viernes, 5 de junio de 2015

(23) Perlitas de filosofía

The pursuit of esthetic pleasure in contemplating all sorts and varieties of views and opinions, in flitting from one to another and resting in none, in passing through life without any fixed beliefs or ideals, is allowed to stifle the pursuit of truth.

La búsqueda del placer estético en la contemplación de todo tipo y variedad de puntos de vista y opiniones, el revolotear de una a otra sin descansar en ninguna, el  pasar por la vida sin ninguna creencia o ideal fijo, va encaminado a silenciar la búsqueda de la verdad.

(Texto tomado del libro "Epistemology", de P. Coffey).

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Este es uno de esos textos cristalinos que no requieren mayor comentario para ser comprendidos. Además, a pesar de provenir de un libro escrito en 1917, es decir, hace casi un siglo, su significado es de una actualidad innegable.

Y es que en efecto todos nosotros conocemos personas que son tal y como las describe el texto (incluso nosotros mismos muchas caemos en esa comodidad de no decidirnos por nada), es decir, personas que encuentran su comodidad en no tener creencias, principios, ideales definidos. O por lo menos eso es lo que creen.

Porque lo que sucede es que nunca se está en la vida sin alguna especie de filosofía que dirija o explique nuestros comportamientos. Lo que sí puede suceder es que dicha filosofía permanezca oculta, cubierta bajo un discurso de neutralidad y "mente abierta", como se suele decir hoy.

¿Cómo es esto posible? no es difícil de comprender, pues vemos que aquellas personas que van por la vida diciendo que en cuestiones de creencias, religión, moralidad, etc., son "neutrales", lo que en verdad sucede la mayoría de las veces es que sus principios y creencias sobre estas cosas son inconscientes. 

Pongamos un ejemplo. Nos viene alguien a hablar de su neutralidad en temas polémicos; nos habla de su "mente abierta" y de que no condena a nada ni a nadie, etc. Y de esta manera nos dice que va por la vida "libre" de 'dogmatismos' que solo aprisionan el corazón y la libertad humana.

Pero resulta que después cuando uno examina con más detenimiento la vida real de la persona que tales cosas afirma, lo que descubre es que, por ejemplo, es un materialista, hedonista, relativista, nihilista, subjetivista, etc, etc. De manera que no solo es falso que no siga ningún sistema de creencias, sino que por el contrario sigue varios, solo que no se ha puesto en la tarea de hacer explícitos los principios que están efectivamente dirigiendo su vida y su pensamiento de forma implícita, callada.

¡Y esto es el pan de cada día!

Por eso, cada vez que a quienes defienden principios y valores se les viene a acusar de caer en dogmatismos, en afirmaciones que solo son fruto de ideologías, etc., resulta muy eficaz hacerle ver a quien dirige tales acusaciones que él mismo a su vez está, quizá sin saberlo aún, bajo la influencia de uno o varios sistemas de pensamiento, de tal forma que su postura es también fruto de una cierta filosofía de vida, inconsciente quizá pero muy efectiva.

Lo que pasa es que ir por la vida con ese discurso de que se es abierto a las opiniones, tolerante, respetuoso de las diferencias, amante de la diversidad, etc, etc., es solo eso, un discurso que suena agradable al oído y le da a quien lo pronuncia un cierto aire de madurez y de superioridad. Cuando la verdad es que al examinar las cosas más de cerca, se descubre que tal persona está bajo la influencia de, como ya se dijo, una o incluso varias ideologías.

El autor del texto inicial incluso habla de un placer estético que se deriva de la contemplación de muchos puntos de vista, y muchos se quedan allí y no avanzan pues el placer que descubren en creerse conocedores de muchas opiniones y puntos de vista, les es suficiente. Son almas débiles incapaces de alimentos fuertes. Son similares a un adulto que se hubiera acostumbrado tanto a la comida de bebé que no pudiera digerir sino calditos y compotas.

¡No! apreciados amigos, no se puede vivir sin una determinada filosofía de vida, sin seguir una determinada norma de conducta. Podemos quizá cerrar los ojos para no ver la que estamos siguiendo, pero por más fuerte que los cerremos, eso no hará que desaparezca. Lo mejor es hacerla consciente, darnos cuenta cuál es la norma que ha estado guiando nuestros pasos y ver si se trata de una norma que me lleva a la plenitud, o me estanca en el egoísmo narcisista.


Leonardo R.



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