sábado, 12 de noviembre de 2016

¿Para qué sirve la filosofía? a propósito de las recientes declaraciones de un alcalde


Recientemente han sido noticia en Colombia unas declaraciones del alcalde de Cartagena en las que preguntaba de forma retórica ¿de qué le sirve la filosofía a un joven pobre?, y decimos que la pregunta era retórica puesto que para él la respuesta era evidente: ¡para nada!

Queremos pensar que el mandatario, en su afán por establecer su idea de la necesidad de ofrecer a los jóvenes herramientas para fortalecer su proyecto de vida a nivel laboral y profesional, se dejó llevar por un instante del fervor de la “retórica” y lanzó sus destempladas observaciones; en ese orden de ideas quizá con la cabeza más fría hubiera podido sopesar mejor sus palabras y a lo mejor no habría dicho lo que finalmente dijo.

Sin embargo, considerando el bajo nivel intelectual que constituye la norma en cuanto a mandatarios locales se refiere, lo más seguro es que dicho arranque ‘retórico’ del alcalde cartagenero refleje verdaderamente su ‘pensamiento’ (¡llamémoslo así!), y esté sinceramente convencido en su fuero interno de que la filosofía efectivamente no sirve para nada.

Sea de ello lo que fuere, vamos a tratar de esbozar aquí 4 respuestas diferentes a las necias afirmaciones del alcalde. La primera será la respuesta del honor, la segunda la respuesta del ‘filósofo’ (¡vamos a llamarlo así!) actual, la tercera será la respuesta paradójica y la última será la respuesta del filósofo clásico. Empecemos pues.

1) La respuesta del honor.

Una primera respuesta a los que acusan a la filosofía de no servir para nada es afirmar con firmeza y claridad: ¡es cierto, la filosofía no sirve! ¿Qué? ¿Entonces tenía razón el alcalde? ¡No! Queremos decir que la filosofía no sirve porque no está al servicio de algo más, no sirve a nada ni a nadie, todo lo contrario, el hombre entero, todas las ciencias y disciplinas, están ahí para servirla a ella, es ella la reina de las ciencias y el único camino que tiene el hombre para alcanzar su verdadera nobleza: ¡nobleza de ser racional y pensante!

Esta respuesta es común encontrarla en muchos manuales de filosofía, ¡y tiene mucha razón!; en resumen lo que se dice aquí es que la filosofía, por ser la ciencia suprema (entendiendo aquí por ‘filosofía’ sobre todo la metafísica) no le sirve a nadie, sino que todo lo demás le sirve a ella. Se trata de una idea muy cierta, aunque un poco elevada para el hombre promedio actual, como el alcalde, ya que para su cabal comprensión requiere el manejo previo de ciertos elementos conceptuales sin los cuales resulta imposible captar siquiera su sentido mismo.

La filosofía se asoma a lo teórico y a lo práctico. En lo teórico constituye la ciencia suprema, ya que si tenemos en cuenta que toda ciencia busca conocer las causas de su objeto de estudio, y la filosofía busca las causas primeras y fundamentales de todo lo real, se concluye sin mayor dificultad que la filosofía es efectivamente la ciencia suprema; y siendo ciencia suprema no es buscada para satisfacer esta o aquella necesidad, sino que es buscada por sí misma, porque es amable en sí misma y en sí misma digna de toda consideración y veneración.

En lo práctico la filosofía engendra la ética, que es ciencia directiva del comportamiento humano, le aporta los principios primeros sobre los cuales más adelante la ética edifica el conjunto de sus demostraciones y concreciones prácticas. No hay ética sin base filosófica, no hay conducta recta sin ética, no hay sociedad sin conducta ética…quizá a esto apuntan las declaraciones del alcalde, ya que a lo mejor la clase ‘política’ colombiana, acostumbrada al muladar de corrupción en el que nadan tan a gusto, solo conciben ya en sus cabezas una sociedad radicalmente ajena a la conducta ética. En ese caso el alcalde tendría toda la razón: la filosofía no sirve para nada.

2) La respuesta del filósofo actual

En la actualidad, luego de un proceso de corrupción, la ‘filosofía’ (¡vamos a llamarla así!) ha venido a reducirse más o menos a lo siguiente: ¡pensamiento crítico! Se dice entonces en las modernas aulas de ‘filosofía’ que la filosofía es la disciplina encargada de enseñar a ‘pensar críticamente’. ¿Y qué significa pensar críticamente? La mayoría de las veces quien así se expresa quiere decir sencillamente ‘pensar’ (¡vamos a llamarlo así!) como izquierdista. Esta respuesta carga entonces muchas veces un matiz ‘político’

Entonces nuestro disminuido filósofo moderno le dirá al alcalde imprudente más o menos lo siguiente: ¡típica actitud del oligarca gobernante, necesitan un pueblo ignorante, incapaz de pensar por sí mismo, borregos analfabetas que se limiten a depositar su voto por un tamal, ajenos a todo pensamiento, a toda idea, fáciles de manipular, ingenuos, superficiales, conformistas!

