martes, 16 de febrero de 2016

Dios es estorbo de la modernidad



Yo no se a ciencia cierta cuántos ateos hay actualmente en el mundo, y a lo mejor es imposible llegar a establecer esa cifra con exactitud. Lo cierto es que hay muchos, quizá más que en otros momentos de la historia. Sobre todo si tenemos en cuenta eso que llaman ateísmo práctico, que es el ateísmo de los que no han estudiado la cuestión, pero aún así viven como si Dios no existiera, porque les conviene que Dios no exista. Estos son millones, lastimosamente.

Pero independientemente de los números, lo cierto es que Dios ha venido a convertirse en el gran estorbo de la vida moderna, del hombre moderno, de la modernidad. Veamos.

En la cultura- Asistimos actualmente a la multiplicación de un tipo de "arte" o de manifestaciones "artísticas" abiertamente feas, desagradables. Por ejemplo recuerdo que un profesor de arte que tuve en la universidad nos decía que en 1961 un "artista" italiano había puesto materia fecal, heces propias, en unas latas metálicas pequeñas y las había expuesto en un museo; el nombre de la exposición era "Mierda de artista". El "artista" se llamaba Piero Manzoni. Y las latas fueron avaluadas en un montón de dinero cada una, ¡y se vendieron!. 

Ese ejemplo a pesar de ser de 1961 ilustra perfectamente lo que ha venido a ser el "arte" moderno. Pero no solo se producen ahora cosas feas, sino además cosas chocantes y desagradables. En México hace un tiempo un "artista" expuso en un museo a un perrito amarrado de una pata, ¡y ya!, la idea era que el perrito muriera de hambre durante los días que duraba la exposición, es decir, no le iba a dar comida y los visitantes del museo lo veían morir de hambre. ¡Esa era su obra de arte!, y los visitantes del museo con cara de imbéciles se paraban a mirar al perrito, y se admiraban de la "profundidad" de lo que el "artista" había "creado".

Pero dejando de lado esas manifestaciones "artísticas" chocantes y desagradables, lo que es aún peor, por sus implicaciones religiosas, es esa moda reciente entre algunos "artistas" de realizar obras abiertamente ofensivas contra la religión. En Colombia, para no ir más lejos, hace algunos años una revista publicó el trabajo de un fotógrafo que mostraba una supuesta representación de la última cena, pero en la cual una modelo semi-desnuda representaba a Cristo, y los apóstoles eran representados por modelos homosexuales. 

Ese tipo de "arte" insultante y agresivo contra la religión es cada vez más común y es el camino fácil que escogen muchos "artistas" para ganar rápido algo de fama y notoriedad. Hace pocos meses en España, un "artista" robó un gran número de ostias consagradas, es decir, pasó a comulgar pero no consumía las ostias sino que las guardaba. Reunió muchas y en el piso del establecimiento donde hacía su "exposición artística" formó con ellas la palabra "Pederastia", en clara denuncia "artística" de dicho fenómeno en el clero católico. 

Y si de este tipo de manifestaciones pasamos al cine, a la música, a la literatura, a la pintura, etc., los resultados serán los mismos y los ejemplos podrían multiplicarse casi hasta el infinito. Cientos de películas consagradas a la glorificación de los anti-valores; miles de canciones hechas con la evidente intención de insultar, de blasfemar sin problema, sin recato. Y en cuanto a libros bastaría una pequeña caminata por una estantería de una librería cualquiera para comprobar cómo abundan los libros consagrados ya no solo al ateísmo, sino incluso al anti-teísmo, al ateísmo agresivo y militante.

En fin, todo el moderno espectro cultural está lleno de la necesidad de que Dios no exista, porque solo así pueden sentir una especie de seguridad de que sus actos no tendrán consecuencias. Es como el enano que insulta al gigante, cuando está completamente seguro de que el gigante no está en casa, pues si estuviera no se atrevería a insultarlo. El arte moderno, o por lo menos buena parte del mismo, necesita que Dios no exista.

La moral- Si miramos la moral de las sociedades, moral colectiva e individual, el panorama es mucho más sombrío quizá que el que veíamos en el arte. Basta decir que hoy se ha masificado el llamado ateísmo práctico. Casi se podría decir que el ateísmo práctico es la moral social del hombre moderno.

Y no es que no hayan hoy ateos teóricos, los hay, pero son pocos, realmente muy pocos a nivel mundial. El ateo teórico es aquél que pretende dar razones, argumentos, pruebas de que Dios no existe. Por esta razón no cualquiera se puede denominar ateo teórico. En cambio el ateísmo práctico es mucho más sencillo, no se necesitan complejas argumentaciones, basta con vivir como si Dios no existiera, y punto.

