viernes, 15 de mayo de 2015

Carta abierta a la Conferencia Episcopal Colombiana

Señores,
Conferencia episcopal colombiana


El día de ayer mayo 14 de 2015, Monseñor Juan Vicente Córdoba fue noticia nacional a causa de unas declaraciones suyas, al parecer dadas en el marco de un foro con la comunidad LGBT. Dichas declaraciones, entre otras, contienen la siguiente frase que a la luz de lo enseñado por el Catecismo de la Iglesia Católica en el numeral 2148, se constituyen en verdaderas blasfemias públicas:

"No sabemos si alguno de los discípulos de nuestro señor era mariconcito, no sabemos si María Magadalena era lesbiana, no sabemos, parece que no, porque bastantes pasaron por sus piernas".

Señores de la Conferencia episcopal:

¿Es ese lenguaje de un católico?
¿Es ese lenguaje de un miembro del clero?
¿Es ese lenguaje de un Monseñor?

Quisiera expresar mi profunda consternación por el lenguaje bajo, vulgar, blasfemo y abiertamente ofensivo utilizado por Juan Vicente Córdoba en sus declaraciones. La imagen del clero, de la iglesia, de los fieles en general ha sido golpeada y hoy somos el hazmerreír del país por culpa de unas declaraciones completamente salidas de tono del monseñor.

Sin entrar a juzgar intenciones espero que al menos las palabras (blasfemas según el catecismo) del monseñor no sean motivadas por un deseo humano de caer bien, agradar, hablar de forma políticamente correcta, etc. Porque en ese caso estaríamos hablando de una verdadera traición a su deber de pastor, con la única intención de agradar al lobo.

Señores, si la blasfemia aún es pecado, y supongo que lo es, puesto que en el canon 1369 del Código de derecho canónico se pide, para quien en ella incurre, que sea “castigado con una pena justa”, lo mínimo que uno esperaría es que el monseñor salga a ofrecer disculpas y retractación pública, así como pública fue su blasfemia. 

De otra manera estaríamos asistiendo a la autorización por parte de la jerarquía del derecho a la blasfemia, y ya nadaríamos entonces en aguas bastante lejanas del catolicismo.

Que el monseñor recapacite sobre el daño que ha hecho y pida disculpas, o de no ser así, por favor informen a la opinión pública que blasfemar YA NO ES PECADO.

Cordialmente,

Leonardo Rodríguez

2 comentarios:

Raúl Miguel dijo...

Muy etsimado amigo. Acompaño con mi firma su carta. Lamentablemente, no se puede esperar nada de esta jerarquía oficiosa que usurpa los cargos que, una vez, estuvieron bajo verdaderos obispos y verdaderos sacerdotes.
El problema del lenguaje vulgar y bajo de este señor, no es el lenguaje en sí, sino lo que ese lenguaje está representando: la absoluta y total falta de fe católica.

En Jesucristo, Señor Nuestro,
Raúl Amado

Quidam dijo...

Estimado Raúl,

Vivimos tiempos lamentables y a veces se hace difícil distinguir la verdad del error. Afortunadamente existen sujetos como monseñor Córdoba, que nos ayudan a aclarar ideas y a saber a qué fuentes debemos acudir si aún queremos beber agua viva.

Gracias por su amable comentario.