse en un tomismo NO tomista.

Para decirlo en palabras sencillas, es posible memorizar en pocos minutos el significado de una serie de términos y con ello creerse ya tomista consumado. Uno puede tomar un diccionario de filosofía, o incluso algún vocabulario sacado de un autor tomista y darse a la tarea de memorizar palabras como: acto, potencia, forma, materia, substancia, accidente, esencia, ser, causa formal, causa eficiente, causa material, causa final, etc. Y terminada la labor de memorización ir por la vida hilando discursos con base en dichos conceptos y con ello considerarse en posesión del tomismo más acendrado.

¡Grave ilusión! ¡Gravísimo error!

Quienes así proceden se privan a sí mismos de gustar el verdadero tomismo, ese que nace como fruto de la asidua familiaridad con los textos del maestro, de la permanente meditación de sus argumentos, de la juiciosa reflexión de sus respuestas y del esfuerzo por penetrar cada vez más y mejor en el trasfondo metafísico último de sus posturas más características.

Pero entendemos que todo ello conlleva tiempo, dedicación, esfuerzo, disciplina, tesón, y no todo el mundo, incluso entre los interesados, está dispuesto a ello o tiene las condiciones para ello o el tiempo, humanamente hablando, para hacerlo como corresponde. Se cae así en un tomismo light, que está lejos del tomismo real, del tomismo tomista que debiera ser el ideal del seguidor de Tomás de Aquino.

Por poner un ejemplo concreto de lo que venimos diciendo, el orden en que deben ser estudiadas las disciplinas es el siguiente:

1.       Lógica

2.       Filosofía de la naturaleza (y psicología)

3.       Metafísica (y ética)

4.       Y en la cumbre de la metafísica… La teología natural, Dios contemplado como acto puro y causa eficiente primera de todo cuanto existe.

Se trata ciertamente de un recorrido amplio y exigente, que no se hace en un par de semanas, ni siquiera en un par de meses y posiblemente tampoco en un par de años. Algunos se han aventurado incluso a decir que serían necesarios unos diez años de estudio, otros han dicho veinte, otros incluso más… Para poder madurar de forma conveniente toda la riqueza contenida en la obra tomista. Ello llevaría a un tomismo tomista, no tan solo a un tomismo light de conceptos aprendidos de memoria para hilar bonitos discursos de apariencia escolástica.

Por donde se ve lo errados que van aquellos que andan por el mundo con apariencia de tomistas y creyendo que por hablar de la forma y la materia ya son consumados discípulos del angélico doctor.

¿Cuál es la invitación? La invitación no puede ser otra que la de empezar cuanto antes nuestra formación intelectual, las circunstancias actuales lo requieren, lo exigen, pues los falsos doctores pululan y los lobos con piel de oveja causan estragos en el rebaño, confundiendo, engañando y devorando a los desprevenidos.

Si sientes la vocación por el trabajo intelectual y deseas acercarte al doctor de Aquino en busca de una sólida formación católica, teológica, filosófica y verdaderamente humanista, debes comenzar ya, el trabajo es mucho y los obreros pocos.

¡Ánimo! Dios sabrá recompensar con creces tu dedicación y con seguridad el hermano Tomás acompañará desde el cielo tus empeños y te alcanzará de Dios nuestro señor, por mediación de la santísima virgen María, sede de la sabiduría, la gracia de progresar en el estudio y ser luz en medio de una sociedad cada vez más sumergida en las tinieblas del engaño y el vicio.

 

Leonardo Rodríguez Velasco

sábado, 24 de septiembre de 2022

Santoral, en renovada versión digital. (Amabilidad de un lector del blog)

 Es para mí un gusto poder compartir aquí con ustedes un nuevo y valiosísimo aporte del amable lector que ya en otras oportunidades nos ha regalado el fruto de sus esfuerzos. Resulta que desde hace ya un buen tiempo ha venido en forma desinteresada renovando en formato digital algunos tesoros de la literatura católica, y en esta ocasión nos obsequia nada más y nada menos que el famoso santoral de la Editorial Luis Vives, el célebre santoral "Edelvives". Ya hace unos años compartimos aquí este santoral en la versión escaneada que corre por Internet, pero lo que ahora se les ofrece es una versión actualizada, impecable. 

