lunes, 25 de mayo de 2015

(8) Perlitas de filosofía


Intellectus agens est facultas immaterialis animae qua quidditas rei materialis fit actu intelligibilis.

El intelecto agente es una facultad inmaterial del alma, por medio de la cual la esencia de lo material se hace inteligible en acto.

Proprium intellectus agentis non est intelligere, sed facere intelligibile actu id quod est intelligibile in potentia tantum.

Lo propio del intelecto agente no es entender, sino hacer inteligible en acto aquello que es inteligible solo en potencia.

Quidditas autem rei materialis, prout existit extra intellectum, non est actu intelligibilis, sed in potentia tantum.

La esencia de lo material, en cuanto existe fuera del intelecto, no es inteligible en acto, sino solo en potencia.

Facultas cognoscitiva est potentia passiva, scilicet, potentia quae nata est recipere actionem objecti sui.

La facultad cognoscitiva es potencia pasiva, es decir, potencia que está diseñada para recibir la acción de su objeto.


Aliquid ergo dicitur actu cognoscibile, secundum quod de se potest agere in facultatem cognoscitivam et ipsam determinare ad cognoscendum.

Se dice que algo es cognoscible en acto, e la medida en que por sí mismo puede obrar sobre la facultad cognoscitiva y determinarla hacia el conocimiento.

Jamvero intellectus est facultas immaterialis, et materiale non potest agere in immateriale, deest enim proportio inter utrumque.

En efecto, el intelecto es una facultad inmaterial, y lo material no puede obrar sobre lo inmaterial, pues no hay proporción entre ambas cosas.


Ergo aliquid dicitur actu intelligibile secundum quod separatur a materia, qua separatione ad immaterialitatem accedit.

Por tanto, algo se dice inteligible en acto según que se encuentra separado de la materia, separación por medio de la cual accede a lo inmaterial.

Phantasma enim repraesentat rem sensibilem singularem, ideoque quidditatem rei sensibilis conditionibus materialibus subjectam.

El fantasma representa lo sensible y singular, es decir, la esencia de las cosas sensibles en cuanto sujetas a las condiciones materiales.

Ergo quidditas rei materialis, prout existit extra intellectum, sive in rerum natura, sive in phantasia, cum sit conditionibus materialibus subjecta, non potest agere in intellectum, et non est actu intelligibilis.

Por tanto, la esencia de lo material, en cuanto está fuera del intelecto, ya sea en las cosas naturales, o en la fantasía (que es un sentido interno), como quiera que está sujeta a las condiciones materiales, no puede obrar sobre el intelecto, no es inteligible en acto.
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Una de las doctrinas tradicionales sobre el conocimiento, que más ha dado de qué hablar, es aquella que divide el funcionamiento del intelecto humano en dos potencias distintas: intelecto agente e intelecto posible. La razón de que sea necesario postular esta división es la siguiente.

Como se deduce de los textos latinos citados más arriba, y como se deduce además del mero sentido común, la inteligencia humana es una potencia pasiva, potencial. Esto quiere decir que en un momento no conocemos algo, y luego pasamos a conocerlo. Mediante el estudio, por ejemplo.

Si no fuera así, si nuestra facultad de conocimiento no fuera potencial sino actual, sucedería el imposible de que lo estaríamos conociéndolo todo, a toda hora, como sucede en Dios. Pero no es así. El conocimiento lo alcanzamos a lo largo del tiempo y con esfuerzo y constancia de nuestra parte. Así es como vamos con los años despertando esa potencialidad y llenando la inteligencia de conceptos, juicios y raciocinios que no teníamos antes.

Ahora bien, a diferencia de Dios o de los ángeles, los cuales por ser espíritus puros (sin materia) no requieren del recurso a los sentidos para extraer trabajosamente los conceptos, los seres humanos sí debemos recurrir con humildad a los sentidos para tener ese primer contacto con lo real, contacto que nos asegura contra todo subjetivismo, puesto que nos habla directamente de la existencia de algo distinto de nosotros mismos, de un mundo del cual parte nuestra ciencia. Un mundo que no creamos, sino que está ahí.

Ahora bien, resulta que ese mundo que es el campo de nuestro conocimiento, nuestro punto de partida, está compuesto de multitud de individuos concretos, materiales y singulares. Y en cambio, nuestra inteligencia es inmaterial. ¿Cómo algo material puede ejercer su acción sobre algo inmaterial? La única manera es que eso que es individual y concreto, de alguna manera se desmaterialice, se desprenda de esas condiciones materiales y pase de ser sensible en acto e inteligible en potencia, a ser inteligible en acto y poder así ejercer influencia sobre el intelecto. Hay que recordar que el intelecto es potencia pasiva que requiere de la acción de su objeto para poder ejercer su operación propia.