La filosofía sería, en ese orden de ideas, el camino a la liberación social, revolucionaria, por ser el instrumento del pensamiento ‘crítico’. Sin ‘pensamiento’ crítico no sería posible la revolución de las clases populares, y estaría por tanto garantizada la tiranía de los oligarcas del poder.

Pretender entonces, como quiere el alcalde, la supresión de la filosofía en beneficio de cosas más ‘útiles’, no sería más que una sucia estratagema encaminada a quitarle al pueblo una herramienta indispensable en la lucha por su emancipación.

3) La respuesta paradójica

Esta tercera respuesta es paradójica porque le da la razón al alcalde, pero no por las razones que él cree. Efectivamente la ‘filosofía’ no sirve para nada, siempre y cuando se trate de la filosofía con minúscula, la moderna, la del pensamiento débil y la era ‘postmoderna’.

Esta respuesta por obvias razones no agradará mucho al filósofo moderno. Ante todo digamos que entendemos aquí por filósofo moderno a aquél que se ha desgajado de la gran tradición del realismo aristotélico-tomista, y ha ido a afiliarse a algún tipo de racionalismo, empirismo, idealismo, positivismo, existencialismo, etc.

Consideramos, como resulta obvio para el lector habitual de este blog, que apartarse de la corriente aristotélico-tomista en sus grandes tesis metafísicas, epistemológicas y éticas, solo puede ser realizado con gran daño de quien así actúa y de su ‘filosofía’, puesto que las tesis con las que llena esos vacíos provienen de alguna de las variantes del racionalismo y del empirismo, y dichas tesis están muy lejos de ser aptas, como los tomistas se han cansado ya de demostrar una y otra vez, para dicha labor de suplantación.

De manera que si en todo esto pensaba el alcalde al afirmar que la filosofía no sirve para nada a los jóvenes, tenía toda la razón, puesto que entre no poner ninguna idea en una cabeza y poner una mala idea, se debiera elegir lo primero. No obstante es realmente poco probable que estas ideas estuvieran en la cabeza del alcalde al momento de decir lo que dijo. Tuvo razón, pero no la razón que creyó tener.

4) La respuesta del filósofo clásico

Aquí cedemos la palabra a Tomás de Aquino, quien al inicio de su Suma contra los gentiles responde así a los despreciadores de la filosofía:

“El uso corriente que, según cree el Filósofo, ha de seguirse al denominar las cosas, ha querido que comúnmente se llame sabios a quienes ordenan directamente las cosas y las gobiernan bien. De aquí que, entre otras cualidades que los hombres conciben en el sabio, señala el Filósofo que le es propio el ordenar. Más la norma de orden y gobierno de cuanto se ordena a un fin se debe tomar del mismo fin; porque en tanto una cosa está perfectamente dispuesta en cuanto se ordena convenientemente a su propio fin, pues el fin es el bien propio de cada ser. De donde vemos que en las artes, una, a la que atañe el fin, es como la reina y gobernadora de las demás: tal cual la medicina impera y ordena a la farmacia, porque la salud, acerca de la cual versa la medicina, es el fin de todas las drogas confeccionadas en farmacia. Y lo mismo sucede con el arte de gobernar respecto de la arquitectura naval, y con el militar respecto de la caballería, y de todas las otras armas. Las artes que son como principales y que imperan a las otras se llaman arquitectónicas. Por esto sus artífices, llamados arquitectos, reclaman el nombre de sabios. Mas como dichos artífices se ocupan de los fines de ciertas cosas particulares y no llegan al fin universal de todo ser, se llaman sabios en esta o en otra cosa. En este sentido se dice en la primera Epístola a los de Corinto: Como sabio arquitecto puse los cimientos. En cambio, se reserva el nombre de sabio con todo su sentido únicamente para aquellos que se ocupan del fin universal, principio también de todos los seres. Y así, según el Filósofo, es propio del sabio considerar las causas más altas.

Mas el fin de cada uno de los seres es el intentado por su primer hacedor o motor. Y el primer hacedor o motor del universo, como más adelante se dirá, es el entendimiento. El último fin del universo es, pues, al bien del entendimiento, que es la verdad. Es razonable, en consecuencia, que la verdad sea el último fin del universo y que la sabiduría tenga como deber principal su estudio. Por esto, la Sabiduría divina encarnada declara que vino al mundo para manifestar la verdad: Yo para esto he nacido y he venido al mundo, para dar testimonio de la verdad. Y el Filósofo determina que la primera filosofía es la ciencia de la verdad, y no de cualquier verdad, sino de aquella que es origen de toda otra, de la que pertenece al primer principio del ser de todas las cosas. Por eso su verdad es principio de toda verdad, porque la disposición de las cosas respecto de la verdad es la misma que respecto al ser”.


Leonardo Rodríguez

  

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