Son 7 tomos, incluyendo uno de fiestas especiales del año litúrgico. Sin duda una verdadera joya y un trabajo impecable.

Dios se lo recompensará.



Tomo 1: ENERO - FEBRERO


Tomo 2: MARZO - ABRIL


Tomo 3: MAYO - JUNIO


Tomo 4: JULIO - AGOSTO


Tomo 5: SEPTIEMBRE - OCTUBRE


Tomo 6: NOVIEMBRE - DICIEMBRE


Tomo 7: FESTIVIDADES DEL AÑO LITÚRGICO









martes, 30 de agosto de 2022

Sobre la obra del padre Álvaro Calderón

Entre los interesados en el pensamiento de santo Tomás de Aquino hoy día, son muy pocos los que conocen, o más bien, tienen el privilegio de conocer, la obra del padre Álvaro Calderón, sacerdote de la Fsspx, argentino, insigne hijo del aquinate, quien luego de algunas décadas enseñando varios de los tratados de la 'Summa theologiae' a los seminaristas, y también la filosofía, me atrevo a decir que ha alcanzado una profundidad tal en su comprensión del tomismo, que lo ubica sin duda entre los mayores tomistas de la historia. 



Se ha dedicado a ser discípulo únicamente del aquinate, sin intermediarios, lo cual, luego de un paciente trabajo de años, le ha permitido asimilar de tal manera la mente del de Aquino, que se pasea por su obra captando lo esencial con una naturalidad que asombra.

La obra escrita que está produciendo quedará sin duda para la posteridad como un monumento de sapiencia, de trabajo paciente, de obediencia al maestro común, de trabajo intelectual arduo. Sus libros no tienen desperdicio, son una real joya.

Ha escrito una introducción a la filosofía llamada "Umbrales de la filosofía", donde de forma magistral penetra en el corazón mismo de la lógica, la filosofía de la naturaleza y la metafísica. Pero no es que las desarrolle como hacen los manuales comunes, sino que ante todo nos pone en contacto con su verdadera naturaleza, como interesado en que antes de hacer lógica sepamos de qué estamos hablando, igual con la filosofía de la naturaleza y la metafísica. Porque de nada sirve lanzarnos a hacer metafísica si antes no nos hemos ejercitado en su ser.

También ha dado a luz una obra en dos volúmenes llamada "La naturaleza y sus causas", y me atrevo a decir que estando ya escrita una obra así, es de necesaria y obligada lectura para el que quiera pisar con pie firme en el real y genuino pensamiento tomista. Y no crean que exagero, la obra es un monumento a la solidez intelectual, una real invitación a pensar con toda rigurosidad sobre la naturaleza física, escalón obligado del filósofo realista que desea construir una filosofía atenta a lo real. 

En esa obra el primer volumen es una exposición del ser de la filosofía de la naturaleza, de  manera que el lector tenga claro de una vez y para siempre de qué hablamos cuando hablamos de filosofía natural, definición, objeto, método, especificidad propia; pero todo ello desarrollado con tal acopio de autores, y sobre todo en tal fidelidad al propio Tomás, que se puede decir que estamos verdaderamente ante una de las obras máximas del pensamiento tomista de todos los tiempos. 

Certeza que sube si consideramos el volumen II, dedicado a las causas. Y es que el volumen segundo de esa obra lo dedica el padre a la exposición escrupulosamente exacta de las cuatro causas aristotélicas, material, formal, eficiente y final. Porque si la ciencia es conocimiento cierto POR las causas, y las causas son cuatro, hay que saberlas antes. 



Pero quizá la mayor obra que ha escrito hasta ahora es la que se llama "El orden sobrenatural", subtitulada como 'una inmersión en el tomismo profundo'. 

Aquí me quedo sin palabras, lo alcanzado por el padre en esta obra excede todo elogio que yo pudiera hacer de él. 



Es una obra en la que el padre se sumerge en el corazón del tomismo, la distinción entre esencia y ser, distintos en la creatura, pero identificados en el Creador. El padre va llevando como de la mano al lector hacia la comprensión de esa profunda verdad, llave maestra que abre la puerta de las mayores alturas alcanzadas por Tomás de Aquino, tanto en el orden natural, como en el propiamente sobrenatural. Se trata de una obra de tomismo consumado, TAL VEZ LA MÁXIMA OBRA TOMISTA de los últimos dos o tres siglos. 

