viernes, 5 de junio de 2015

Breves y edificantes historias marianas

María en tu vida, en la mía, en la de todos. Ella, y siempre Ella. Porque María es Madre de misericordia, Abogada nuestra ante su divino Hijo, Omnipotencia suplicante, Medianera de todas las gracias. Lee y medita los hechos y dichos que siguen. Están tomados de la vida real. Como sus protagonistas, sé tú también devoto de la Virgen. No te arrepentirás. La devoción a María, dicen los Santos, es prenda de salvación.

García Moreno, Presidente del Ecuador

Es el rosario una serie de oraciones en honor de María, acompañadas de piadosas meditaciones de misterios de su vida y de la vida de Jesús. Se llama ROSARIO porque, entrelazadas las oraciones con las meditaciones, forman una corona de celestiales rosas que ofrecemos a Nuestra Señora, a quien aclamamos ROSA MYSTICA.

¿Y no es el rosario la devoción predilecta del fiel cristiano? Era un fiel cristiano el gran Presidente del Ecuador, García Moreno. Visitaba él un día a un grupo de irlandeses, que hizo venir de Estados Unidos a fin de que instalaran un aserradero mecánico. Y hablando familiarmente con ellos, preguntóles sobre sus costumbres religiosas y qué cantos sabían en honor de la Santísima Virgen María.

Una dulce y hermosa canción brotó entonces de labios de los buenos irlandeses, a quien García Moreno escuchaba conmovido. Y les dijo:

-¿Amáis mucho a la Santísima Virgen María?
-Mucho, con toda nuestra alma.
-Entonces nos podemos arrodillar y rezar juntos el rosario.
Y todos de rodillas, rodeando al Presidente, rezaron con gran fervor el rosario a María.

Corazón de madre

Un corazón de madre, de muchas de ellas, es un abismo de bondad. ¿Cómo será, entonces, el de Santa María?

«El corazón de María -dice el Santo Cura de Ars- es tan tierno para con nosotros, que los de todas las madres reunidas no son sino un pedazo de hielo al lado del suyo.»

En el Cielo continúa siendo Medianera. La tarea de la madre no termina mientras queden hijos suyos en la tierra. Afirma también este santo sacerdote: «Yo creo que al fin del mundo estará muy tranquila la Santísima Virgen; pero mientras dura el mundo, se la requiere por todas partes. Se parece a una madre que tiene muchos hijos: está constantemente ocupada en ir del uno al otro».

Participaba de los Dolores de María

La santa virgen Gema Galgani, decía: Vaya quien quiera a contemplar a Jesús en el Tabor, yo le contemplaré en el Calvario, acompañando a mi querida Madre Dolorosa. Por fin, cierto día, queriendo Jesús, asociarla plenamente a la Dolorosa al pie de la Cruz, mostrándosele, le dijo: «¡Gema, valor! ¡Te espero en el Calvario!» Era el 8 de junio de 1899. Oid a la Santa: 

«Al anochecer, sentí un dolor tan intenso de mis pecados, que me puso a las puertas de la muerte». Nótese que jamás cometió un solo pecado venial advertido. Prosigue la santa: 

"Al recogimiento interior, siguióle la pérdida de los sentidos. Me encontré en presencia de mi Madre celestial, la cual me dirigió estas palabras: Hija, en nombre de Jesús, tus pecados te son perdonados. Después agregó: Mi Hijo te ama mucho, y quiere concederte una gracia. ¿Te harás digna de ella? No sabía qué responder, y ella me animó, diciendo: Seré tu Madre. ¡Te portarás como mi buena hija! En el mismo instante, se apareció Jesús con sus llagas abiertas; pero, en vez de manar sangre, salían de ellas llamas de fuego, las cuales, tocando en mis manos, pies y costado, me causaron tan mortal dolor, que si mi Madre celestial no me hubiera sostenido, hubiera rodado por el suelo. Permanecí varias horas en aquella posición, cubierta con el manto de mi Madre Santísima, la cual me besó en la frente. Después desapareció todo. Al volver en mí, noté estaba en el suelo arrodillada; que las manos, pies y costado me dolían mucho; y al levantarme del suelo, vi que de las partes doloridas manaba sangre".