El ateo teórico se encuentra sobre todo en círculos universitarios; son profesores de universidad, científicos, filósofos, astrónomos, etc. Actualmente, por ejemplo, en Estados Unidos se dan debates muy interesantes entre profesores universitarios ateos y profesores universitarios creyentes, se pueden encontrar fácilmente por Internet. Y digo que debates muy interesantes porque en ellos se pone en juego lo más actual, lo más reciente en cuanto a descubrimientos científicos. Los ateos sacan a relucir su gran erudición en materias físicas, astronómicas, lógicas. Pero los creyentes no se han quedado atrás y también han salido en defensa de la existencia de Dios tomando igualmente argumentos de las mismas ciencias, de la física, de la astronomía, de la argumentación lógica. Tanto que actualmente hay un importante número de profesores universitarios creyentes, desarrollando su trabajo en prestigiosas universidades estadounidenses, y que toman públicamente partido en el debate público a favor de la existencia de Dios.

Pero ese es el panorama del ateísmo teórico. 

Por el lado del ateísmo práctico la cosa es mucho más complicada y dramática, puesto que precisamente por ser un grupo que no recurre a argumentaciones para justificarse, no valen ante él las argumentaciones para señalarles su error. Es una postura fácil, cómoda, y por tanto gusta mucho a las nuevas generaciones. De hecho entre los jóvenes el ateísmo práctico es una verdadera epidemia.

El ateo práctico no es que sepa que Dios no existe, sino que le conviene que no exista, para poder seguir llevando su vida como le place. Y esa es la moral del hombre moderno. Por eso Dios es un estorbo para la moral del hombre moderno.

Y podríamos analizar más aspectos de la sociedad actual: la política (llena de leyes como el aborto, la eutanasia, etc., que necesitan que Dios no exista); la filosofía, en la que actualmente lo que prevalece es el rechazo de la "idea" de Dios, a tal punto que se considera que un requisito para hoy llamarse filósofo es ser ateo, si no se es de entrada ateo es prácticamente imposible hacer "carrera" entre el "gremio" profesional de la filosofía. Las modas, sobre las cuales no hay siquiera necesidad de insistir.  

Pareciera que todos los elementos que conforman las grandes estructuras de la sociedad actual necesitan que Dios no exista, porque si existiera eso desautorizaría completamente su proceder. Sería un límite, y eso es precisamente lo que el hombre moderno no quiere, no  reconoce, no acepta: límites.

De esta manera un sencillo análisis nos muestra la verdad del título de este texto: Dios es el estorbo de la modernidad.

Quizá lo más revolucionario que se pueda hacer actualmente sea, sencillamente, creer en Dios.


Leonardo Rodríguez


1 comentario:

Anónimo dijo...

Evidentemente Dios molesta a los que no quieren estar trabados por su Ley.

Ley que no es otra que el respeto a los demás y a uno mismo; y que se cierra con el respeto a la Ley de Dios como piedra clave de todo el sistema.

(Dios no necesita que los hombres crean en Él. Son los hombres los que necesitamos creer en Dios)

Tal vez para los filósofos de salón sirvan las pruebas de la existencia o de la inexistencia de algo

(lo cual confirmará su imagen propia de ser muy inteligentes, ilustrados, científicos, racionales, librepensadores, necios; y de vivir en su cabeza y no en el mundo real

Para los que no somos tan freemasons ni somos los jefes secretos que les manipulan, todo se reduce a algo práctico:

Así, si quiero robar, me molesta
Dios.
Si no quiero que me roben,necesito a Dios.
Si quiero tener relaciones sexuales libres con las mujeres, sin comprometerme, Dios me molesta.
Si no quiero que un hombre abuse de mi hija, necesitó a Dios...
etc

Lamentablemente nuestras sociedades cristianas están dominadas por gente de otra religión (la sionista, la socialista, la masonería, el capitalismo salvaje...)

Para estas personas Dios, precisamente porque es la clave de un sistema que protege a la humanidad, molesta y hay que quitarlo como sea.

Como dominan la sociedad
-cristiana- a través de los medios de comunicación, del dinero y de la política, se aprovechan y no dejan pasar la oportunidad.

Y nosotros colaboramos alegremente porque nos ciega la codicia de los bienes del vecino:

Los políticos progresistas nos han prometido que si les damos nuestros votos para llegar al poder, ellos van a robar al vecino y nos lo va a dar a nosotros, que tenemos "derechos".

El hecho de que nunca cumplan y sean ellos los que nos roben a nosotros, no es un impedimento para que baje nuestro entusiasmo y nuestra codicia y les sigamos votando; con la misma certeza que tenemos cuando seguimos comprando una y otra vez boletos de lotería
sabiendo por pura experiencia que no nos toca nunca.

Lamentablemente con nuestro voto
también ponemos en el poder a los que destruyen la sociedad cristiana (por eso, desde el siglo XX, la catedral de París no es de los católicos, sino del Estado, controlado por la mafia masónica)

?las armas?

Cualquiera diría: el "laicismo", la "ideología de sexo", la "multiculturalidad", la "República" (en Francia), el "socialismo", " la masonería", el "sionismo", la inmigración masiva de colonos musulmanes...

No.

Están equivocados.

Es la desidia y la envidia de la mayoría lo que pone en el poder a estas minorías que han jurado nuestra suerte.

?El castigo?

El que tenemos.

Por eso, la humanidad -nosotros- vamos de mal en peor.

Sin ninguna comparación con los 2000 años de civilización anteriores.

Parece que con tanto " progreso" estamos condenados a ir para atrás, como los cangrejos.