Para encontrar algo así tendríamos que retroceder hasta los tiempos de Juan de santo Tomás, del cardenal Cayetano...o incluso retroceder hasta el siglo XIII, siglo de santo Tomás de Aquino. Porque el que habla en dicha obra es un auténtico discípulo del aquinate. Monumental. 

¿Qué más se podría decir? Mucho y nada que esté a nuestro alcance, tan solo pedir a la divina providencia que le conceda al padre años de vida suficientes para dejarnos algunos escritos más que nos acompañen en este valle de lágrimas que es el panorama intelectual moderno. Aunque por otro lado, quizá el propio padre en sus oraciones personales esté pidiendo más bien ir pronto al cielo a gozar con la clara visión de Aquél que aquí contemplamos tan solo bajo el velo de conceptos como acto puro o Ipsum Esse Subsistens.

 

Leonardo Rodríguez Velasco

sábado, 20 de agosto de 2022

Impedir la contemplación

Hablábamos en el artículo anterior acerca de la hipertrofia actual de la imagen, en perjuicio del concepto. Una de las consecuencias de dicha hipertrofia es la inhibición de la capacidad contemplativa del hombre, dado que ahora se instala en el mundo de la mera imagen, sin tomarla como trampolín para ascender a la ciencia de lo metafísico.

En el proceso de abstracción de los conceptos, la imagen cumple su función en la medida en que nos pone en contacto directo con lo real concreto, a partir de lo cual la inteligencia puede ejercer su acto propio de conceptualización abstracta y razonamiento. Para ello se requiere que el momento de la sensibilidad sea el primero, sí, pero escalera ante todo para la abstracción conceptual, único medio que tenemos para conocer las esencias de las cosas, su realidad más íntima. 

Pero en la hipertrofia de la imagen que padecemos actualmente, el momento de la sensación concreta de lo sensible no es una instancia del entero proceso de conocimiento, sino que se convierte en punto de llegada en donde el sujeto se instala, sin aspirar a un más allá de la imagen misma, de lo concreto material, de lo inmediato sensible.

De esta manera se impide la contemplación, en la medida en que se le cierra a la inteligencia la posibilidad de ver a través de la sensibilidad los valores puramente inteligibles, únicos capaces de satisfacer sus virtualidades naturales, estando ordenada a la contemplación de la verdad.

Tenemos entonces una inteligencia impedida de acceder a su alimento propio, reducida a la impotencia. Mientras que la sensibilidad ocupa el horizonte mental, tanto en la vertiente cognitiva, como en la tendencial.

Esto último significa que en lo relativo a la esfera tendencial humana, actuar voluntario, vida emocional y pasional, sentimientos, etc., la vida del hombre pasa a estar bajo el timonel de lo sensible, lo cual significa la reducción de la ética a la estética, palabras más, palabras menos. Estética entendida en su sentido etimológico, como lo percibido por los sentidos. Es entonces el triunfo de lo inmediato en el actuar humano, porque la imagen es lo inmediato, en contraposición al concepto que es lo permanente. Presenciamos entonces el triunfo de las "éticas" relativistas, es decir, éticas que son más bien estéticas del capricho individual. Es la entronización del "porque así lo quiero ahora" como criterio de actuar "voluntario". A eso se le ha llamado autonomía.

En cambio, una inteligencia que contempla lo real y accede mediante ello al reino de los valores inteligibles, es una inteligencia que puede construir una ética, fundamentada esta vez sobre los inteligibles metafísicos que develan la estructura íntima de lo real y no los dictámenes pasajeros del capricho volátil del sujeto "autónomo". 

De aquí la urgencia de tomar conciencia de todo esto y recuperar la centralidad de la actitud contemplativa frente a lo real, dando al universo de la imagen el lugar que debe ocupar, evitando a toda costa su hipertrofia actual. 

(Un buen comienzo sería revisar drásticamente el tiempo que dedicamos a las "redes sociales" y reemplazarlo por la lectura de buena literatura, comenzando por los clásicos, incluyendo en la dieta también a la filosofía y la teología).


Leonardo Rodríguez Velasco