Pues bien, esta desmaterialización comienza en los sentidos, los cuales reciben la cosa que conocen, sin sus condiciones físicas, como ya se dijo en la anterior “Perlita”. Este proceso es una primera desmaterialización, pero no es una desmaterialización completa aún. Puesto que la imagen que posemos de las cosas exteriores, está aún revestida de sus condiciones materiales, lo cual es comprobable mediante el ejercicio de recordar o imaginar cualquier cosa que hayamos conocido antes, siempre vendrá a nuestra imaginación una cosa con características físicas concretas: es imposible imaginar algo abstracto.

Para que se de esa completa desmaterialización del objeto conocido, es decir, para que aquello que en las cosas concretas estaba como materializado e individualizado pueda hacerse totalmente inteligible y por tanto pueda actuar sobre el entendimiento para provocar el conocimiento, es de todo punto necesario aceptar la existencia de una facultad distinta de los sentidos, inmaterial, cuya tarea consista en llevar a cabo esta última desmaterialización. Y esa es la tarea del intelecto agente.

El intelecto agente no conoce, sino que su labor consiste en una especie de iluminación. De la misma madera que la luz material obra sobre los cuerpos y los hace visibles en acto (como cuando entramos a una habitación que está oscura, pero en la que sabemos que hay varias cosas guardadas, encendemos la luz y de repente todos esos objetos que ya estaban allí, pero que no eran aún visibles en acto sino solo en potencia, son hechos visibles en acto por la luz del bombillo que ilumina la habitación). De igual manera el intelecto agente es una facultad no potencial, sino actual, es una luz intelectual siempre en acto de iluminar. Como si dijéramos un bombillo siempre encendido.

Este intelecto agente obra sobre el fantasma (en lenguaje tomista se llama fantasma al producto de los sentidos internos, es decir, a lo que va quedando ya como resultado de las múltiples experiencias sensibles que se van teniendo sobre un mismo objeto), fantasma que es aún representante de algo concreto, e ilumina en él aquellos aspectos inteligibles, quiditativos o esenciales, dejando de lado sus características singulares. Razón por la cual se dice que la tarea del intelecto agente es abstraer, porque como ya se dijo antes, abstraer no es otra cosa sino dejar de lado algunos aspectos para fijarse solo en otros. Abstraer es considerar aparte.

Una vez que se ha ejercido esta acción iluminante, abstrayente, del intelecto agente, los datos inteligibles, los valores inteligibles que se hallaban en lo material concreto extre-mental, como sumergidos en la materia, se hacen por fin inteligibles en acto. El resultado del proceso ahora es lo que se llama en lenguaje técnico ‘especie impresa’, y puede obrar sobre el intelecto posible para llevarlo a ejercer su acto propio, que es el conocimiento.

Algo a tener en cuenta: este proceso que comienza en los sentidos, con la sensación de lo concreto, y culmina en la inteligencia, con la intelección de lo abstracto; a pesar de su aparente complejidad, es un acto fugaz imposible de contabilizar en el tiempo. Esto que acabamos de explicar en pasos y niveles, es en realidad algo que ya desde niños hacemos espontánea e instantáneamente, sin siquiera percibirlo. Lo que pasa es que después, cuando reflexionamos sobre cómo es posible ese proceso que hacemos cada día, a cada momento, de forma tan natural, podemos penetrar con calma en las cosas e ir descubriendo esa maravilla que es el conocimiento humano.

Siempre he creído que sería maravilloso asistir al momento exacto de la primera aparición de una idea en la inteligencia de un niño, momento llamado ‘el despertar de la razón’. Pienso que debe ser algo así como una explosión de luz, ese momento único en el cual el infante pasa de este juguetito, aquél juguetito, el de más allá, el juguetito rojo, el verde, el grande, el pequeño, el de madera, el de plástico, etc., ese momento repito, en que asciende de todos estos que no son más que ejemplares concretos, a la idea universal de juguete, y ya no pide a sus padres ese juguetito de la vitrina en el centro comercial, sino que sin necesidad de estar viendo uno, levanta en casa su rostro hacia su madre y le dice: ¡mami, me compras un juguete, por favor! Ha de ser ese un instante de luz intelectual maravilloso.

Pero paramos aquí esta “Perlita”, demasiado extensa ya. Nos ocuparemos en una próxima oportunidad del intelecto posible.

(Los textos latinos del inicio están tomados de la obra de Estanislao Lortie)


Leonardo R.

1 comentario:

David dijo...

Excelente y clara exposición, muchas gracias.Lo que más me ha aclarado, es el observar los distintos tipos de conocer, según la escala de los seres.Dios es acto puro, en los angeles ya hay cierta potencia; y obviamente el intelecto humano necesita ser puesto en acto, no puede conocer de forma infusa como los angeles.Necesita abstraer.