Desde ese día, se repetía el fenómeno periódicamente, desde la noche del jueves, como a las ocho, hasta el viernes a las tres de la tarde. Una de las personas que vio a Gema en estos éxtasis, afirmó, con juramento, que la abundancia de la sangre era tal que corría hasta el suelo. No sólo las llagas, mas todos los dolores de Jesús, quiso Dios participara esta santa virgen, asociada a la Pasión con la Madre Dolorosa.

He aquí cómo cuenta ella misma de qué modo la hizo Jesús participar de los dolores de la Coronación de espinas:

"En la noche del 19 de julio de 1900, experimenté gran recogimiento. Jesús estaba cerca. Como en otras ocasiones, al recogimiento se siguió el perder el uso de los sentidos. Me encontré con Jesús padeciendo horribles penas. ¡Cómo había de ver a Jesús, sin ayudarle! Se apoderó de mí un gran deseo de padecer con él, por lo cual, con repetidas instancias, suplique a Jesús me concediera esta gracia. Al instante fueron satisfechos mis deseos. Jesús se acercó y, quitando la corona de espinas de su cabeza, con sus manos santísimas la colocó sobre la mía, y la oprimió contra mis sienes. Momentos de dolor fueron aquellos, pero felices. Así estuve una hora sufriendo con Jesús". 

Los hechos se encargaron, dice su Director, de mostrar, que eso que narra la santa no era efecto de su imaginación, sino una viva realidad. La cabeza de Gema se veía rodeada de heridas, de las cuales brotaba sangre. Y no sólo en la circunferencia, sino en toda su cabeza, por debajo de sus cabellos.

Todas las semanas le hacía Jesús la misma gracia, uniéndola a los Dolores de María. ¡Gloria sea a Dios!

A mí me ha convertido el demonio

Gilbert K. Chésterton, ilustre escritor inglés, se hallaba escuchando un sermón de un Pastor protestante, el cual, airado, arremetía contra los católicos porque aseguraban que existía una criatura a quien el Creador debía algo.

«Y esta criatura -gritaba el cleryman- es María».

Sin poderse contener, saltó Chésterton de su asiento, exclamando: « ¡Pues es cierto! Dios debe a la Virgen el haberse hecho Hombre».

Causó sensación en la concurrencia; pero Gilbert, tranquilo a la par que entusiasmado, abandonó el templo protestante...

Después de convertido, no quiso influir en la conversión de su esposa. Esperaba que se convertiría por convicción propia, como sucedió, en efecto, al poco tiempo.

Al preguntarle sus amigos cómo se había efectuado su conversión, la señora, que tenía agudísimo sentido del humor, respondió: «A mí me ha convertido el demonio... He visto en el mundo una maldad tan monstruosa, que he comprendido que sólo un espíritu muy superior al hombre puede inspirarla (Satanás). Contraponiendo a esto la bondad, la inocencia, la pureza y todo lo bello existente, he reflexionado, he comparado y... me he encontrado con Dios. Solamente la Iglesia Católica me da la justa medida de lo uno y de lo otro». ¡Qué rabia le daría a Satanás la ironía de esta inteligente señora! Santo Tomás Moro dijo que nada hay más irritante para el espíritu orgulloso (el diablo) que el ser objeto de burla.

Cada acto de amor

Dijo el Señor a Sor Consolata Betrone: «Cada acto de amor (¡JESÚS, MARÍA, OS AMO, SALVAD ALMAS!) decide la salvación eterna de un alma y vale como reparación de mil blasfemias». Aconsejemos a nuestros amigos que hagan este acto de amor lo más frecuentemente posible.

(Texto tomado de "María en tu vida", de Fr. Antonio Corredor)


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