sábado, 17 de diciembre de 2016

Los conceptos y los universales (Rafael Corazón González)


Ni los abstractos ni las ideas generales son universales en el sentido que tradicionalmente se ha dado a este término en filosofía. El abstracto hombre no se refiere a ninguno en particular, ni a muchos en general. Las ideas generales, por su parte, se refieren a la realidad siendo esta un caso o un hecho de dicha idea.

Solo los conceptos son universales en el sentido de que pueden predicarse íntegros de un ser real. Universal significa «uno en diversos», uno en muchos.

¿Cómo formamos los conceptos? Después de obtener los abstractos, la inteligencia conoce que la capacidad de conocer no ha quedado saturada porque hombre no es gato ni gato es perro: con un solo abstracto no queda saturada la capacidad intelectual. A la vez, también nos damos cuenta de que el abstracto no nos da a conocer completamente la realidad porque saber que tal cosa es hombre es saber poco sobre dicha cosa. La inteligencia se da cuenta, pues, de dos deficiencias: primero, que no está saturada; segundo, que la realidad no ha sido plenamente conocida. El conocimiento de la primera deficiencia da origen a las ideas generales; el de la segunda, a los conceptos.

En concreto, el abstracto, para que sea un verdadero conocimiento de la realidad ha de ser «devuelto» a esta. Y entonces cobra universalidad: «concepto significa uno en muchos, cualesquiera que sean esos muchos; el uno está en los muchos, y, por lo tanto, el uno no está en sí, no es uno en sí, sino en los muchos; y no por ser muchos se reparte entre ellos; por su parte [...] el uno está entero en ellos.


Eso es el conocimiento conceptual: entender que uno está en muchos sin que por eso se fraccione, sino que está entero en los muchos». Mientras que cada hombre es solo un caso de animal, cada hombre, en cambio, es plenamente hombre. El hombre no es animal como lo es una vaca, ni la vaca lo es como lo es un perro (porque cada uno es de una especie distinta); pero todos los hombres son plenamente hombres.


(Tomado de "¿Por qué pensar si no es obligatorio?")

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