lunes, 8 de junio de 2015

(24) Perlitas de filosofía

Finis autem in ordine practico sese habet ut prima principia in ordine speculativo, scilicet, sicut in ordine speculativo ex primis principiis prius cognitis deducuntur scientiarum conclusiones, ita in ordine practico ex fine prius cognito deducuntur alia quae circa ea quae sunt ad finem determinanda inveniuntur.


En el orden práctico el fin es semejante en su función a los principios  en el orden especulativo. Pues así como en el orden especulativo a partir de principios conocidos con antelación se deducen las conclusiones de las ciencias, de igual forma en el orden práctico a partir del conocimiento previo del fin se deben determinar aquellas cosas relativas a lo hecho en vista del fin.

(Texto tomado de "Ethica", de Stanislao Lortie)
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El texto es un poco complejo, sobre todo para el que no está acostumbrado al lenguaje usado en la filosofía escolástica. Pero lo que el texto afirma es, en últimas, bastante claro una vez se analiza un poco.

Cuando razonamos lo que hacemos es ir de algo que ya conocemos, hacia una conclusión que era desconocida para nosotros. De manera que los conocimientos previos son, respecto de las conclusiones, como principios de los que ellas se deducen. 

Y resulta que dichos principios o conocimientos previos de los que siempre partimos, son también conclusiones de otros razonamientos anteriores, y así sucesivamente. Pero en esto no es posible ir hasta el infinito, porque entonces no habrían unos principios primeros que explicaran toda la cadena de conclusiones posteriores. 

Entonces siempre hay que llegar a unos principios primeros que no han sido demostrados por medio del razonamiento, sino que son evidentes por sí mismos, como el principio de contradicción, el de razón suficiente, el de causalidad, etc.

Lo anterior respecto del orden especulativo, es decir, el orden del conocimiento, de las ciencias.

En el orden práctico pasa entonces algo semejante. Las acciones que realizamos tienen su explicación en el fin que nos hemos propuesto. Si no existiera un fin en las acciones entones éstas serían absurdas, es decir, inexplicables, ininteligibles.

Por ejemplo: un día de tormenta, a pesar de todo, el joven se levanta de su cama y luchando contra el clima se dirige a su universidad. Si no tenemos en cuenta el fin que el estudiante persigue con esa acción, la acción no se entiende, es ininteligible. Pero cuando se nos dice que aquél día presenta su último examen, como requisito para su graduación, y se nos dice que durante los últimos 5 años el joven ha estado luchando por un título que le asegure un buen futuro, entonces la acción de levantarse de la cama en medio de la tormenta y asistir a la universidad es iluminada con la luz del fin, y se hace inteligible, comprendemos, entendemos el porqué de dicha acción.

Es por esto que en los manuales de ética siempre, o casi, el primer capítulo se dedica a explicar cuál es el fin último del ser humano, pues a partir de dicho fin se explican las determinaciones que luego se dan para la conducta, es decir, se determina qué acciones humanas conducen a dicho fin, y qué acciones apartan de él.

Se podría decir que los seres humanos se diferencian sobre todo por aquello en lo cual han puesto el fin de su vida: placer, riqueza, fama, poder, conocimiento, comodidad, virtud, santidad, etc. porque una vez se logra conocer cuál es el fin profundo que una persona ha puesto como meta de su vida, se comienzan a comprender cada una de sus acciones. En otras palabras: el fin que se persigue le da el porqué a las acciones que se realizan.

Es por eso que resulta de la mayor importancia no equivocarse en el fin que hemos escogido, porque si nos equivocamos en eso, nos equivocaremos en todo lo que hagamos después.

Decían los antiguos "In omnia respice finem", en todas las cosas ten presente el fin.


Leonardo R.


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